Hacía muchos años que queríamos llevar nuestra música, la de Ethnos Atramo, al Festival Celestina, en La Puebla de Montalbán. Este agosto, lo logramos y lo hicimos al son de “Cancionero Nómada”, una cuidada selección de canciones que pertenecen a las llamadas “Músicas del Mundo” cantadas, además, en sus idiomas nativos y que fue nominada a los XXXIII Premios Teatro de Rojas en la categoría de Mejor Espectáculo de Compañía de Castilla-La Mancha. De los diferentes programas de concierto que ofrecimos cuando enviamos nuestra propuesta musical, este fue el elegido por la organización del evento para clausurarlo por todo lo alto.
Habíamos estado antes en el pueblo, hace mucho tiempo, y recordábamos algunas de sus calles, de sus travesías, tan cambiadas ahora. Entusiasmados por cuanto nos rodeaba, recorrimos la preciosa Plaza Mayor con su iglesia al fondo como silente escolta, cuya fachada fue testigo de nuestro concierto iluminada por mil bombillas que proyectaban imágenes sugerentes, evocadoras y bohemias.
Llegamos a media tarde, en pleno apogeo de visitantes que abarrotaban la localidad seducidos por la gran cantidad de actividades, representaciones, espacios abiertos, teatros, museos y, en definitiva, por la cultura de calidad que rebosaba en cada rincón del encantador laberinto en el que se había transformado el municipio toledano.
Un pasacalle medieval nos acompañó hasta la mencionada Plaza Mayor, donde nos esperaba el escenario. Tambores y gaitas sonaban a lo lejos, pero, los sentimos tan cercanos, tan familiares, como si, de algún modo, hubiéramos viajado a través de los siglos hacia el pasado y formáramos parte del elenco que Fernando de Rojas inventó en su libro de manera magistral.
Vimos actores y actrices caracterizados con mimo; contemplamos el periplo de transeúntes que desaparecían en las entrañas de cuevas de leyenda; nos deleitamos ante los puestos de comida y de artesanía que nos trasladaron a un zoco imaginario al que siempre quisimos pertenecer; encontramos por doquier personas dedicadas en cuerpo y alma a llevar adelante un proyecto que, poco a poco, se ha convertido en un referente y es, ya, un Bien de Interés Turístico Regional ubicado con primor entre edificios que ostentan con gallardía otro título importante: el de Bienes de Interés Cultural.
Bajo un cielo despejado y con la luna alta, un cicerone entregado, en este caso Pablo Justo, coordinador del festival, nos llevó de la mano hasta colocarnos delante de un público expectante, amable, generoso y exigente. En la plaza no cabía ni un alfiler, hecho que espoleaba nuestra vocación de músicos. Esperamos impacientes a que la
directora del festival, María Elena Diardes, el concejal de cultura, David Martín, y la alcaldesa, Soledad de Frutos, tomaran el micrófono para felicitar a los colaboradores, algunos de ellos voluntarios, por su buen hacer, por su implicación, por su ayuda, y, también, para despedir la celebración de “XXVIII Festival Celestina. La España de Rojas”, como se merecía tras varios días de absoluta devoción por la literatura, el teatro, la poesía, la música y otras disciplinas artísticas.
Las luces se apagaron alrededor de la plaza pero los técnicos de iluminación mantuvieron el encendido de la tarima donde aguardaban nuestros instrumentos. Entonces, nos llegó el turno de hacer una aportación, por fin, al espectáculo que año tras año va ganando adeptos y escalando posiciones para convertirse en una celebración de alcance nacional.
Tomamos asiento, respiramos profundamente y dejamos que nos guiara la magia de la música con el objetivo de llegar al corazón de la audiencia que disfrutó de ella casi tanto como nosotros de sus aplausos.
Momentos vividos que se grabaron en nuestra memoria y nos contaron que hay sitio de sobra para la cultura en esta extensa y bella provincia que es la nuestra, la que nos habla de un patrimonio heredado por derecho y de una idiosincrasia original que define el carácter estoico y afable de sus gentes.














