Hay proyectos que desaparecen de la actualidad, pero no necesariamente del todo. Se quedan esperando a que cambien las circunstancias, a que se reabra el debate sobre la necesidad de acometerlo o a encontrar las vías de financiación que permitan sacarlo adelante.
Hace cinco años, el Ayuntamiento de Toledo, a través de la Empresa Municipal de Suelo y Vivienda (EMSV), elaboró un proyecto piloto de rehabilitación del barrio Palomarejos-Corea que pretendía abordar de manera integral la transformación de una de las zonas residenciales más necesitadas de intervención de la ciudad.
El documento, fechado en abril de 2021, no planteaba una simple operación de mantenimiento de los edificios. Hablaba de energía, accesibilidad, habitabilidad, espacio público, movilidad, empleo, participación vecinal y nuevas fórmulas de financiación y gestión.
El proyecto se preparó como Manifestación de Interés ante el Ministerio de Vivienda con la mirada puesta en los fondos europeos. Pero la dimensión de la operación era enorme y exigía también una aportación de los propietarios. La primera fase, prevista para 2021-2026, contemplaba actuar sobre 70 edificios y 1.142 viviendas, con un presupuesto de 55,9 millones de euros. El modelo financiero combinaba ayudas públicas, aportaciones de los vecinos y otras vías de financiación.
Aquella propuesta no llegó a convertirse en la actuación que pretendía ser. La inversión necesaria y la cofinanciación que debía asumir la propiedad hicieron que no se considerara viable en aquel momento. Pero el proyecto dejó una cuestión pendiente: qué hacer con Corea.
Un barrio que ya reclamaba una intervención
El diagnóstico elaborado en 2021 no dejaba la rehabilitación como una cuestión secundaria. Corea, y Palomarejos en su conjunto, figuraba entre las áreas prioritarias identificadas por el Ayuntamiento para intervenir sobre el parque residencial de Toledo.
En Corea, el problema era especialmente visible en los propios edificios. El estudio señalaba un estado de conservación deficiente y una accesibilidad muy limitada: solo el 16% de las viviendas disponía entonces de ascensor. El perfil social del barrio añadía otra dificultad: la renta media de los hogares de Corea se situaba por debajo de la media municipal y existía una presencia significativa de población mayor.

La solución que proponía aquel proyecto era ambiciosa. Se planteaba mejorar las fachadas y las envolventes de los edificios para reducir el consumo energético, instalar ascensores, hacer accesibles los portales, mejorar las condiciones de habitabilidad y retirar elementos como el amianto. También se estudiaban sistemas de energía renovable, generación fotovoltaica y una red de climatización de distrito.
Y la intervención no terminaba en la puerta de las viviendas. El proyecto incluía actuaciones en calles y plazas, iluminación, movilidad peatonal y ciclista, adaptación climática de espacios públicos y una posible comunidad energética. Incluso contemplaba medidas para generar empleo local ligado a las obras de rehabilitación.
Había, además, una pieza especialmente relevante: la puesta en marcha por parte de la EMSV de una oficina de barrio del proceso de rehabilitación que acompañara a los propietarios durante el proceso y prestara asistencia técnica, jurídica, social y administrativa.
Era una manera de asumir que rehabilitar un barrio entero no consiste únicamente en conseguir dinero para hacer obras: también hay que conseguir que cientos de propietarios puedan ponerse de acuerdo y afrontar un proceso complejo.
Cinco años de propuestas
Desde entonces, Palomarejos ha seguido formando parte de la planificación urbana de Toledo sin que lleguen a concretarse las propuestas que sobrevuelan su revitalización.
En 2021, el Ayuntamiento ya anunciaba la elaboración de un plan urbanístico para el barrio, coincidiendo con el traslado previsto del Hospital Virgen de la Salud y del Cuartel de la Guardia Civil -que no llegó a hacerse efectivo a la Peraleda- y con la necesidad de plantear nuevos usos para esos espacios.
En marzo de 2023, la entonces alcaldesa socialista Milagros Tolón presentó el proyecto 'Nuevo Palomarejos', que planteaba una transformación más amplia del barrio, con nuevas viviendas, equipamientos, corredores verdes y actuaciones de regeneración urbana.
