Lara, Victoria, Javi, Edu, Marta, Itziar, Jorge, Mariasun, Álvaro y Jaime. ¿Qué les une a estas diez personas de entre 14 y 32 años? La música. Dos profesores del IES Princesa Galiana de Toledo cogieron las riendas y dieron a sus alumnos la oportunidad de crear una banda. De esas que, a cierta edad, solo ves en las películas de Disney Channel.
Javi y Edu, "dos igual de inconscientes" —y profesores—, durante una comida de Navidad y con el "chispazo" propio de esas fechas, decidieron probar suerte y enredar a varios alumnos.
"La primera fue Lara, que sabíamos que le daba a la batería, y lo siguiente fue ponernos los tres a tocar en el recreo y no hubo mejor anzuelo que ese", recuerda Javi. Así nació Azogue, un grupo que comenzó haciendo versiones y que hoy también compone sus propias canciones.

Cuando la broma se fue de las manos
Lo que empezó como una actividad improvisada en los recreos del instituto terminó creciendo mucho más de lo que cualquiera de ellos imaginaba. "Somos una banda manchegocastellana que vive en Toledo", explican. Una definición que han decidido adoptar recientemente como carta de presentación.
Aquellos ensayos improvisados entre alumnos y profesores fueron ganando peso hasta que, como reconoce Javi, "hace mucho tiempo que se nos fue de las manos la broma".
Desde entonces han recorrido un camino que incluye conciertos en barrios de Toledo y municipios de la provincia, actuaciones en espacios como el Círculo de Arte y hasta una participación destacada en la película Viven, de Kike López y La Buitre.
Para ellos, Azogue es precisamente el trayecto recorrido. "Es lo que hay entre la primera vez que tocamos Boys Don't Cry y el estreno de Viven. Y Azogue también es todo lo que queda por hacer".
Mirando atrás, Lara hace memoria y se planta en el primer ensayo sin demasiada nostalgia musical. "Lo recuerdo desastroso. Desde luego que, si nos hubiésemos quedado con ese día, la banda no sería lo que es ahora".
Javi coincide en el diagnóstico. "Cada ensayo implicaba una mejoría respecto del anterior, pero tampoco tenía demasiado mérito: solo se podía ir a mejor".
No todos vivieron aquellos comienzos. Marta llegó cuando la banda ya había empezado a hacerse un hueco y conserva un recuerdo muy distinto de su estreno. Antes de entrar al local pasó veinte minutos dando vueltas frente a la puerta, debatiéndose entre marcharse o entrar. "Yo ahí no pintaba nada", pensaba en su momento la joven de 19 años.
Sin embargo, bastó cruzar la puerta para que desaparecieran las dudas. "Fue entrar, ver a todos bromeando, y escuchar la batería, las guitarras y las cuerdas a todo volumen en una biblioteca de instituto. De repente, todos esos dilemas internos se esfumaron". Todavía hoy lo recuerda como uno de los ensayos más especiales.
Los profesores aquí no son profesores
En cualquier instituto los roles parecen estar claramente definidos. Profesores por un lado. Alumnos por otro. Azogue ha conseguido difuminar esa frontera. "En la banda soy uno más", afirma Javi.
Aunque reconoce que tiene responsabilidades, insiste en que no lidera el proyecto. Una filosofía que también intenta trasladar al aula. "No me sale ser en clase diferente a lo que soy fuera del instituto".
Edu resume la situación con una frase que se ha convertido casi en una declaración de principios para el grupo: "Aunque cabría esperar que los profesores dirigieran la banda, al final es el azogue el que nos iguala a todos".
Lara, desde el otro lado de la ecuación, cree que esa mezcla resulta especialmente enriquecedora. Y no solo por la convivencia entre profesores y alumnos. La diferencia de edad entre algunos miembros supera ampliamente la década, pero lejos de generar distancia, se ha convertido en una de las mayores fortalezas de la banda.
Los referentes musicales son distintos, las experiencias también, pero eso no ha impedido que encuentren un lenguaje común.

