Todo empezó con una pregunta: "¿Necesitáis algo?" Juana atravesaba la plaza de Arisgotas camino del trabajo cuando vio a un grupo de desconocidos intentando entrar en la iglesia del pueblo.
No sabía que uno de ellos era el actor y director de cine, Fernando Fernán Gómez. Tampoco podía imaginar que aquella conversación improvisada acabaría convirtiendo a la pequeña pedanía de Orgaz -que hoy cuenta con 55 habitantes- en uno de los escenarios de 'El viaje a ninguna parte', una de las grandes obras del cine español.
Cuarenta años después, Arisgotas vuelve a mirar hacia aquel verano de 1986 para recordar un rodaje que marcó la historia del pueblo, pero también para rendir homenaje a una de las personas que hizo posible que la película se quedara allí: Juana.
"Mi madre hizo de intermediaria", resume su hija, Virginia, durante una conversación con ToledoDiario.es, impulsora del homenaje que se celebrará este fin de semana.
Una casualidad que cambió la historia del pueblo
Fueron los vecinos quienes facilitaron la llave de la iglesia gracias a la confianza que despertaba Juana. El equipo pudo conocer el templo -aunque finalmente no se rodó en su interior porque el guion incluía una expresión (la palabra joder) que impedía grabar allí- y quedó cautivado por el entorno.
Aquella primera ayuda fue solo el principio. Cuando el equipo decidió instalarse en Arisgotas, Fernando Fernán Gómez necesitaba a alguien capaz de organizar a decenas de figurantes en un pueblo donde aún no existían los teléfonos móviles. El contacto era el teléfono del bar. Llamaron a Juana y ella aceptó sin pensárselo.
"Siempre estaba dispuesta", recuerda su hija Virginia.
La mujer que movía Arisgotas
Desde ese momento se convirtió en el enlace entre el equipo de rodaje y el pueblo. Si hacían falta tres personas, ella las encontraba. Si había que movilizar a los vecinos, lo hacía. Si surgía un problema, buscaba una solución. Y hubo uno especialmente complicado.
Fernán Gómez quería que los hombres aparecieran con el pelo rapado para recrear la España de la posguerra. Muchos vecinos no estaban dispuestos a cortárselo. Pero Juana pidió tiempo.
Mientras el director y parte del equipo se marchaban a comer, ella reunió al pueblo, convenció a los figurantes y organizó que les raparan el pelo. "Cuando volvieron ya estaba todo organizado", cuenta su hija entre risas.
Su implicación fue tal que, al terminar el rodaje, el propio equipo le propuso marcharse de gira con ellos. Pero ella decidió quedarse en Arisgotas. No fue una decisión casual. Años después sería alcaldesa de la pedanía durante dos décadas y seguiría dedicando buena parte de su vida al pueblo. "Es que se dio al pueblo. Preguntes a quien preguntes, era ella para su pueblo", dice Virginia emocionada.

En casa, el recuerdo de aquellos días siempre estuvo presente. Juana hablaba con orgullo de la película, de un rodaje que también dejó un importante impacto económico en Arisgotas gracias al trabajo de los figurantes y al movimiento que generó durante semanas. También recordaba el lado más humano de Fernando Fernán Gómez.
"Decían que tenía mucho carácter, pero luego era una persona muy llana. En la comida de despedida no quiso separar a los actores de los figurantes; estaban todos juntos", explica Virginia.
Un homenaje para mantener viva su memoria
Ese espíritu es el que Virginia ha querido recuperar con el homenaje organizado junto al Ayuntamiento de Orgaz. Durante los días 3 y 4 de julio, Arisgotas volverá a convertirse en un plató para celebrar el 40 aniversario de 'El viaje a ninguna parte'.
El viernes por la noche se proyectará la película en la Plaza de la Iglesia, el mismo escenario donde hace cuatro décadas se respiró el ambiente del rodaje; el sábado habrá una exposición colaborativa con objetos de la época, piezas originales relacionadas con la película, un set de rodaje para que vecinos y visitantes puedan recrear escenas; un coloquio con personas vinculadas al largometraje; y un homenaje institucional a Juana. Además de talleres infantiles, música y una verbena ambientada en los años 40 y 50.
Virginia confía en que esta celebración sirva también para acercar la película a quienes no la conocieron. "Mis hijos nunca la han visto porque es larga, pero están deseando que llegue el viernes para verla. Ya solo por eso merece la pena".
Los nombres que no salen en los títulos de crédito
Su hija reconoce que la emoción tiene también un componente muy personal. Juana falleció con solo 56 años y no ha podido ver cómo, cuatro décadas después, el pueblo sigue recordando todo lo que hizo.
"Si estuviera aquí lo estaría gozando. Estaría más ancha que larga", dice entre sonrisas. Quizá ese sea el mejor resumen de este aniversario.
No solo se conmemora una película que obtuvo tres premios Goya o un rodaje que situó a Arisgotas en el mapa del cine español. También se recuerda a esas personas que nunca aparecen en los títulos de crédito con el protagonismo que merecen, pero sin las que muchas historias nunca habrían llegado a contarse.
Porque, al fin y al cabo, todo empezó cuando una joven se acercó a unos desconocidos en mitad de la plaza para preguntarles, simplemente, si necesitaban ayuda.