Ese mismo año, en agosto, el nuevo equipo de Gobierno de PP y Vox ya con el alcalde 'popular' Carlos Velázquez adjudicó la redacción del Plan Especial para la Rehabilitación y Regeneración Urbana de Palomarejos-Corea, un plan del que no se ha dado cuenta hasta ahora.
Pero pasados los años, Corea y Palomarejos siguen esperando y en 2026 la discusión ha vuelto con fuerza. La asociación vecinal La Voz del Barrio ha registrado una propuesta para rehabilitar los bloques existentes, instando al Ayuntamiento y a la Junta a aprovechar los fondos europeos y el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030.
La zona está formada actualmente por 26 edificios y 569 viviendas, según la información trasladada por el Ayuntamiento. Los vecinos plantean ascensores, rehabilitación de fachadas, mejora de espacios públicos, itinerarios accesibles y adaptación de las viviendas, además de mecanismos para evitar que las obras terminen expulsando a quienes viven actualmente allí.
El planteamiento coincide con un debate que ya no es exactamente el de 2021. El concejal de Planeamiento Urbanístico, Florentino Delgado, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de demoler progresivamente los bloques y sustituirlos por nuevas edificaciones. Frente a esa alternativa, la asociación vecinal defiende conservar y rehabilitar las viviendas existentes.
Por su parte, el alcalde, Carlos Velázquez, se ha comprometido a estudiar la propuesta de rehabilitación. Para ello, ha concertado una reunión con el consejero de Fomento, Nacho Hernando, y la propia asociación vecinal el próximo mes de octubre, tal y como recogió La Tribuna de Toledo.
Nuevas leyes y ayudas
Ahora hay un nuevo escenario y cabe preguntarse si aquel proyecto de hace cinco años puede volver a mirarse con otros ojos.
Una de las diferencias está en la aprobación del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, que incorpora expresamente la rehabilitación integral de edificios residenciales, con actuaciones relacionadas con la accesibilidad, la habitabilidad y la eficiencia energética. El nuevo marco contempla también actuaciones de regeneración y renovación urbana y prevé que, cuando la rehabilitación no sea posible por razones urbanísticas, económicas, sociales, técnicas o de oportunidad, pueda optarse por la renovación mediante nueva construcción.
Es decir, el debate actual entre rehabilitar o sustituir los edificios también tiene encaje dentro de las herramientas del nuevo plan estatal.
Pero el cambio de contexto no se limita al Gobierno central. Castilla-La Mancha afronta ahora la tramitación de su propia ley de medidas urgentes para la movilización de suelo, el impulso de la vivienda y la simplificación urbanística. La norma, que el Gobierno regional prevé aprobar por el procedimiento de urgencia, pretende reunir en un único texto distintas reformas en materia de vivienda, suelo y urbanismo.
Entre las novedades que recoge el texto está la creación de los Planes de Rehabilitación Urbana, una nueva figura de planeamiento destinada a intervenir en ámbitos urbanos residenciales con situaciones de infravivienda o degradación. La futura norma también contempla mecanismos para facilitar la creación de vivienda protegida y la transformación de determinados inmuebles y parcelas públicas para ese uso.
La ley todavía está en tramitación y, por tanto, no puede presentarse como una herramienta disponible hoy para Corea. Pero sí forma parte de un contexto autonómico diferente al que existía cuando se redactó el proyecto de 2021.
Eso no significa que el proyecto diseñado hace cinco años pueda recuperarse sin más. Los costes han cambiado. También las condiciones del barrio, las ayudas disponibles y las circunstancias de sus comunidades de propietarios. El proyecto de 2021 afectaba además a un ámbito más amplio que los 26 bloques de Corea.
Por eso, la idea de recuperar la propuesta significaría volver a estudiar el barrio con las herramientas de hoy. Cuánto costaría rehabilitarlo. Qué parte podrían asumir las distintas administraciones. Qué esfuerzo correspondería a los propietarios. Cómo organizar las comunidades. Qué actuaciones son prioritarias. Y, sobre todo, si la rehabilitación permitiría mejorar los edificios sin que los vecinos que llevan décadas viviendo en Corea tengan que marcharse.













