El puzzle de 4.000 fragmentos que puede devolver nombre a las víctimas del franquismo en Madridejos

El antropólogo forense, Víctor Barrera, habla con ToledoDiario.es y cuenta cómo es el proceso después de terminar la exhumación de una sepultura convertida en un osario

La excavación de la sepultura 60 del cuadro 13 del cementerio del Santo Ángel de la Guarda de Madridejos ya ha terminado. Ahora comienza la parte más difícil. En el laboratorio, el antropólogo forense, Víctor Barrera, trabaja con alrededor de 4.000 fragmentos óseos para intentar responder a una pregunta aparentemente sencilla, pero que en este caso requiere un complejo trabajo científico: cuántas personas hay realmente en la sepultura y qué restos pertenecen a cada una de ellas.

La intervención comenzó el pasado 29 de julio y se centra en una sepultura que no es la fosa original en la que fueron enterradas las víctimas. Los restos fueron trasladados por sus familiares a partir del 18 de febrero de 1964 desde el antiguo cementerio de San Sebastián hasta el actual cementerio del Santo Ángel de la Guarda.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Advertisement

PUBLICIDAD

Se trata de las víctimas de la denominada Saca 11, fusiladas el 31 de julio de 1939. Los trabajos actuales, impulsados a petición de familiares, buscan recuperar esos restos y avanzar en su individualización e identificación.

Durante la excavación se localizaron, entre otros materiales, zapatos de diferentes tamaños, botones, y restos de munición, entre ellos un casquillo y un proyectil. El material ha sido inventariado junto a los restos óseos recuperados.

Pero el hecho de que los cuerpos fueran trasladados y removidos hace décadas ha cambiado por completo el tipo de trabajo al que se enfrenta ahora el equipo. No es una fosa común convencional: es prácticamente un osario

"Los cuerpos estaban totalmente removidos", explica a este medio Víctor Barrera. Durante el traslado realizado en los años sesenta se produjo una reducción de los restos, de manera que los esqueletos ya no conservaban la disposición anatómica habitual de una fosa común.

Por eso, la excavación resultó relativamente rápida. No había que localizar y documentar esqueletos completos en su posición original. El problema aparece ahora, cuando hay que reconstruirlos.

En torno a 4.000 fragmentos óseos han llegado al laboratorio. Barrera insiste en una precisión importante: 4.000 restos no significan 4.000 huesos ni, mucho menos, 4.000 personas. Un mismo hueso puede haberse fragmentado en numerosas piezas, por lo que una parte fundamental del trabajo consiste precisamente en reconstruir esos fragmentos.

El procedimiento pasa por estudiar cada pieza y buscar aquellas que puedan pertenecer al mismo individuo. Para ello se utilizan diferentes criterios, entre ellos la osteometría -las dimensiones de los huesos-, la morfología y las relaciones anatómicas y biomecánicas entre las distintas piezas.

Las articulaciones son especialmente útiles porque permiten establecer asociaciones con mayor fiabilidad. El equipo comienza por las zonas anatómicas que ofrecen más información, como la pelvis y su relación con el sacro y los fémures, y continúa reconstruyendo el esqueleto. "Hay que ir uno a uno viendo qué huesos emparejan y así podríamos sacar individuos", explica Barrera.

El objetivo de esta fase es individualizar, es decir, determinar qué conjunto de restos pertenece a cada una de las personas que se encontraban en esta sepultura. Solo después, llegará el momento de intentar identificar a esas personas.

Primero, saber cuántos son; después, quiénes son

La diferencia es fundamental. La documentación histórica apunta inicialmente a 13 personas relacionadas con esta sepultura, pero el antropólogo forense advierte de que esa cifra todavía no puede darse por definitiva.

"Hasta que no se acredite el inventariado y los datos mínimos no podemos asegurar el número definitivo de individuos", señala. De hecho, durante el trabajo de laboratorio ya aparecen indicios que podrían apuntar a que hay más personas representadas de las que figuran en la documentación oficial.

