Gabriel Castaño, director del CiBRA, celebra los 18 años del festival y reivindica la cultura frente a la confrontación política

El responsable del Festival del Cine y la Palabra destaca el crecimiento del proyecto desde sus orígenes en La Puebla de Montalbán, defiende el cine como herramienta educativa y reclama "más apoyo" para consolidar una industria audiovisual propia en Castilla-La Mancha

Dieciocho años dan para mucho. También para convertir una iniciativa entre amigos en un proyecto cultural capaz de atraer a Toledo a profesionales del cine, la literatura y otros ámbitos. El Festival del Cine y la Palabra (CiBRA) celebra su mayoría de edad con una trayectoria que ha ido creciendo sin perder el espíritu con el que nació en La Puebla de Montalbán. Detrás de esa evolución hay mucho trabajo, una estructura que continúa siendo modesta y un equipo que ha encontrado en las relaciones personales una de sus principales fortalezas.

Su director, Gabriel Castaño, reconoce en una entrevista con ToledoDiario.es que el festival ha cambiado considerablemente desde aquellos primeros pasos, cuando la organización funcionaba de manera amateur y conseguir que una figura reconocida aceptara participar requería numerosos intentos. Ahora, explica, la respuesta del sector es "mucho más favorable" y el CiBRA ha ganado reconocimiento tanto en Toledo como en el ámbito cinematográfico.

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"El festival ha ido creciendo gracias a sus propios méritos", afirma. La organización mantiene una dinámica de trabajo profesional, aunque quienes están detrás del proyecto siguen compaginando la preparación de cada edición con sus respectivos empleos y obligaciones personales. El crecimiento de la programación y la llegada de invitados de distintos puntos del mundo hacen que cada año el reto sea mayor.

Ese avance, sin embargo, no ha borrado sus raíces. La Puebla de Montalbán, donde nació el festival, continúa siendo una pieza fundamental del proyecto. La posibilidad de desarrollar parte de la programación fuera de Toledo permite ampliar las proyecciones y acercar el cine a otros públicos, incluidos quienes tienen más dificultades para desplazarse hasta una sala de la capital regional.

Castaño destaca que el festival ha conseguido mantener ese vínculo con el entorno rural y que ya han recibido propuestas de otros municipios de la comarca interesados en contar con iniciativas similares. La idea de llevar el cine a más localidades está sobre la mesa, aunque su desarrollo dependerá de las posibilidades de la organización.

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Para el director, el principal valor del CiBRA no está únicamente en los nombres que consigue reunir o en el reconocimiento que ha alcanzado, sino en las personas que han ido construyendo el proyecto a lo largo de estos años. Cuando se le pregunta qué es lo mejor que le ha dejado el festival, no duda en señalar a quienes ha conocido y al equipo que ha ido creciendo con él.

"El factor humano es la clave de todo", sostiene. Una dimensión que considera fundamental para explicar cómo una iniciativa nacida de manera espontánea ha podido consolidarse durante casi dos décadas, pese a las dificultades económicas y al esfuerzo que exige mantenerla.

David Uclés en la presentación de 'La península de las casas vacías' en el Museo Sefardí de Toledo durante el CiBRA 2025 / Imagen: Itziar Machicado

Educar a través del cine para formar nuevos públicos

Más allá de las proyecciones y los reconocimientos, una de las grandes apuestas del CiBRA es la educación. El festival trabaja para que el cine llegue a niños y adolescentes y se convierta en una herramienta con la que abordar cuestiones como el acoso, la igualdad y la convivencia.

Castaño considera que el audiovisual puede desempeñar un papel decisivo en la formación emocional de las nuevas generaciones, especialmente en un contexto en el que los jóvenes crecen rodeados de pantallas y contenidos digitales.

El reto consiste en aprovechar esa relación con la tecnología para fomentar una mirada crítica sobre lo que consumen y sobre la realidad que les rodea. "Hay que intentar canalizar eso por el lado positivo", defiende.

Entre las propuestas de esta edición se encuentra el trabajo con películas que permiten abordar situaciones reales en el aula. Una de ellas es El chico con los pantalones rosas, basada en la historia de un adolescente italiano que se suicidó en 2012 tras sufrir acoso, también a través de las redes sociales.

La película permite reflexionar sobre las consecuencias de la violencia y sobre la responsabilidad de quienes presencian una agresión. Para Castaño, es importante que los jóvenes aprendan a intervenir y no permanezcan al margen cuando alguien sufre acoso.

"Ellos tienen que ser también la primera barrera que se ponga entre el agresor y el agredido", señala.

La igualdad es otro de los asuntos que el festival quiere trasladar a las aulas. El director del festival recuerda las dificultades que tuvieron que superar las mujeres que comenzaron a jugar al fútbol en España en los años setenta y defiende la importancia de conocer esa historia para comprender los avances conseguidos y los que todavía quedan por alcanzar.

Esta apuesta educativa tiene también una dimensión de futuro para el propio cine. A través de MiniCiBRA, la organización prevé llegar a unos 12.000 escolares en cuatro días.

El objetivo es despertar nuevas inquietudes entre los más jóvenes y evitar que las salas pierdan espectadores con el paso de los años. "Si sigue habiendo gente en el cine, nunca cerrará el cine", resume.

Para el director, la experiencia de ver una película en una sala no es equiparable a consumir contenidos desde casa. Por eso, considera fundamental que las nuevas generaciones descubran el valor de compartir una proyección y de acercarse a historias que les permitan conocer otras realidades.

