Pepe San Emeterio, tres días de espera y una esperanza que no pudo cumplirse

El sevillano, de 54 años, viajaba en el vagón ocho del AVE accidentado en Urda junto a su perro Trece, que sí pudo ser rescatado. Sus hermanos Esther y Manuel mantuvieron hasta el último momento la esperanza de encontrarlo con vida

La espera de Esther y Manuel ha terminado con la noticia que llevaban días temiendo. Su hermano, José San Emeterio -Pepe para quienes le conocían- es una de las víctimas mortales del accidente ferroviario ocurrido entre Urda y Los Yébenes. Después de tres días pendientes de cualquier información, de las identificaciones y de unas pruebas de ADN que no terminaban de arrojar respuestas, finalmente se ha confirmado su fallecimiento.

Durante estas jornadas, Esther y Manuel se aferraron a una posibilidad que, aunque cada vez parecía más difícil, no querían abandonar: que Pepe estuviera en algún hospital, herido, inconsciente, pero vivo. "Yo no voy a perder la esperanza", decía Manuel este viernes, después de conocer de primera mano las explicaciones de la Guardia Civil sobre los trabajos de identificación. Era una frase que resumía la espera de dos hermanos que no encontraban motivos para dejar de buscar.

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Pepe, sevillano de 54 años, viajaba en el vagón ocho del AVE junto a su perro Trece. El animal fue localizado y rescatado horas después del accidente, y entregado a la mujer de Pepe. Aquella noticia permitió a la familia saber que el perro había sobrevivido, pero no resolvía la pregunta que desde el jueves les acompañaba: dónde estaba Pepe.

La primera señal llegó a las nueve de la mañana del día del accidente, cuando Manuel recibió una notificación en el reloj de montaña de su hermano. La aplicación indicaba que había sufrido un accidente. "Recibí la notificación, encendí la televisión y vi que podía estar ahí, en medio de la nada", contaba. Poco después, él y Esther comenzaron una búsqueda que se prolongaría durante días.

Manuel San Emeterio muestra el mensaje que llegó desde el relojo de su hermano José, que viajaba en el AVE, en el momento del accidente / Foto: Itziar Machicado Blanco

En la Casa Sacerdotal, donde los familiares esperaban noticias de sus seres queridos, los dos hermanos compartieron su historia y también la dificultad de aquellos primeros momentos, cuando la falta de información hacía todavía más angustiosa la incertidumbre. Esther hablaba de la hija de 16 años de Pepe y de sus padres, ya muy mayores. «Solo queremos que esté vivo, aunque esté inconsciente, intubado, que está en un hospital, por lo menos eso», expresaba con emoción.

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También reclamaban explicaciones comprensibles sobre los procedimientos de identificación. Necesitaban saber qué estaba pasando y cuánto tendrían que esperar. El viernes, tras una reunión con la Guardia Civil, Manuel explicó que los trabajos forenses y el cotejo de ADN habían continuado durante toda la noche, pese a que las comunicaciones a las familias se habían interrumpido a las once.

Ahora, esa espera tiene una respuesta. Pepe era empresario, padre de una adolescente y pertenecía a la Cofradía del Museo de Sevilla. Su nombre se suma al de las víctimas de una tragedia que ha dejado a tantas familias pendientes de una llamada. Para Esther y Manuel, los días de búsqueda han terminado con la pérdida de su hermano, al que siguieron esperando con vida hasta el último momento.

 

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