Es una de las dificultades habituales de este tipo de investigaciones. Los documentos pueden recoger únicamente a quienes aparecen en los registros oficiales de las ejecuciones, pero no necesariamente a todas las personas que acabaron enterradas en un determinado lugar.

Y ahí aparece una de las dimensiones más importantes del proyecto: convertir a quienes durante décadas pudieron aparecer simplemente como desaparecidos en personas cuyos restos han sido recuperados y estudiados.

El trabajo antropológico también busca posibles indicios de violencia y lesiones producidas en torno al momento de la muerte, que deberán ser estudiados junto al resto de evidencias disponibles.

El ADN será el siguiente paso

Una vez individualizados los restos, se seleccionarán muestras para realizar los análisis genéticos. Las muestras serán enviadas al laboratorio de la Universidad de Castilla-La Mancha, donde podrán compararse con las muestras de referencia aportadas por familiares.

La genética será, por tanto, una herramienta fundamental para pasar de la individualización a la identificación. Pero antes hay que resolver el enorme puzzle osteológico que se encuentra ahora sobre la mesa del laboratorio.

Barrera calcula que la parte anatómica del trabajo podría prolongarse durante aproximadamente un par de meses, aunque el proceso completo puede alargarse más debido también a los tiempos necesarios para los análisis genéticos.

De una familia a cinco

La investigación ya está teniendo, además, un efecto que va más allá de la propia sepultura. Según explica Barrera, el proyecto comenzó a partir de la denuncia presentada por un familiar. La repercusión que ha tenido la intervención ha hecho que otras familias se hayan acercado al proceso y, de momento, ya sean cinco las familias implicadas. Es un fenómeno que los investigadores consideran especialmente relevante en municipios donde durante décadas ha existido silencio alrededor de la represión.

"Muchas familias saben que está allí, pero hasta que uno no da el primer paso...", explica el antropólogo forense. La experiencia de una familia puede servir para que otras "pierdan el miedo y decidan también iniciar el proceso".

En Madridejos, esta memoria se inserta en una historia de represión mucho más amplia. La localidad estuvo vinculada a un campo de concentración franquista instalado en el entorno de Consuegra-Madridejos tras el final de la Guerra Civil. Según las investigaciones del historiador Carlos Hernández de Miguel, en Castilla-La Mancha existieron al menos 40 campos de concentración franquistas, doce de ellos en la provincia de Toledo.

El campo de concentración de Consuegra-Madridejos fue de carácter provisional y funcionó durante abril de 1939. Se calcula que en sus dos recintos fueron concentrados al menos 700 prisioneros, aunque su ubicación exacta continúa sin conocerse.

Ese contexto ayuda a entender por qué la investigación de las fosas y sepulturas de Madridejos no se limita a localizar restos. También trata de reconstruir una historia que dejó a muchas familias sin información sobre el destino de sus familiares.

"Estamos buscando personas con nombres y apellidos"

Para Víctor Barrera, esa es precisamente una de las razones que hacen especialmente gratificante este trabajo. "Estamos buscando personas con nombres y apellidos, estamos buscando familiares", resume.

El antropólogo forense diferencia este tipo de intervenciones de otros trabajos arqueológicos en los que los restos recuperados pertenecen a personas cuyo contexto familiar ya no puede reconstruirse. Aquí, en cambio, detrás de cada individuo puede haber una familia que lleva décadas esperando respuestas.

La investigación todavía no ha terminado y aún queda por delante buena parte del trabajo de laboratorio, la reconstrucción de los individuos, el estudio de posibles lesiones y la extracción y análisis del ADN.

Pero la sepultura 60 ya ha dejado de ser un lugar donde los restos permanecían mezclados y sin identificar. Ahora existe un inventario, un proceso científico de individualización y familias que han dado un paso adelante para poder cerrar parte de su historia.

Scroll al inicio