Todos los pueblos tienen sus mitos y leyendas. A veces existe una parte de verdad y otras son invenciones completas, como los cuentos. Toledo presume de ser "una ciudad de leyenda" gracias a las que muchos compiladores románticos del siglo XIX y comienzos del XX publicaron en sus días.
Ningunas han tenido tanto éxito como las "leyendas" de Bécquer, pero hay tantas otras que, bajo el nombre de leyendas, encierran recreaciones literarias totalmente ficticias. No todas de las que se cuentan en Toledo tienen algo de histórico en su base.
En cambio otras, las más antiguas de todas, sólo se explican atendiendo a hechos históricos comprobables que nos llevan a uno de los periodos más fascinantes de la ciudad.
Con motivo del Día del Patrimonio Andalusí, que se celebrará en la ciudad este sábado 20 de junio, ToledoDiario.es ha hablado con el doctor en historia, Felipe Vidales, para descubrir algunas de las leyendas auténticas de la Tulaytula andalusí.
El Palacio Encantado de Hércules
La caída del Reino Visigodo de Toledo cambió para siempre la historia del Mediterráneo. A partir del siglo VIII, el islam se expandía hasta los últimos confines del mundo conocido y la antigua Hispania, ahora conocida como Al-Ándalus, comenzaba una etapa de desarrollo desconocida hasta entonces.
Córdoba sería su nueva capital mientras que Toledo, la Madinat al-Mulk o Ciudad de los Reyes, pasaría a jugar un rol secundario. "Apenas sabemos cómo ocurrieron los hechos, pues la poca consistencia de las crónicas que lo relatan aún son objeto de debate entre especialistas", explica Vidales.

"Pero sí podemos conocer, no por la historia sino por las leyendas, que la noticia de la caída de Toledo dio la vuelta al mundo conocido y ya en el siglo IX dio forma a una de las leyendas más repetidas en la actualidad: la de la Casa de los Candados y las Cuevas de Hércules".
El cronista Ibn Habib recogía cómo los conquistadores árabes encontraron la Casa de los Reyes al llegar a Toledo, en la que estaban depositadas las coronas de los reyes visigodos, y junto a ella otra casa con 24 candados en la puerta que habían ido añadiendo cada uno de los reyes de la ciudad.
El último de todos, Rodrigo, juró que no moriría sin saber qué escondía la casa. Así que, asaltó la casa encontrando únicamente un arca y un pergamino con dibujos de guerreros con turbantes, sobre arquitecturas árabes y espadas, y una breve premonición: "Cuando se abra esta casa y se penetre en ella, entrarán en este país aquellos cuyos atributos y descripción es esta, y la poseerán y se harán con ella". Automáticamente Tariq ibn Ziyab cruzaba el sur peninsular conquistando Toledo sin que nadie opusiera resistencia.
"El relato de Ibn Habib es el más primitivo, pero otros posteriores fueron dando forma a la leyenda", matiza el historiador. En el siglo XII otros cronistas situaban las coronas y los tesoros en los subterráneos de un Palacio Encantado, donde se encontraron estatuas de beduinos con turbantes con tesoros, talismanes, textos premonitorios y misterios que fueron asentándose en el imaginario colectivo del mundo islámico. Tulaytula era ya una ciudad envuelta no sólo en el misterio, sino en la leyenda.

