
Manifestación convocada por la Plataforma 8M Toledo en Zocodover / Foto: Alberto López Ramos
Se acerca el día internacional de la mujer, estamos de enhorabuena. Seremos muchas las que nos vestiremos de morado, pintaremos pancartas y gritaremos proclamas a mansalva en la manifestación. Algunas menos después nos juntaremos para tomar algo, que los tiempos son los que son y bastante que los niños se hayan quedado sin extraescolares porque la mami quiera ir a la manifestación esta de todos los años.
Tras la manifestación en la que muchas nos vestiremos de morado y gritaremos proclamas varias, tocará volver a casa: duchas, cenas, contar cuentos. Por la mañana habremos trabajado fuera de casa, y al día siguiente habrá que seguir trabajando, dentro y fuera, así que habrá que medir fuerzas.
Está también el quebradero de cabeza de la elección de la manifestación. Menudo mareo, a la primera o a la segunda. Será como el año pasado, una detrás de otra, con el mismo itinerario, de la Vega a Zocodover, a poco menos de 30 minutos de distancia. ¿Y no reclamamos lo mismo? Sí, pero a ver con distintas cabeceras y matices que mira si serán importantes que oye, no podemos ir juntas. Se leerán dos discursos de protesta para reclamar unidad en la lucha.
Juntas pero separadas. La vida es que está llena de incoherencias. Pero ese día algunas llaman especialmente la atención, y no se acaban aquí. En la manifestación estará un nosotras compuesto sobre todo por muchas mujeres, aunque afortunadamente también nos acompañarán en ese nosotras varios hombres. Y menos mal, porque esto del feminismo es cosa de todas para todas, con más igualdad de trato y menos violencias por razón de sexo ganamos toda la sociedad, si retrocedemos perdemos también todas. Por suerte hay muchas personas que así lo entienden. Pero ojo que en esto también hay confusión.
Porque entre las filas habrá hombres apoyando las proclamas feministas que harán por quedarse esa tarde con los niños para que su pareja mujer pueda celebrar su día brindando por ser mujer a pesar de los pesares históricos que aún arrastramos. Habrá hombres que son compañeros y padres y en el día a día ejercen como tales junto a su pareja para que ambos puedan desarrollarse plenamente, hombres que en la rutina del día a día vuelcan su tiempo en el cuidado compartido de una casa y/o unos hijos comunes, que asumen la responsabilidad educativa que les compete y están atentos en el bienestar y desarrollo cognitivo, emocional y nutricional de sus hijos, que se preocupan por los hábitos que van adquiriendo, que velan por la creación y consecución de unas reglas de convivencia en la familia que facilite el día a día de todos. Que entienden que la palabra pareja y padre implican un compromiso y un trabajo diario y constante.
Habrá hombres así en la manifestación, y los habrá fuera de ella, que decidan descansar de su agotador ritmo cotidiano mientras la mujer y los hijos se van a disfrutar de la manifestación. Después ya se ocupará él de los niños mientras la mujer continúa la celebración de su día. Otros muchos hombres ni se enterarán de que el 8 de marzo, Día internacional de la mujer, en Toledo se celebran por la tarde varias manifestaciones. Y no pocos si se enteran, considerarán que no va con ellos. De estos no faltarán quienes piensen, “mira que son pesadas, ya están
con lo mismo” “pero de qué se quejan”. Por último, y este es el grupo más difícil de identificar y por tanto de tratar, no faltarán aquellos que se planten en la manifestación, mientras su mujer está llevando a los niños a las extraescolares, va preparando la cena para que todo esté listo y cuando lleguen se duchen, cenen y a dormir, o hasta hará un esfuerzo extra para leer el cuento ya estresada y agotada de la vida. Él llegará tarde porque se quedará celebrando el día de la mujer con las amigas, como buen feminista que es. Soltará un par de frases políticamente correctas, unidas a otro par políticamente incorrectas para equilibrar. La parte de la acción se la reserva a su pareja que es la que compra, cocina, organiza la ropa, los armarios, los juguetes, las lecturas, las mochilas, verifica las tareas que estén hechas, y con la energía que le queda da cariño a sus hijos. Para mantener a los niños cuidados, la que está jodida es la madre, que también es mujer, pero que con el rol de madre y trabajadora remunerada ya tiene la energía vital absorbida.
En cuanto a las mujeres muchas iremos a celebrar nuestro día después de la manifestación brindando, con nuestras propias incoherencias y silencios, por nosotras y por las que queriendo no pueden estar ahí. Por nosotras y por todas las que ni siquiera se plantean si quieren o no estar. Por nosotras y por todas las que directamente no quieren estar porque no sólo no han puesto en duda las cadenas de un patriarcado histórico que aún nos oprime en muy distintos grados, sino que las defienden. Todos los estadios son comprensibles, y es que la ceguera impuesta por el patriarcado en sus numerosas esferas de roles, sexualidad, economía, físico, social es inmensurable. Tenemos difícil no caer en sus redes.
Las incoherencias están servidas en el mundo de la desigualdad de género.
Sí, hay mucho trabajo por hacer y buena parte pasa por informar y visibilizar. Algunos de los receptores serán señoros con los que tampoco habrá mucho que hacer, perdidos en su mundo machista recalcitrante, y ahí se mantendrán de por vida. Pero otros están directamente desinformados o desinteresados en la toma de consciencia de la realidad de desequilibrios sociales en la que aún hoy las mujeres y los hombres vivimos.
Bienvenido es en este sentido el festival fem.23, que a pesar de su buena programación ha tenido desgraciadamente poca divulgación.
El 8 de marzo celebramos el día internacional de la mujer. Lo celebramos todos porque los desequilibrios que el machismo nos ha traído durante siglos a nuestras vidas solo pueden ser combatidos entre toda la sociedad. Porque son profundos y traen consigo grandes injusticias, desigualdad e infelicidad. Pero tengamos claro que la lucha que justifica ese día no se gana en la manifestación sino en cada uno de los actos con los que vamos conformando nuestra vida.
Como la Plataforma 8M en Toledo nos recuerda el Día de las Mujeres es "un punto de inflexión para coger fuerzas y seguir luchando cada día en cada pueblo, en cada plaza, en cada barrio, en cada escuela, en cada centro de trabajo".
El trabajo por hacer no es fácil, los obstáculos no son pocos y los roles y hábitos de vida y consumo, emocionales, sexuales y de autopercepción juegan en nuestra contra. Pero con más razón aún para no bajar la guardia.
Esta lucha se desarrolla todo el año en muy diversos ámbitos de nuestra vida. La coherencia en esa lucha es el único escenario posible para celebrar un 8M y evitar que se convierta en un carnaval de máscaras vacío de impacto social.