"Aquí me he sentido más aceptada que en Estados Unidos": la mirada de cuatro jóvenes latinos que descubren Toledo

Cuatro de los diez estudiantes del programa Student Diplomacy Corps cuentan a ToledoDiario.es cómo el idioma o el clima político en Estados Unidos han marcado una experiencia que va mucho más allá de un curso universitario

Hace apenas unas semanas, Toledo era para ellos poco más que un nombre en el mapa. Hoy es el primer lugar al que recurren cuando hablan de convivencia, identidad o de la importancia de conocer la historia para entender el presente.

Los diez estudiantes estadounidenses que participan este verano en el programa Student Diplomacy Corps, becados por el Goucher College de Baltimore por sus excelentes resultados académicos, ya han dejado atrás Toledo y continúan su itinerario formativo por Córdoba. Después viajarán a Granada, Sevilla y Cádiz.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Pero la capital regional ha sido la primera parada de un recorrido que pretende acercarles a la historia de la España de las Tres Culturas y, al mismo tiempo, invitarles a reflexionar sobre los debates que atraviesan hoy la sociedad estadounidense.

Porque, aunque el programa -que se celebra por quinto años consecutivo en colaboración con la Facultad de Humanidades de la UCLM y el Ayuntamiento de Toledo- gira en torno a la historia medieval, las conversaciones con ellos terminan inevitablemente hablando del español, del racismo, de las políticas migratorias o de lo que significa crecer siendo latino en Estados Unidos.

Cuatro de los diez estudiantes -acompañados durante su estancia en España por Felipe Vidales, del Grupo de Investigación Complutense Ibercosmópolis- cuentan a ToledoDiario.es cómo el idioma, la historia familiar o el actual clima político en Estados Unidos atraviesan su forma de entender la identidad.

"Si no hablamos de política, estamos aceptando lo que ocurre"

La política aparece en la conversación mucho antes de que nadie la mencione. Está presente en las historias familiares, en las decisiones de hablar o no español en público y en la incertidumbre con la que muchas comunidades migrantes viven el día a día en Estados Unidos.

Jodany, hija de madre mexicana y padre dominicano, no rehúye esa conversación. "No todos los estadounidenses pensamos igual ni apoyamos lo que hace nuestro presidente", afirma.

Con solo 18 años preside una organización juvenil que recauda fondos para ayudar a familias migrantes de Florida cuyos padres han sido deportados. Explica que ese apoyo sirve, muchas veces, para afrontar gastos tan básicos como el alquiler, la compra o las facturas cuando uno de los progenitores desaparece de un día para otro del hogar. "Si no hablamos de política, estamos aceptando lo que ocurre", sostiene.

Su propia relación con la identidad también ha cambiado con el tiempo. Durante años evitó hablar español porque sentía que le hacía diferente. Ahora ocurre justo lo contrario. "Mi lengua forma parte de mi identidad", dice con la convicción de quien ha aprendido a reconciliarse con una parte de sí misma.

De izquierda a derecha: Damián, Ezequiel, Jodany y Naomi por las calles de Toledo/ Imagen: Itziar Machicado

"La identidad también depende de con quién puedes compartirla"

Ezequiel nació y creció en Massachusetts, aunque sus raíces están en la República Dominicana. Cuando intenta explicar qué significa para él la identidad, reconoce que no existe una respuesta sencilla.

"La identidad es muy compleja", resume. En su caso empieza en casa, en una familia donde la cultura dominicana siempre ha estado presente. Pero al cruzar la puerta, el contexto cambiaba por completo.

Estudia en un entorno donde apenas existe representación latina o caribeña y donde, en muchas ocasiones, ha echado en falta personas con las que compartir experiencias similares. "La identidad también depende de con quién puedes hablar de estas cosas. Si no encuentras a gente que comparte tu idioma o tu cultura, es más difícil mantener esa parte de ti", explica.

Quizá por eso, una de las cosas que más le ha sorprendido de España no tiene que ver con el color de la piel, sino con algo mucho más cotidiano: escuchar español en cualquier conversación. Un detalle que para muchos pasa desapercibido, pero que para él tiene un enorme valor. "Para mí, el idioma es la representación más importante".

"Aquí me he sentido más aceptada"

Naomi nació en Michoacán (México), aunque ahora vive en Chicago. Para ella, conservar la identidad es también un acto de resistencia. "Es importante no perder quién eres, sobre todo cuando estudias en lugares donde sientes que tienes que cambiar para que te acepten", afirma.

