El olor a madera quemada permanece en el ambiente y las laderas ennegrecidas de ceniza recuerdan que el fuego estuvo a unos metros de cambiar la historia de Almorox y la de sus dos urbanizaciones -El Pinar y El Romillo-, que tuvieron que ser evacuadas ante la cercanía del humo y las llamas.
La tarde del pasado 22 de julio, lo que comenzó como un incendio forestal, provocado presuntamente por dos personas cuando realizaban trabajos de soldadura en una finca situada en el paraje 'Pino de la Parra' -junto a la primera urbanización-, terminó convirtiéndose en una evacuación masiva y una compleja operación logística.
Vecinos y vecinas de esta localidad toledana y otras próximas de la Comunidad de Madrid -donde terminó saltando el fuego a través de Villa del Prado- han vivido entre el miedo y la incertidumbre durante varios días por un incendio que, dos semanas después, sigue sin darse por controlado y ha arrasado unas 900 hectáreas solo en la provincia de Toledo.
José Martínez, alcalde de Almorox, regresaba la misma tarde en la que se produjo el incendio de visitar a su padre, ingresado en Toledo y quien ha fallecido días después. "Me avisaron y volvía desde el hospital, desde allí se veía el humo...", recuerda sobre el inicio de los duros y complicados días que ha vivido.

Durante estas dos semanas, Martínez ha mal dormido, entre el dolor personal y el trabajo que ha realizado para coordinar la respuesta de un pueblo ante el incendio y organizar la logística necesaria en Almorox para convertirlo también en campamento de los 400 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que han trabajado en su extinción.
"¿Quién está preparado para un incendio de estas características?", reflexiona el alcalde, que subraya el reto que supuso para las infraestructuras del pueblo esta situación de emergencia. En este sentido, apunta que el tráfico constante de camiones cisterna rompió tuberías de agua e hidrantes en el Pinar, generando un estrés adicional: "Tienes que luchar contra el incendio y contra las roturas, que no falte agua nunca".

A pesar de la magnitud del incendio, José destaca como una "satisfacción" que no se produjeran pérdidas humanas ni de animales domésticos. Sin embargo, el daño material es innegable: vallas calcinadas, pérgolas derretidas y unas diez viviendas afectadas en su exterior en las urbanizaciones de El Romillo y el Pinar de Almorox.
"Es una satisfacción que hayamos conseguido que en las evacuaciones que no haya incidencias y bueno, más o menos, hemos tratado de tener a los vecinos de las urbanizaciones que estaban desalojadas lo más cómodos posibles", apunta el alcalde sobre las medidas preventivas que adoptaron en los centros de coordinación operativa establecido por las administraciones.
La evacuación del día 22 solo afectó a El Pinar, mientras que para El Romillo se decretó el confinamiento. Estas medidas se levantaron apenas un día después por la buena evolución del incendio en esta zona. Sin embargo, en la tarde del sábado 25 de julio, el fuego se reactivó en el término municipal y se tuvieron que evacuar ambas urbanizaciones de Almorox.
En los desalojos, hubo vecinos que optaron por trasladarse a viviendas de otros familiares o conocidos dentro del núcleo urbano de Almorox y en otros municipios, mientras que otros fueron atendidos en el pabellón que se habilitó en la localidad vecina de Escalona.

El fuego, en la puerta de casa en El Pinar
María lleva 24 años pasando largas temporadas en la urbanización de El Pinar de Almorox. "Estábamos aquí y de repente vimos como humo y coches de policía. Cerramos la casa y nos fuimos", recuerda sobre cómo vivió la tarde en que se originó el incendio a escasa distancia de su vivienda, en la que estaba con su marido y su nieta de cinco años.
A diferencia de otros residentes, lograron salir de la zona en los primeros momentos, evitando los colapsos de tráfico que se produjeron posteriormente, aunque mantuvo el "cuerpo en vilo" durante los días que permaneció fuera de la localidad.
Se trasladaron a Madrid, donde tienen su residencia habitual, y no han regresado hasta esta misma semana. A la vuelta, han comprobado que las arizónicas del jardín habían ardido y que varios pinos habían quedado completamente calcinados. "Los pinos son muy bonitos, pero también un peligro. En cuanto empiezan a arder, van todos", subraya.
Víctor, residente veterano con más de 36 años de presencia en las urbanizaciones de Almorox, ha alzado la voz para denunciar el estado de "abandono" que sufren los núcleos periféricos tras el reciente incendio forestal. A través de un duro testimonio, el vecino critica la gestión municipal, señalando la acumulación de residuos inflamables y el deterioro de las infraestructuras como factores que agravan el riesgo de incendios en la zona.

