En la pérdida de un gran periodista y, sobre todo, de una gran persona; en medio de este dolor y este profundo sentimiento de injusticia, te despedimos con una sola misión: recordarte para siempre
Todo el periodismo castellanomanchego llora la pérdida de Álvaro de la Paz. No es casualidad. Además de ser un resiliente profesional, Alvarito era una persona profundamente buena. ¡Qué cualidad más extraordinaria en medio de tanto cinismo! ¡Con cuánta facilidad olvidamos lo importante que es para ejercer de periodista, para llevar a cabo esta responsabilidad social tan crucial para nuestra democracia!
Qué bien lo hacías, Álvaro, macho. Qué tristeza tu pérdida. Qué frustración más grande tener que despedirte de forma tan temprana. Compañeros y compañeras rotas de dolor, y una profunda sensación de injusticia, de un destino equivocado. Una profesión entera volcada en intentar acompañar a tus seres más queridos en un giro que no desvío producirse nunca. A tu pequeña hija, a tu mujer, a tus padres, a tus amigos. A tu pueblo, porque no olvidamos de dónde venimos.
Siempre una buena palabra, una broma, una risa, un comentario inteligente. Siempre un consuelo tenerte al lado en un banco, dándole a la tecla furiosamente en la misma sala de prensa, siempre con una sonrisa. “No soy capaz de alejarme. Siempre vuelvo”, dijiste. Más de una vez.
Desde ahora, lo que nos queda es tu recuerdo y esa misión será la nuestra. La de siempre tenerte presente entre nosotros; en esta gran familia que crea el periodismo, irremediablemente. Esta profesión de la que no siempre puedes alejarte (y mira que el profesorado tiene mejores horarios y mejores sueldos, Álvaro, alhaja). Porque nunca te olvidaremos y es lo menos que podemos hacer por ti. Hasta siempre, compañero, descansa en paz.