Nadie en Europa, ni por supuesto en Toledo, conocía esta leyenda, inventada a miles de kilómetros de aquí, hasta que en los siglos XII y XIII gracias a las traducciones del árabe al latín y castellano comenzó a darse a conocer con un sinfín de variantes hasta la actualidad.
Pero tuvieron que pasar aún más siglos para que se popularizase, cuando este mismo relato oriental e islamizado fue descubierto por los compiladores europeos que reunieron historias procedentes del mundo árabe y que conocemos con el nombre de Las 1001 Noches, donde Toledo puede presumir de ser la única ciudad europea que aparece en esta obra cumbre de la literatura mundial.
"Hoy esta leyenda se cuenta a diario a turistas que se acercan a la última invención: la de unas Cuevas de Hércules en un depósito de aguas de época romana y que, para suerte de la leyenda y desgracia de la historia, ni siquiera se dice en la puerta lo que realmente es", narra Felipe Vidales.
La Noche Toledana
"Desde su conquista, Tulaytula fue siempre foco de discordia y rebeldía por su inaccesibilidad". Así comienza la leyenda que ha dado nombre a la expresión "pasar una noche toledana" y que también tiene origen andalusí.
Toledo se mantuvo rebelde durante casi dos siglos frente a la nueva capital, Córdoba. La ciudad pretendía recuperar el poder político perdido y no ser una ciudad satélite del poder central cordobés.
Una de esas revueltas tuvo a varios protagonistas históricos de los que no hay duda: Abederramán II, el único emir andalusí nacido en Toledo, y un gobernador llamado Amrús al mando de la ciudad. Quienes hayan visto Juego de Tronos, seguro que les suena esta historia que se puede documentar al menos desde el siglo X gracias al historiador Ibn al-Qutiyya.

"La leyenda cuenta que los emires cordobeses siempre quisieron dominar a los rebeldes toledanos a través de pactos y concesiones, "colmándoles de favores unas veces y lanzando contra ellos algaradas otras"", cuenta el autor del blog TulayTula.
Pero su actitud no se corregía, de manera que los ulemas emitieron una fetua favorable a combatirlos y matar a aquellos que cayeran en sus manos. Gracias a esa medida, los cordobeses contaban ya con argumentos religiosos para imponer de forma definitiva el sometimiento a los rebeldes toledanos. Y lo hicieron urdiendo una conjura contra ellos.
Primero, nombraron gobernador de Toledo a Amrus ibn Yusuf (Amrus “el hijo de José”), uno de los muchos descendientes de visigodos convertidos al islam llamados "muladíes", que no dudaron en prestar su obediencia al nuevo poder cordobés. "Amrus se ganó la confianza de los toledanos, también muladíes mayoritariamente aunque haya quien quiera creer que todos los visigodos huyeron a las montañas con Pelayo (otra leyenda), e invitó a los notables a construir un nuevo alcázar que rodeó de un foso en lo alto de la ciudad", explica Vidales.
Cuando el alcázar ya estaba construido, Amrus pasó a residir dentro con todo su gobierno, e invitó a los toledanos a celebrar una fiesta en honor al futuro Abderramán II, que llegaba a la ciudad dirigiendo una expedición militar.
Amrus les dijo: “Es conveniente que salgamos a su encuentro y le invitemos a entrar en nuestra ciudad en compañía de su séquito para ofrecerle nuestra hospitalidad y ponernos a su servicio”. Los toledanos lo hicieron, Abderramán fue recibido con honores en la ciudad y ofreció un banquete en el alcázar a los toledanos que le habían recibido.
Cuenta el relato que “los toledanos acudieron muy de mañana para estar presentes en el banquete. Cuando todos estuvieron reunidos en el salón de sesiones, se les invitó a pasar a otra sala en la que se hallaban Abderramán y Amrus junto con sus hombres de confianza. Nada más llegar allí la emprendieron con ellos a sablazos, mazazos, puñaladas hasta acabar con todos”.

Durante un día y una tarde fueron asesinados todos los toledanos invitados al banquete, cayendo en la trampa que Amrus y Abderramán los habían tendido. Pasaban las horas y la ciudad comenzó a sospechar que algo sucedía en el alcázar, porque los invitados entraban pero nunca salían.
Cuando el rumor comenzó a correr por la ciudad, todos se dieron cuenta de la trampa en la que habían caído “como caen las moscas en la miel o las mariposas en el fuego”, pues comprobaron que todo el alcázar estaba rodeado “del vapor de la sangre y no del de la comida, pues esto es de color rojo y el de la comida tiene color azul”.
La matanza continuó hasta que no quedó ningún toledano rebelde, durante toda la noche, asesinando uno a uno a todos y arrojados sus cadáveres a un foso de los que rodeaban el alcázar. "De ahí que el nombre original de la leyenda “La Noche toledana” sea “La Jornada del Foso”, tal cual aparece en las fuentes árabes, aunque hoy afortunadamente sólo quede el recuerdo de una mala noche veraniega como las que empezamos a sufrir en estos días", concluye Felipe.