"Una caravana de miedo"
Otras dos vecinas de Almorox, Milagros y Amalia, fueron de las primeras en comprender en la tarde del 22 de julio que aquello no era un incendio más. Desde su vivienda, junto a la carretera, observaron cómo una inmensa columna de humo negro cubría el horizonte. La ceniza comenzó a entrar en el patio, a pegarse a las ventanas y a teñir el paisaje de un color desconocido.
"Miedo. Hemos pasado mucho miedo". Decidieron marcharse hacia Madrid. El viaje, que normalmente apenas supera una hora, terminó convirtiéndose en una interminable "caravana de miedo" que se prolongó durante cuatro horas entre atascos, desvíos e incertidumbre.
La misma sensación de angustia vivió Gema, vecina de Cadalso de los Vidrios (Madrid) y con familia en Almorox. La orden de evacuación llegó entre las once y media y el mediodía del sábado 25, en este y otros municipios de Madrid y Ávila (por el incendio originado en Burgohondo). Apenas hubo tiempo para reaccionar.
"Esto ha sido un poco surrealista. Yo bajaba acojonada porque decía: 'Espérate, como el fuego esté en el cruce, nos morimos aquí abrasados'", relata Gema, que ha pasado varios días con su marido, sus hijos y mascotas junto a otros familiares en la casa de su madre, en Almorox.

Antes de abandonar la zona corrió hasta la vivienda de su tía, una mujer de 84 años que vive sola. Al mismo tiempo, su marido ayudaba a un vecino enfermo que había quedado aislado mientras buscaban a su esposa. En cuestión de minutos, la preocupación por las casas dejó paso a otra mucho más urgente: asegurarse de que nadie quedaba atrás.
Gema también cuestiona algunos momentos de la coordinación inicial del dispositivo. Asegura que los vecinos de Cadalso tuvieron la sensación de encontrarse más expuestos mientras observaban cómo la UME ya desplegaba medios en Almorox. Recuerda el sonido constante de los helicópteros sobrevolando la zona y los mensajes de evacuación lanzados por megafonía mientras el humo reducía la visibilidad.
El "tesoro" amenazado y la negligencia humana
Por su parte, Víctor, vecino habitual de El Pinar aunque también residente en Madrid, no estaba en la urbanización cuando se produjo el fuego y no pudo ir a la vivienda que comparte con otros familiares hasta que se levantaron las medidas de evacuación. El inmueble en el que veranean y pasan muchos fines de semana no ha resultado afectado por las llamas, aunque sí que se encontró ceniza en la piscina y un entorno marcado por el humo.
En esta urbanización hay alrededor de 300 chalés, que comenzaron a construirse en los años 70. Durante el año, residen en ellos habitualmente entre "70 u 80 familias", apunta el alcalde, que califica este entorno como "un tesoro" con pinos centenarios. En la actualidad se siguen construyendo viviendas, aunque a ritmo más bajo -este año se han concedido un par de licencias-.
"El miedo de que se te pueda quemar pues está siempre. La gente tiene en cuenta que está rodeado de un pinar", expone José, que recuerda los incendios graves que ha sufrido la localidad en los últimos años. En este sentido, considera que la Administración regional debería de contar con más recursos para poder luchar contra los incendios forestales: "Con lo extensa que es Castilla-La Mancha y la masa forestal que hay debería de tener más medios".

Almorox es uno de los municipios de Castilla-La Mancha que tendría que contar con un Plan de Actuación Municipal por riesgo de incendios forestales. Sin embargo, el alcalde reconoce que están "por terminar" esta herramienta en la que afirma que están trabajando y que definiría las actuaciones y el protocolo ante una emergencia como la vivida estos días.
"Aquí la gente está concienciada de lo que tiene que hacer. La Consejería de Desarrollo Sostenible hace cortafuegos y nosotros también hemos hecho estos años una corta de bastante pinos, todos los más próximos a las viviendas", expone a preguntas sobre las medidas de protección con las que cuentan en el municipio.
La postura del alcalde contrasta con la opinión de uno de los vecinos de la misma. Víctor apunta que han realizado limpiezas preventivas en sus parcelas mientras que el Ayuntamiento no ha cumplido con la recogida de los residuos. Además, a lo largo de la urbanización, estos días se pueden ver varios puntos en los que se acumulan decenas de bolsas de basura con restos de hojarascas de pinos.
"La gente está muy mosqueada porque no recogen las puas. También hay calles levantadas. Esto está muy dejado y por lo visto el Ayuntamiento, en el pueblo sí, pero aquí no hace gran cosa", reprocha Víctor sobre la situación de esta urbanización. Según su testimonio, esta falta de mantenimiento no es puntual, sino estructural, pues afirma que las calles están "levantadas" y "destrozadas" por las raíces de los pinos sin que se realicen reparaciones.
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También se pronuncia este vecino sobre la presunta negligencia cometida por los dos varones acusados como presuntos autores del incendio. Como soldador de profesión, enfatiza que la negligencia es especialmente grave dadas las condiciones climáticas del momento: "Yo soy soldador y entiendo de qué va el asunto... tienes que tener cuidado y más con los avisos de los días más calurosos".
"Es un poco triste. Ha sido una negligencia, un accidente, pero lo que ocasiones es un problema grave. No es lo mismo que seas un pirómano pero la responsabilidad tienes que tenerla cuando estás en una zona en la que tienes que extremar precauciones... estás jugando con la vida de los demás", añade por su parte el alcalde sobre este suceso del que todavía hay cenizas que se irán, no así el recuerdo de unos días de angustia que tardarán más en desaparecer.















