Mariano Sánchez Menor regresa a Navahermosa 83 años después de morir en una prisión franquista en Navarra

Su hijo ha podido enterrarlo por fin en el pueblo del que salió durante la Guerra Civil tras una exhumación impulsada por el Instituto Navarro de la Memoria y la Asociación Manuel Azaña

Ochenta y tres años después, Mariano Sánchez Menor ha emprendido el viaje que nunca pudo hacer en vida. Ochenta y tres años. Ese es el tiempo que ha permanecido lejos de la tierra en la que nació y de la familia que nunca dejó de buscarlo.

Murió el 25 de marzo de 1943 en el sanatorio-prisión del Fuerte de San Cristóbal, en el monte Ezkaba de Pamplona, víctima de la tuberculosis. Tenía apenas 28 años. Desde entonces permanecía enterrado en el conocido como Cementerio de las Botellas, junto a otros 131 presos republicanos, a casi 500 kilómetros de Navahermosa.

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Sus nietos, Teresa, Jesús y Pilar Sánchez Uceta, viajaron este martes hasta Pamplona para recoger a su abuelo de manos del director del Instituto Navarro de la Memoria, José Miguel Gastón. Un día después, ya en Navahermosa, fueron ellos quienes entregaron los restos a su padre, Mariano Sánchez Gómez. Fue él quien recorrió los últimos metros hasta el cementerio llevando entre sus brazos al padre que perdió siendo apenas un niño y al que nunca pudo despedir.

De Izquierda a derecha: Isabelo Herreros Martín Maestro, presidente de la Asociación Manuel Azaña; Guadalupe Menor de Gaspar Celada, UGT Toledo y colaboradora necesaria en esta tarea con nuestra asociación; Teresa, Jesús y Pilar Sánchez Uceta, nietos de Mariano Sánchez Menor; y José Miguel Gaston Aguas, Director del Instituto Navarro de Memoria, en representación del Gobierno de Navarra, en la puerta del Fuerte de San Cristóbal./Imagen cedida

La recuperación de los restos se llevó a cabo el martes en el monte Ezkaba por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, bajo la dirección de la arqueóloga Lourdes Herrasti, con la presencia del médico forense Francisco Etxeberria, asesor de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Decenas de personas siguieron en silencio el trabajo del equipo arqueológico mientras, paletín a paletín, los huesos de Mariano volvían a ver la luz por primera vez desde 1943.

La entrega tuvo lugar junto a la propia fosa y donde un txistulari -músico que toca una flauta de pico tradicional del País Vasco- hizo gala del lugar e interpretó un homenaje antes de que José Miguel Gastón hiciera entrega de los restos a la familia. En ese acto estuvieron presentes también el presidente de la Asociación Manuel Azaña, Isabelo Herreros Martín-Maestro; el responsable de investigación histórica de la entidad, Ignacio Cabello; Guadalupe Menor de Gaspar Celada, colaboradora de la asociación y miembro de UGT Toledo; además de familiares y representantes institucionales.

Un jornalero represaliado

Mariano Sánchez Menor nació en Navahermosa en 1915, hijo de Pío Sánchez y Juana Menor. Jornalero de profesión, estaba casado con Rita Gómez García y tenía un hijo cuando fue movilizado durante la Guerra Civil.

Mientras realizaba el servicio militar obligatorio, la sublevación militar de julio de 1936 le sorprendió integrado en un regimiento que permaneció fiel a la República. Resultó herido ese mismo año e ingresó en el Hospital Militar de Urgencia de Madrid.

Fue capturado por el ejército sublevado el 28 de abril de 1938 y condenado en consejo de guerra por adhesión a la rebelión a 25 años de prisión. Pasó por distintas cárceles hasta ingresar en el sanatorio-prisión del Fuerte de San Cristóbal, donde falleció de tuberculosis el 25 de marzo de 1943.

Su cuerpo fue enterrado en el llamado Cementerio de las Botellas, un lugar cuyo nombre procede de una práctica del capellán del penal: introducir en una botella de cristal un papel con la identidad de cada preso fallecido antes de cubrir la tumba. Gracias a ese sencillo gesto ha sido posible, décadas después, identificar a muchas de las víctimas de la represión franquista.

Rita Gómez, Mariano Sánchez Gómez y Mariano Sánchez Menor/ Imagen cedida

El final de una espera

La recuperación de los restos fue solicitada por Mariano hijo al Instituto Navarro de la Memoria. Y Teresa, Jesús y Pilar tomaron el relevo a su padre y acompañaron a su abuelo -que nunca conocieron- en el regreso definitivo a Toledo. Su tierra.

Mariano Sánchez Gómez llevando los restos de su padre, Mariano Sánchez Menor/ Imagen cedida

Cuando Mariano Sánchez Gómez tomó entre sus brazos los restos de su padre para recorrer los últimos metros hasta la sepultura familiar, no solo culminaba un proceso administrativo o arqueológico.

Terminaba una espera de más de ocho décadas.

Durante 83 años, Mariano Sánchez Menor permaneció enterrado lejos de los suyos. Este martes regresó al pueblo donde nació. Allí ya no lo esperaban sus padres ni su esposa. Lo esperaban un hijo, tres nietos y una familia que nunca dejó de pronunciar su nombre.

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