Entrar sin comprar

Celebramos al escritor, fotografiamos al premiado y dejamos en segundo plano a quien ayuda a un lector a encontrar su próxima lectura. Como si la cultura empezara en la firma y terminara en la venta

Toledo ha dedicado la biblioteca de Buenavista a Antonio Casado Poyales. Merecido. Poner el nombre de un bibliotecario permite recordar algo que suele quedar fuera de los discursos: los libros aún necesitan a alguien que los acerque. Celebramos al escritor, fotografiamos al premiado y dejamos en segundo plano a quien ayuda a un lector a encontrar su próxima lectura. Como si la cultura empezara en la firma y terminara en la venta. Una biblioteca desmiente esa contabilidad. Allí se puede entrar sin comprar, quedarse sin consumir y llevarse un libro que el sueldo no permite adquirir. En una ciudad que cobra por tantas experiencias, esa puerta abierta tiene una fuerza política que conviene defender. El homenaje merece continuidad en personal, horarios y fondos. También por nuestra parte: ¿cuándo entramos por última vez en la biblioteca del barrio? Resulta cómodo lamentar que se lee poco mientras pasamos de largo. El nombre ya está. Ahora hace falta que nosotros crucemos la puerta de la biblioteca.

 

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