El día después: "Yo solo quería vender cuscús tranquilamente"

Los marroquíes de Toledo estamos atrapados en una difícil situación diplomática: España nos pregunta qué hace Marruecos y Marruecos quiere saber qué decimos en España

Me llamo Ahmed, soy uno de los presidentes de la comunidad de 20.000 personas de origen marroquí que vivimos en la provincia de Toledo. 15.000 ya somos de nacionalidad española pero conservamos los dos pasaportes aunque ello no sea legal en ninguno de los dos países.

Ayer cerré las ventanas de mi casa antes de acostar a mis hijos. Y mira que hacía un calor bochornoso aquí en Toledo capital...

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No porque sienta que fueran a asaltar mi casa, sino porque cuando 6.000 personas llenan la Plaza del Ayuntamiento agitando banderas españolas y gritando por Ceuta, uno empieza a preguntarse si mañana el vecino seguirá hablando conmigo del Real Madrid o si decidirá preguntarte, mientras bajas la basura, qué opinas de Mohamed VI o de los asaltantes de la valla de Ceuta.

Y ahí empieza el problema. Porque los marroquíes de Toledo estamos atrapados en una difícil situación diplomática: España nos pregunta qué hace Marruecos y Marruecos quiere saber qué decimos en España.

Así que lo más prudente es hablar del tiempo. Ayer muchos contemplamos la manifestación con sentimientos contradictorios. Algunos con miedo. Otros con preocupación. Bastantes con simpatía hacia los ceutíes.

Porque llevar veinte años trabajando en Toledo, pagar una hipoteca en Santa Bárbara, tener a tus hijos estudiando en Castilla-La Mancha y comprar mazapán y lotería de Navidad produce efectos devastadores sobre la identidad marroquí: uno acaba preocupándose más por España, el país donde vives y trabajas.

¿Tenemos miedo de los españoles?. No, por supuesto. Los españoles son un pueblo pacífico. Más que miedo, inquietud. Porque sabemos cómo funcionan estas cosas. Un Gobierno abre una crisis con otro Gobierno, las televisiones elevan la temperatura y finalmente quien recibe una mala mirada en una cafetería es Mohamed o Tarek, que llevan quince años poniendo kebabs y probablemente jamás han estado en Ceuta.

Pero también tenemos otra preocupación mucho más delicada: Marruecos. En las casas se habla. Las paredes tienen oídos. Los cafés también. En público bastante menos. Hay marroquíes que apoyan al rey Mohamed. Otros consideran que Rabat está utilizando Ceuta como instrumento de presión. Y algunos preguntan algo todavía más incómodo:
—Si Marruecos funciona tan maravillosamente, como dice el rey Mohamed ¿por qué los marroquíes quieren marcharse de allí por miles?

Pregunta peligrosa. Mejor otro té, porque criticar a Pedro Sánchez en Toledo puede terminar en una discusión de bar y ya está . Pero criticar a Mohamed VI y después irte a pasar las vacaciones a Tánger produce sentimientos de miedo bastante más profundos mientras entregas el pasaporte al policía de la frontera.

¿Y el Gobierno español?. También desconcierta. Queremos que defienda sus fronteras, pero que no convierta al marroquí que vive legalmente aquí en un sospechoso subsidiario de Rabat. Que discuta con Mohamed VI todo lo necesario, pero que recuerde que nosotros no somos una extensión de su Ministerio del Interior ni de la mujabarat de Hammouchi.

La manifestación de Toledo nos deja, si acaso, una advertencia. Algo está cambiando. Ceuta ha dejado de ser para muchos españoles aquella pequeña ciudad que aparecía en el mapa debajo de Andalucía. Ahora seis mil personas salen a defenderla en pleno Toledo.
Y nosotros, los marroquíes de Toledo, tendremos que decidir también dónde estamos.

Esta crisis está produciendo un fenómeno incómodo para Rabat: algunos ciudadanos de origen marroquí pueden distinguir cada vez más claramente entre Marruecos y el régimen marroquí. Y esa diferencia, si se consolida entre la diáspora, puede tener más recorrido que la propia manifestación.

En Marruecos, además, la cuestión de Ceuta y Melilla ha vuelto al debate político y nacionalista, mientras en España crece la sensación sobre el probable protagonismo de agentes marroquíes en los acontecimientos fronterizos de Ceuta.

Probablemente los marroquíes debemos estar en el sitio más razonable: con Ceuta española, con Marruecos como vecino y con nuestros hijos creciendo aquí en paz.

Y, si puede ser, sin que nadie nos obligue a elegir entre el pasaporte y el sentido común. Que bastante difícil resulta ya aparcar en el casco histórico de Toledo todas las mañanas...


Nota del autor: Ahmad es una figura ficticia. Pero los 20.000 marroquíes de Toledo sí que existen.

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