Distopía veraniega (máxima): lazo negro ante las llamas

Todavía se atreven a decir algunos con un micrófono delante que esto de los incendios, la mayor masacre forestal en la historia de nuestro país, no tiene nada que ver con el cambio climático. Nos lo dicen mientras no se le cae la gota de sudor entre ola extrema de calor y ola más extrema aún porque sus declaraciones las hace bajo el aire acondicionado

Lo vivido estos días es un drama. Así lo siento, así lo expreso. Lo siento en el alma y mando mis condolencias a todas las personas afectadas en esta tragedia.

Este verano quise dedicar una saga de distopías para plasmar en negro sobre blanco la extrañeza que me generan situaciones que vamos viviendo con relativa normalidad. Jamás imaginé esto. Estas semanas han sido especialmente excepcionales.

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Cuando en julio la selección española ganó el mundial pensé escribir un artículo de utopía veraniega. Por fin una gran buena noticia, porque ganar este mundial de fútbol estuvo lejos de ser solo fútbol. Que lo ganara esta selección, a pesar de las críticas, desde la humildad, el compañerismo y el esfuerzo de sus jugadores y entrenador -recomiendo a quien no la haya visto la serie documental Denominación de origen donde se aprecian estos valores que impregnan a esta roja- ; que lo ganara en EEUU, cuyo presidente no nos ha podido repudiar más; que aquel que se sintiera ofendido con nuestros colores, ha dicho de todo y nada bueno de España, buscara hacerse la foto protagonista con ellos; que lo ganara de manera épica, con goles anulados, faltas no pitadas y un contrincante que parecía haber sido poseído por el espíritu motosierra de Milei; y simplemente que lo ganara. Todo ello ha sido un verdadero acontecimiento, una utopía inesperada, un oasis dentro de las distopías que nos rodean.

La alegría nos duró un día. Llegaron nuestros jugadores, nuestros héroes, les recibimos en Madrid como lo que eran, aunque con elementos chocantes, a ritmo de Nino Bravo, no entendí la elección de la música, con unos presentadores jovencísimos pero que aportaban cero frescura, de hecho parecían salidos de los Gran Prix veraniegos, y la extraña presencia de un influencer en el escenario que en ningún momento se entiende qué pinta ahí. Con cero discurso, vacío, nada épico. Me dejó algo fría esta recepción con más blanco que rojo y vaciada de contenido, dada la cantidad de elementos a celebrar y exaltar. Cosas del protocolo, supongo. Sea como fuere, fue fiesta y celebración.

Pero esta pompa estalló rápido. A los pocos días, la tarde del 22 de julio, los indicadores de la NASA marcaban anomalías térmicas en Burgohondo. Un incendio. Saltan las alarmas y se desencadena la tragedia. Los incendios comienzan a sucederse y terminan uniéndose en una zona de especial belleza, especialmente apreciada y valorada por todo ser vivo que por allí ha tenido la suerte de pasar o residir, personas, fauna y flora. A la ladera de Gredos, esa cadena montañosa que la naturaleza nos regaló a todo el entorno, se podía disfrutar de un paraíso de verdor. Era fuente de paz, oxígeno y vida para quienes allí vivían y para quienes de vez en cuando podíamos escaparnos a esos campos. Personalmente, una parte de mi infancia reside en ese entorno. Ese entorno que fue verde, y ahora es negro, ceniza. Miles de hectáreas de árboles, casas, animales, destruidas por el fuego. Todo muerto.

La tierra volverá a ser fértil, algún día. Pero hoy toca llorar lo perdido, y mientras, levantarse y seguir. Esta tremenda masacre la he vivido en la distancia. No estaba en Toledo cuando se iniciaron los incendios. Me iban llegando noticias de los medios, de familia y amigos sobre la sensación en Toledo, Madrid y Ávila. Pero no ha sido hasta que he vuelto a esta zona cuando se me ha caído el alma a los pies. El día de retorno el humo nos acompañó por la carretera desde la altura de Albacete. Al llegar a Madrid, el sol no se veía, se imaginaba tras lo que un día caluroso de verano podría haber sido calima, pero el olor nos recordaba que era humo. La llegada a Toledo no fue mejor. Además del humo, el sol solo se intuía, al bajar la ventanilla la sensación era como la de estar dentro de un horno de leña. En eso estamos, en un horno de leña, en un crematorio. Y nos estamos quemando, achicharrando, matando.

Se habla de un pacto de Estado, qué menos. No creo que llegue. El calendario electoral manda, y el año que viene hay importantes encuentros, por fin votamos los ciudadanos. Si llevamos tres años de insultos, bulos, polarización, manipulaciones y exageraciones para hacer ver que el gobierno es el culpable de todos los males, el presidente ha pasado de ser una fruta a un perro, los tribunales y medios a su alcance no se han podido instrumentalizar más, las redes con sus bots han echado humo de bulo tras otro, el feminismo se ha defenestrado y las tradiciones más casposas se han vendido como súper cool, quédate sentado porque el año que nos espera apunta maneras. Como para llegar a un pacto.

Por otro lado, todavía se atreven a decir algunos con un micrófono delante que esto de los incendios, la mayor masacre forestal en la historia de nuestro país, no tiene nada que ver con el cambio climático. Nos lo dicen mientras no se le cae la gota de sudor entre ola extrema de calor y ola más extrema aún porque sus declaraciones las hace bajo el aire acondicionado. ¿Se puede estar más ciego? ¿Se puede ser más irresponsable? ¿Dan premio al más tonto? Tonto, sí. Detesto los insultos en los medios, pero ante esto, no tengo otro nombre. Si se lo escuchara decir a mis hijos o a un alumno, se lo diría igual: deja de decir tonterías. Piensa antes de hablar, por favor. Y esta gente tiene una responsabilidad pública. ¿Alguien les puede decir que tengan cuidado con lo que expresan ante los micrófonos? Hay gente que les sigue, confían en ellos y se creen sus palabras. Miedito me dan sus hechos, si sus palabras públicas son tan temerarias. Ojalá, por favor, ojalá, esta gente tan incompetente no llegue a gobernarnos algún día. Para echarse a temblar porque siempre se puede ir a mejor, pero desgraciadamente también a peor. Pero obviemos esas voces.

Hoy estamos de luto. Con tanta pérdida el duelo pinta que será largo. Por favor, no nos distorsionen con sus mezquindades.

El cambio climático está encima. España va camino de ser un desierto como no hagamos algo, la naturaleza nos lo está gritando de todas las formas posibles. Quienes no lo vean, al menos que no hagan ruido público ni lancen teorías absurdas y vergonzosas como que el gobierno ha iniciado incendios en las comunidades gobernadas por el PP, sólo escribirlo me da vergüenza ajena, quién ha podido difundir este bulo y en qué punto estamos para que haya gente que se lo crea.

Déjennos llorar tranquilos y el que tenga fuerza para hacer algo para mejorar esta situación, ánimo. Pero por favor, quienes ven en esto algo normal, cosas que pasan, que se callen. Que dejen llorar y estar tranquila a la población, y trabajar por el bien común a aquellos que puedan. Mientras escribo estas palabras escucho el sonido de los helicópteros pasar, llevan toda la mañana yendo y viniendo. Entre tanto, tenemos unos bomberos forestales sin contrato o contratados como conductores o técnicos de mantenimiento. Este artículo iba a ser breve, pero faltan palabras, o quizás la realidad es tan abrumadora que sobran.

Mi más sentido pésame y ánimo.

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