Estoy de vacaciones. Dicen que los docentes tenemos muchas, yo las empleo en revisar el panorama expositivo de Toledo para utilizarlo en mis clases. Estos últimos años hemos ido a ver las obras de la 'fugada' colección de Roberto Polo, para que las obras de acercamiento a la Bauhaus nos sirvieran de punto de partida de una actividad o la pequeña colección de sillas como punto de partida para diseñar otros elementos. Cuando vimos el diseño editorial, la colección de libros donados por Alicia García Medina nos sirvió de referencia. Hemos intentado sacar provecho de la colección y del espacio expositivo. Somos sanguijuelas.
Hoy he vuelto al espacio que hasta hace poco ocupaba la colección del Centro de Arte Contemporáneo (CORPO), en el rótulo del espacio ha desaparecido el nombre de Roberto Polo. He encontrado lo que me temía, el final de una mudanza. Han dejado lo que no era suyo: las piezas de Alberto Sánchez en el espacio minúsculo y marginal que alguien había mal diseñado para la exhibición de las obras de Alberto. En el jardín de esculturas han quedado varadas cinco piezas, dos de Alberto Corazón. Y alguna también ha quedado en el patio. La segunda planta está cerrada, las salas que albergaban las obras de Art Nouveau, el neoplasticismo y la escuela de Bauhaus, cerradas. Siete personas custodiando el espacio. Un espacio fantasma. Para apreciar el espacio arquitectónico y las ausencias.
Se podrían haber aprovechado los días que ha estado cerrado para recolocar lo poco que ha quedado. A no ser que se quisiese mostrar a la ciudadanía la 'herida' dejada por la marcha de las obras de Roberto Polo. No tiene sentido ya hacer leña del árbol caído y que la instalación de la colección no era buena idea, pero no caigamos de nuevo en el mismo error. Y pensemos, sin precipitación, en un nuevo proyecto. No caigamos en los mismos errores y horrores, repito.
Alberto Sánchez, el escultor toledano que fue desterrado al exilio ruso, ahora está exiliado en una pequeña sala de un espacio que no es museo. Siembre en la penumbra del ostracismo. Alberto Sánchez no merece el ninguneo institucional al que está sometido. Alberto Sánchez, desde la humildad y el compromiso artístico jugó en primera división artística. Su obra El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella se erguía como tótem enraizado en los jardines del Trocadero parisino de la exposición universal de 1937. Ese monolito escultórico es un faro coronado con una estrella, una estrella que ilumina y guía. La obra de Alberto tendría que ser la luz de un futuro y real centro de arte contemporáneo de Castilla la Mancha.
Mi propuesta para el espacio de Santa Fe es hacer un centro de arte de Castilla-La Mancha, pero de verdad, no como la anterior “ocurrencia” en la que un día antes de la inauguración tuvieron que buscar a las carreras un cuadro de Rafael Canogar para colocarlo en la escalera, pues se dieron cuenta de que no había nada de ningún castellanomanchego en la colección, que era mayoritariamente belga. Nada contra los belgas, aparte de considerar las patatas fritas un plato nacional.