Esa convicción nace también de la historia de su propia familia. Habla de aprender de los antepasados, de mantener vivas las tradiciones y de impedir que la memoria se diluya con el paso de las generaciones. Antes de viajar a España, admite que ella misma llegaba con algunas ideas preconcebidas. "En mi casa siempre hacían muchas bromas sobre España", cuenta entre risas.

Pero el viaje ha desmontado buena parte de esos prejuicios. "Si no visitas los lugares, te quedas solo con los estereotipos que te cuentan", reflexiona.

En Toledo, además, ha descubierto una realidad que desconocía por completo. Pensaba que España había sido siempre un país homogéneo hasta que comenzó el curso sobre las Tres Culturas. "Me sorprendió aprender que aquí también convivieron musulmanes, judíos y cristianos. Yo no lo sabía".

Ese descubrimiento ha ido acompañado de otro mucho más íntimo. Paradójicamente, Naomi asegura que en Toledo se ha sentido más cómoda hablando español que en muchas situaciones de su vida cotidiana en Estados Unidos. "Aquí me he sentido más aceptada", reconoce.

No lo atribuye solo al idioma, sino a la sensación de no tener que justificar quién es ni de elegir entre una parte u otra de su identidad. Es una percepción que comparten otros compañeros del grupo, acostumbrados a crecer entre dos culturas y dos lenguas, buscando constantemente un lugar donde ambas puedan convivir sin entrar en conflicto.

De Queens a Toledo

Damián Mendoza nació en Queens (Nueva York), aunque sus raíces están en Ecuador. Es quien acompaña al grupo durante esta experiencia y, quizá por eso, cuando habla de identidad lo hace desde un lugar más reposado. No empieza por la nacionalidad, sino por los pequeños gestos que sostienen el día a día: el idioma, la comida, la música o las historias que escuchó de niño en casa.

"También soy las experiencias que mis padres nunca pudieron vivir", explica. En esa frase condensa la idea de que la identidad no solo se hereda, sino que también se construye a partir de los caminos que una generación abre para la siguiente.

Para él, conservar las raíces no significa quedarse inmóvil. "La identidad también cambia mientras crecemos. Lo importante es seguir conectado con nuestras raíces mientras construimos nuestra propia historia".

Durante su estancia en Toledo dice haber encontrado una ciudad mucho más cercana de lo que imaginaba. Habla de la amabilidad de la gente, de las conversaciones espontáneas por la calle y de una arquitectura que le ha resultado familiar desde el primer momento.

"Me recuerda mucho a Cuenca", dice al pensar en la ciudad ecuatoriana de la que procede su madre. Una conexión inesperada que, de algún modo, también le ha hecho sentirse un poco más cerca de casa.

Los estudiantes junto a Felipe Vidales, del Grupo de Investigación Complutense Ibercosmópolis/ Imagen: Itziar Machicado

Bad Bunny y el orgullo de hablar español

Cuando la conversación abandona la política y se adentra en la música, las diferencias desaparecen enseguida. Todos responden con el mismo nombre: Bad Bunny.

No hablan solo del artista, sino de lo que simboliza. Para Damián, que un puertorriqueño se haya convertido en una figura mundial sin renunciar a cantar en español ha supuesto un cambio de mirada para toda una generación de jóvenes latinos. "Nos hace sentir orgullosos de dónde venimos".

Jodany comparte esa visión. Cree que muchos artistas con una enorme influencia optan por mantenerse al margen para proteger su carrera, mientras que Bad Bunny ha decidido utilizar esa visibilidad para defender aquello en lo que cree. "Eso es lo que más admiro. Que use esa plataforma para dar un mensaje positivo".

Toledo como punto de partida

El grupo ya ha dejado Toledo para continuar el curso en Córdoba antes de viajar a Granada, Sevilla y Cádiz. Sin embargo, la capital castellano-manchega parece haber dejado una huella especial en todos ellos.

Llegaron para conocer cómo convivieron musulmanes, judíos y cristianos durante siglos. Se marchan, en cambio, hablando de su propia convivencia cotidiana: de lo que significa crecer entre dos idiomas, de la dificultad de sentirse plenamente aceptado en ocasiones y del orgullo de mantener vivas unas raíces que cruzan fronteras.

Quizá esa sea la principal enseñanza que se llevan del viaje. Que conocer la historia de otros también ayuda a entender la propia. Y que, a veces, la identidad no se descubre únicamente mirando hacia dentro, sino caminando por las calles de un lugar desconocido que, por unos días, también consigue sentirse como casa.

PUBLICIDAD

Scroll al inicio