¿Te molesta la pobreza o te molestan los pobres? Conviene aclararlo antes de presumir de solidaridad. Una encuesta de Aporolab revela que el 50,4 % de los españoles cree que las personas pobres tienden a acomodarse y depender de las ayudas. Ese recelo tiene nombre: aporofobia. El rechazo al pobre se practica sin insultos, fiscalizando su café, su móvil o su derecho a descansar. Queremos que demuestre hambre, gratitud y obediencia. Si sonríe, exageraba su miseria; si reclama, exige demasiado. ¿Cuántas privaciones debe exhibir para que dejemos de tratarlo como sospechoso? Nosotros llamamos contactos a nuestras ventajas y paguitas a sus ayudas. Defendemos el mérito sin enseñar la herencia, el apellido o la puerta que alguien nos abrió. Así la pobreza acaba sentada en el banquillo y nuestra comodidad queda libre de preguntas. La aporofobia empieza también cuando aceptamos ayudar a alguien siempre que siga por debajo. ¿Quieres que salga de la pobreza o que nunca llegue a sentarse a tu mesa?






