Volver la mirada al río. El patrimonio hidráulico y los paisajes del agua del Tajo en Toledo

Las estructuras arquitectónicas que se han conservado tienen un gran potencial para proporcionar información histórica y, si se conservan y mantienen adecuadamente, permitir que ese conocimiento revierta en el público en general mediante su puesta en valor

A los toledanos el río Tajo nos duele, pero solemos vivir de espaldas a él. Desde 1972, cuando se prohibió el baño, salimos periódicamente a protestar para pedir aguas limpias y más caudal. En realidad, lo que hacemos es limitarnos a ejercer patriotismo de bajo perfil. Si de verdad hubiera interés por resolver el problema, la presión vecinal y política sería lo suficientemente contundente como para cambiar la gestión estatal del agua.

Con el desarrollo de la civilización moderna, hace tiempo que nos hemos olvidado del río y que fueron sus aguas las que posibilitaron la existencia de Toledo. Ya no riega los campos, no abastece de agua potable a la ciudad ni proporciona pescado fresco, y tampoco mueve las turbinas que iluminaban las calles desde principios del siglo XX. Hoy en día, rota ya la identidad que nos vinculaba a él, el río permanece invisible, abandonado y cada vez más degradado.

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Nuestra sociedad, sometida a un ritmo de vida cada vez más acelerado, necesita más que nunca mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Esto puede hacerse reconectando con la naturaleza y el pasado, que nos aportan estabilidad emocional y cohesión social frente a la aceleración del presente. En nuestro caso, podemos empezar por recuperar los paisajes del agua del río Tajo.

Desde hace dos años, un grupo de arqueólogos, bajo la coordinación y dirección del Laboratorio de Arqueología Biocultural de la Universidad de Granada (MEMOLab) y la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI), y con financiación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, está realizando una intensa labor investigadora para rescatar para la sociedad el patrimonio hidráulico del río Tajo que, por su modestia y escasa visibilidad, puede considerarse como uno de los conjuntos patrimoniales más olvidados de la ciudad.

Dentro del proyecto PATO (Patrimonio hidráulico y paisaje en las riberas del Tajo. Toledo visto a través de su río), estos investigadores tratan de identificar, catalogar y estudiar los elementos hidráulicos históricos del río. La dificultad es considerable, porque muchas de las estructuras eran ya muy frágiles en origen y han estado expuestas, a lo largo de los siglos, al poder destructivo de las crecidas del río, al deterioro provocado por el abandono y, sobre todo, a la acción humana deliberada.

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Patrimonio hidráulico en el río Tajo a su paso por Toledo / Imagen: Isabelo Sánchez

Como consecuencia, gran parte de las construcciones han desaparecido, otras permanecen ocultas, enterradas en las vegas y son difíciles de detectar; y algunas presentan alteraciones importantes, lo que las convierte en complejos rompecabezas que es necesario interpretar.

Sin embargo, utilizando metodologías y tecnologías avanzadas, mucho esfuerzo, paciencia y pericia, el equipo está logrando importantes resultados. De esta forma, acequias, artificios, batanes, centrales hidroeléctricas, molinos, norias de sangre, norias de corriente, pozos o presas se van localizando y cartografiando, al tiempo que se analiza su funcionamiento. Paralelamente, también se va recuperando el conocimiento sobre la vida cotidiana, social y laboral de quienes construyeron y utilizaron estos ingenios e infraestructuras hidráulicas.

Como si se tratara de una banda de rock de los años 70, durante los últimos días el grupo ha recorrido en una antigua furgoneta distintos sectores de las riberas del río, tanto aguas arriba como aguas abajo: la Huerta del Rey, Valdelobos, la Peraleda, Monte Sión, las centrales hidroeléctricas, los arroyos tributarios del Tajo, las islas del río, Solanilla, el Vivero Forestal, la Fábrica de Armas, el Circo Romano, la Vega Baja, etc.

También han realizado trabajos de documentación en las antiguas turbinas de Vargas, donde el año pasado ya documentaron una impresionante noria islámica, así como en los restos que han sobrevivido del Artificio de Juanelo. Además, han llevado a cabo labores de limpieza, documentación y excavación en los molinos situados a pocos metros aguas abajo, cuya historia puede abarcar desde la época medieval hasta la contemporánea. Las estructuras arquitectónicas que se han conservado tienen un gran potencial para proporcionar información histórica y, si se conservan y mantienen adecuadamente, permitir que ese conocimiento revierta en el público en general mediante su puesta en valor.

Todo ello se ha desarrollado durante extenuantes jornadas de trabajo que, permítanme decirlo como uno de los voluntarios toledanos del equipo, se hacían cortas gracias a la ilusión de aprender y conocer, al excelente ambiente de trabajo y a las charlas y risas mientras comíamos un bocadillo sobre una rueda de molino y escuchábamos el canto de los pájaros y el rumor de las aguas del río.

Para conseguir esa reconexión con la naturaleza y el pasado que nos proporcione una mayor calidad de vida, el esfuerzo dedicado a la investigación serviría de poco si sus resultados no se tradujeran en acciones concretas. Una posibilidad sería crear una ruta cultural que permitiera interpretar los antiguos paisajes del agua, sus instalaciones y las actividades humanas vinculadas al río. Hacer realidad esta iniciativa requiere, no obstante, que todas las administraciones públicas, dentro del ámbito de sus respectivas competencias, coordinen sus actuaciones y promuevan los proyectos necesarios de intervención patrimonial para acercar de nuevo Toledo al río.

 

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