Encuentros de cine 'Reyes Abades' / Fotografía: CiBRA

Una industria audiovisual regional que necesita más recursos

El recorrido del CiBRA también refleja las posibilidades de desarrollar proyectos culturales y audiovisuales fuera de los grandes centros de producción. Castaño considera que Castilla-La Mancha partía de una posición "muy rezagada", aunque cree que los pasos dados en los últimos años comienzan a ofrecer resultados.

Cada vez hay más personas que quieren desarrollar sus proyectos cinematográficos desde la región sin verse obligadas a trasladarse a Madrid para encontrar oportunidades profesionales. Para que esa posibilidad se convierta en una alternativa real, el director del festival defiende la necesidad de seguir creando espacios de formación, colaboración y contacto con profesionales del sector.

El CiBRA participa en esa tarea mediante encuentros con estudiantes y actividades vinculadas a la formación audiovisual, entre ellas las desarrolladas con alumnado de la Universidad Alfonso X. La intención es que quienes se preparan para trabajar en el sector puedan conocer de primera mano las experiencias de profesionales que han logrado abrirse camino.

Pero el talento y las iniciativas no bastan por sí solos. La financiación continúa siendo uno de los principales obstáculos para consolidar el sector, tanto en la producción de películas como en su promoción y distribución.

Castaño agradece el respaldo recibido de las administraciones públicas, las empresas privadas y los medios de comunicación, aunque reconoce que los recursos disponibles siguen siendo "insuficientes". La falta de financiación obliga a menudo a elegir entre necesidades que son igualmente importantes: sacar adelante una producción o disponer después del dinero necesario para darla a conocer.

"Al final, aquí se nos acrecienta mucho lo de la manta corta", explica. "Te tapas la cabeza o te tapas los pies".

El problema, por tanto, no es únicamente cuántas películas pueden hacerse, sino también qué posibilidades tienen de llegar al público. Para el director del CiBRA, contar con más recursos permitiría mejorar las producciones, reforzar su promoción y dar más oportunidades a quienes quieren desarrollar una carrera audiovisual desde Castilla-La Mancha.

Teatro de Rojas / Fotografía: Festival CiBRA

Cultura frente a la confrontación política

La financiación y el respaldo institucional son también cuestiones que preocupan al sector ante el debate sobre el papel de la cultura y las posibles medidas que podrían impulsarse desde determinadas posiciones políticas. Preguntado por la amenaza que puede representar la extrema derecha para el ámbito cultural, Castaño reconoce que resulta difícil anticipar qué ocurrirá, ya que las decisiones dependen, en buena medida, de las personas que ocupan los puestos de responsabilidad.

El director del CiBRA prefiere poner el foco en el momento que atraviesa el cine español, cuya presencia en festivales internacionales considera una muestra de su fortaleza. "Yo creo que nunca ha estado el cine español como está ahora", afirma, en referencia al reconocimiento que están obteniendo sus profesionales y sus producciones.

Más allá de las perspectivas del sector, Castaño reivindica la necesidad de encontrar puntos de encuentro en una sociedad marcada por la confrontación política. Considera que existen cuestiones fundamentales que deberían quedar al margen de las disputas partidistas y que resulta difícil comprender cómo se convierten en motivos de enfrentamiento. "Nadie quiere que nadie muera. Y nadie quiere que nadie se quede sin un hogar2, sostiene.

A su juicio, el debate político lleva cuestiones esenciales a un terreno de confrontación que pierde sentido cuando se observa con perspectiva. "Lo sorprendente es que la política lo lleva a un punto de confrontación y que es ridículo cuando lo ves con perspectiva", afirma.

Castaño insiste en que, más allá de las ideas o de las siglas, existen principios básicos que deberían servir para construir consensos. Una reflexión que conecta con la propia vocación del festival: utilizar el cine y la cultura para acercar realidades, abrir debates y contribuir a una sociedad con más herramientas para comprenderse a sí misma.

Festival CiBRA 2025. Foto: Enrique Muñoz-La Buitre

El reto de crecer sin perder la esencia

Con 18 años de trayectoria, el CiBRA mira al futuro con la intención de seguir creciendo, aunque su director no plantea ese avance únicamente en términos de tamaño o repercusión. Para Castaño, la prioridad es que el proyecto pueda mantener su equilibrio y que el crecimiento no termine deteriorando las relaciones personales que lo han sostenido desde sus orígenes.

Reconoce que contar con más recursos facilitaría la organización y permitiría desarrollar nuevas iniciativas, pero insiste en que el factor humano continúa siendo el elemento más importante. El trabajo que exige el festival afecta a la vida laboral y familiar de quienes lo organizan, hasta el punto de que, en su caso, la dedicación se prolonga durante los doce meses del año.

Por eso, pide que las administraciones y las empresas sigan apostando por el proyecto y acompañen su crecimiento. No se trata únicamente de garantizar la continuidad de un festival, sino de reforzar una iniciativa nacida en Castilla-La Mancha que ha conseguido hacerse un hueco en el panorama cultural.

Su aspiración es que Toledo pueda reconocer en la cultura una de sus principales señas de identidad y que el CiBRA siga contribuyendo a acercar el cine a nuevos públicos, impulsar el talento y generar oportunidades para los profesionales de la región.

"Que una de las banderas que pueda tener en este caso la ciudad sea la de la cultura, con un proyecto cultural lanzado por gente de la tierra", concluye.

Dieciocho años después de su nacimiento, el CiBRA afronta una nueva edición con el desafío de mantener su crecimiento, reforzar su dimensión educativa y contribuir a que el cine siga teniendo un lugar propio en Toledo y en Castilla-La Mancha.

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