Julio. Dos mil veintiséis. Treinta y una mujeres asesinadas por violencia machista. Treinta y un fracasos de una sociedad que mira hacia otro lado, que expone a las víctimas mientras protege la identidad del asesino.
Él no tenía antecedentes, solo faltaría que los tuviera y siguiera en la calle. Ella no estaba en el sistema VioGén, otras sí estaban, de esas treinta y una… ¡y para qué!. Y la respuesta de "estamos en ello", de nuestro presidente, por algo recibió el premio "Bocazas de oro", en serio "en ello"…
¿En investigar el asesino? ¡Ya no es necesario!
¿En proteger a las mujeres? ¡Mentira!
¿En controlar a los agresores? ¡Falso!
La violencia machista. La normalización, el cuestionamiento, vivir con miedo... ¡es insoportable!
Son sucesos evitables, si se pusiera el foco en los verdadero culpables, los asesinos, los consentidores, la pasividad del entorno, el silencio. ¡Insoportable!
Hay que romper el silencio ante una violencia constante, instaurada en nuestra sociedad, que cercena vidas y destroza familias.
Frente a la normalización del horror, no podemos acostumbrarnos a enterrar a nuestras compañeras, amigas, madres y hermanas.
Frente a la barbarie machista, unidad absoluta.
Levantamos la voz con un compromiso inquebrantable de todas y de todos: ¡ni un asesino más, ni una mujer menos!














