Una partitura también puede morir de limpieza. Basta confundirla con un papel viejo. El sábado, un encuentro en Toledo se ocupará de los archivos de las bandas de música de Castilla-La Mancha: partituras, fotografías, documentos que rara vez reciben el aplauso reservado al pasodoble. Hay una soberbia cultural que reconoce el patrimonio cuando tiene fachada y lo desprecia cuando cabe en una carpeta. Sin embargo, para que una plaza vuelva a escuchar música, alguien tuvo que guardar sus papeles. Este trabajo carece de solo y de saludo final.
Clasificar, identificar, conservar: verbos poco lucidos, decisivos para que otros luzcan. También la cultura tiene una trastienda donde el entusiasmo necesita oficio. Conviene mirar allí antes de repetir que las tradiciones se transmiten solas, como si fueran una propiedad del aire. Una banda hereda lo que alguien se tomó la molestia de no tirar. Y quizá debamos empezar a distinguir entre amar la música y esperar que siempre haya otro recogiendo las partituras.