Todo se puede 'azogar'
Si hay algo que define a Azogue es la ausencia de prejuicios musicales. En sus ensayos conviven Olivia Rodrigo, el rock clásico, el rap o incluso las zarzuelas. "Todo lo que alguien de la banda plantea escuchar, lo escuchamos con oídos de Azogue", explica Javi.
Marta destaca precisamente esa capacidad para escuchar cualquier propuesta sin importar quién la haga. "Sea quien sea quien proponga una nueva canción, siempre se tendrá en cuenta y se escuchará con mucha atención".
La evolución hacia las canciones propias llegó casi sin darse cuenta. "Le vamos subiendo la dificultad al juego sin proponérnoslo", resume Javi. Primero fueron las versiones. Después, las reinterpretaciones personales. Más tarde llegó la composición.
Y es aquí donde descubrieron algo nuevo. "Saca una parte de todos que me encanta. Todas las canciones tienen algo de todos y estamos en ellas todos. Es mágico", continúa explicando Javi.
El proceso creativo tampoco responde a fórmulas rígidas. Edu explica que muchas canciones nacen de progresiones de acordes propuestas por los guitarristas y que después las letras comienzan a encajar poco a poco.
A veces el reto consiste simplemente en encontrar espacio para todos los instrumentos. Cuando lo consiguen, aparece una escena que todos reconocen. "Surgen las miradas de complicidad y los gestos asintiendo y celebrando que ha vuelto a pasar".
La banda incluso ha desarrollado su propio vocabulario. Existe el adjetivo 'azogable' y también el verbo 'azogar'. Porque ya no escuchan música como antes. "Inevitablemente escuchamos una canción y pensamos si se puede azogar".

Quince personas, dos furgonetas y un fin de semana en Gredos
Más allá de los conciertos o de las canciones propias, quizá la mejor forma de entender qué significa Azogue sea a través de una anécdota. Ocurrió el pasado noviembre, durante una de las semanas más lluviosas del año.
Quince personas se desplazaron hasta una casa rural en Gredos para maquetar sus canciones. Hubo que alquilar una furgoneta, trasladar equipos desde Albacete, montar puestos de trabajo y convertir durante un fin de semana completo aquella casa en una especie de laboratorio musical improvisado.
Durante dos días repitieron canciones una y otra vez. "Nunca mermaron las fuerzas y tampoco dejamos de reírnos", recuerdan. El cansancio era evidente, pero nadie parecía dispuesto a bajar el ritmo.
"Azogue es desplazar a 15 personas en dos coches y dos furgonetas a una ubicación remota para llevar a cabo un delirio de 48 horas que, sin embargo, tenía sentido antes de empezar". Mientras tanto, los objetivos siguen apareciendo por el camino.
Lara tiene uno especialmente claro: grabar un disco con canciones propias. Javi prefiere no mirar demasiado lejos y dejar que las cosas ocurran como han ocurrido hasta ahora.
Quizá porque la historia de Azogue nunca respondió a un plan. Y quizá también porque, si alguien escribe dentro de diez años la historia de esta banda nacida en un recreo, lo más importante no será el número de conciertos ni los escenarios conquistados.
Será que consiguieron construir "una amistad enorme entre diez personas muy distintas".
Azogue actúa este sábado en Toledo
Estos chicos y chicas siguen con su sueño y su ciudad se ha convertido en la principal espectadora de sus pasos. Azogue vuelve a actúa en la ciudad, en una de las salas más famosas. La Next Level abrirá sus puertas para acoger a las 19:30 horas a estos diez artistas.
"Este sábado llevamos la artillería pesada. Un set-list con canciones de distintos géneros, pero con la coherencia y la identidad del Azogue. Además, siempre preparamos proyecciones y material visual para armonizar lo que suena por los amplis", explica Javi.
Las horas de ensayo, de preparación a nivel de sonido y visual serán de nuevo los protagonistas en un concierto donde se escuchará el talento de esta gran familia del Galiana.














