El asesinato de Mari Carmen, de la vivienda, la convivencia y la salud

A Maricarmen no podemos resucitarla, solo nos queda llorar por ella. Pero sí se pueden evitar otras muertes silenciosas por la vivienda, se puede repensar nuestra lógica de convivencia y se puede relanzar un buen sistema de salud donde la sanación del enfermo esté en el centro

Ayer murió Mari Carmen, o más bien la mataron.

La mató un sistema que prioriza la rentabilidad económica de unos pocos a la vida de muchos; la mató un marco donde las injusticias y el sinsentido se han convertido en norma y donde nos han querido hacer creer que tener una vivienda digna es un lujo que sólo algunos deben permitirse; la mató una ceguera política que mira para otro lado ante los problemas reales de la población; la mató la codicia y egoísmo de unos, y la incapacidad y dejadez de otros; la mató la pasividad de casi todos. Por ella y por otros que llevan muriendo lenta y silenciosamente durante años penando por no tener un techo donde caerse ni vivo ni muerto, por los que siguen y para dotar a este país de un futuro mejor, se acampan los jóvenes en Sol y en otras capitales de España. Por ellos y por todos hoy han salido miles de personas a gritar su impotencia ante una muerte que podría haberse evitado y ante un sistema que podría cambiarse si los responsable del mismo quisieran.

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Solo hace falta otro marco legislativo, otra política de vivienda, priorizar a las personas e invertir en ellas.

Frente a este y otros asesinatos que está produciendo este sistema que hemos ido creando, permitiendo y fomentando, nos encontramos con un titular del líder de la derecha que nos quiere defender diciendo que “no permitirá la manipulación emocional de los ciudadanos”. Vergüenza es lo que siento al leerla. Vergonzosa es esta frase de quienes intentan manipular a diario con tantos asuntos, pero el colmo el colmo absoluto es que reduzca la sensación de desamparo y de rabia que han sentido miles de ciudadanos en este proceso a mera una manipulación. La movilización tiene su origen en la rabia y la decepción.

Por mucho que repita su mentira, no dejará de ser mentira. Pero ojo, que sus mensajes no caen en saco roto, ya tiene esbirros que se ocupan de hacerlos digeribles y que terminen calando en la población.

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Y así vamos. Ayer mataron a Maricarmen. Ayer también iba por la calle y tuve que escuchar cómo ante el gesto de tira una botella al suelo de una mujer magrebí, una chica joven le dijo bien alto a otra mujer que pasaba por allí: "Mírala, y hay que dejarla hacer porque como es marroquí", mientras la otra señora asentía. Toma soflama xenófoba que lanza en alto sin vergüenza alguna y la otra la recibe con normalidad. No pude evitar sorprenderme también en alto y mostrar mi sorpresa ante la frase. Pues a ambas les costó entender que mi defensa no era por el gesto, que no está bien tirar una botella al suelo haga quien lo haga, sino por mensaje de incluir a todo un colectivo en el saco de poco cívicos por el hecho de ser extranjeros, y encima la mentira de que están especialmente protegidos. Normalizar estos mensajes es abonar para que crezca fuerte el racismo y la xenofobia. Pues es lo que hay. A fuerza de oír y ver mensajes de ese estilo, en la calle surgen como setas y aquí lo tenemos, normalizados.

Ayer también me pasó que fui al médico del centro de salud del barrio de Toledo donde resido y me topé de bruces con un sistema asesino ilustrado en la frase de mi médico: "Hace años que el sistema público de salud no funciona", "yo no recomiendo que nadie se cambie del sistema privado al público", mientras impasible como una piedra me explicaba que el plazo para que un otorrino te vea en preferente está en dos años, y me recetaba lo que consideraba que tenía que tomar sin haberme mirado más que a la cara. De dos cosas que me recetó una no servía para lo que yo tengo y se le olvidaba mencionarme el resultado de unos análisis pendientes que muestran un fuerte desequilibrio orgánico. Todo bien, total solo estamos hablando de la salud y la vida.

Qué tienen en común Mari Carmen, los valores de convivencia y el buen funcionamiento del sistema público de salud. Que todos ellos han muerto asesinados. Y ayer fui testigo de su muerte en cadena.

Maricarmen, la paz social y la utilidad del sistema público de salud. Descansen en paz.

A Maricarmen no podemos resucitarla, solo nos queda llorar por ella. Pero sí se pueden evitar otras muertes silenciosas por la vivienda, se puede repensar nuestra lógica de convivencia y se puede relanzar un buen sistema de salud donde la sanación del enfermo esté en el centro.

Por ahora solo nos queda llorar. Por ahora solo nos queda declarar el luto por Maricarmen, y vivir el duelo del resto de pérdidas como llevamos haciendo los últimos años, cada uno como puede.

Descanse Maricarmen en paz, la que le quitaron los últimos años, la que nos están arrebatando con discursos y gestiones tan perniciosas para todos.

¿Quiénes son los asesinos? Señalar con el dedo siempre fue de mala educación, pero si frente a la violencia que estamos viviendo es de los pocos recursos que tenemos, habrá que utilizarlo en legítima defensa. En otro momento y lugar.

Hoy toca llorar la pérdida.

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