¿Y si el problema no fuera que tu hijo se mete con otro, sino que tú le has enseñado a no meterse en nada? CiBRA incluyó en sus jornadas "El chico de los pantalones rosas" y una reflexión sobre el acoso escolar. La pantalla permite reconocer al agresor. La sobremesa exige más valor. Allí decimos que cada uno se busque la vida, que no merece la pena complicarse por un compañero, que lo importante es salir bien parado. Después exigimos a los colegios que eduquen en convivencia. Hay una crueldad que no levanta la mano: calcula lo que perdería si defendiera a quien está solo. Esa prudencia también se aprende en casa. Queremos hijos buenos, pero nos inquieta que su bondad les cueste popularidad. Que ayuden, sí; que arriesguen su sitio en el grupo, ya veremos. El acosador necesita público y el público necesita excusas. Antes de preguntar si tu hijo insulta, pregúntale de qué se ríe. Y cuando te diga que él no ha hecho nada, no te apresures a felicitarlo. Quizá acaba de describir el problema.
Tu hijo no ha hecho nada
Hay una crueldad que no levanta la mano: calcula lo que perdería si defendiera a quien está solo. Esa prudencia también se aprende en casa






