El eco de una copla de 1926: Polán recupera un siglo después la memoria de la riada que se llevó cinco vidas

La localidad toledana recupera la memoria de la tragedia del 30 de agosto de 1926 con un libro, un documental y una placa en homenaje a las víctimas: dos niñas, un niño y dos jóvenes

El día 30 de agosto, qué día tan señalado, ha venido una tormenta que a Polán le ha arruinado.

Se ha llevado 30 casas, también se ha llevado ropa. Pero la pena más grande han sido las cinco personas.

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También se ha llevado el puente, la casa del tío Candelo, un poco de la boyeriza del tío Juan el carnicero.

Entre las seis y las siete de la tarde del lunes 30 de agosto de 1926, la vida en Polán dio un vuelco a causa de una riada que sorprendió al municipio y que es considerada como "el desastre natural más importante" de la provincia de Toledo en el siglo XX.

Una tormenta descargó con tal intensidad, supuestamente aguas arriba según algunos testimonios, que desbordó el arroyo del Conde que atraviesa el pueblo. Generó unas inundaciones que provocaron graves destrozos y la muerte de cinco vecinos: dos niñas, un niño y dos jóvenes, todos ellos de dos familias.

Este episodio, acaecido durante la dictadura de Primo de Rivera, marcó una profunda herida en el pueblo toledano. "Intentó silenciarse en el olvido para que las víctimas no lo recordasen", expone David López-Rey, meteorólogo, vecino de Polán y autor del libro -'La riada. Polán, 30 de agosto de 1926'- que ha reeditado con motivo del centenario de esta tragedia.

En esta publicación recoge la historia de este suceso y algunos de los testimonios que ahora dan voz también al cortometraje documental -'1926: Una copla y una riada'- del que López-Rey es coautor junto al realizador Jorge de Paz, también vecino de Polán.

Ambos van a presentar esta semana las dos obras que integran también manifestaciones culturales que sobrevivieron durante generaciones y con las que homenajean también a sus vecinos y vecinas. En ese sentido, cabe destacar la música de la pieza audiovisual, que parte de una copla escrita originalmente en 1926 por Julián -conocido como 'el Arreglao'- y cuyos versos encabezan este artículo.

El cantar se difundió entre los vecinos y fue pasando de generación en generación. Un siglo después, el director de la Banda Municipal de Polán, Francisco Dechado, ha preparado un arreglo para incorporarlo al documental y contribuir a conservar esta pieza del patrimonio oral del municipio.

El objetivo de trabajo audiovisual es rescatar los testimonios, historias familiares y manifestaciones culturales que sobrevivieron durante generaciones, así como rendir homenaje tanto a las víctimas como a quienes sufrieron las consecuencias de la inundación.

 

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La reedición del libro -que se presentará el día 29- y la realización del documental -que se proyectará el día 30- cuentan con la colaboración del Ayuntamiento de Polán, que ha programado una serie de actos que incluyen también la inauguración de una placa de homenaje a las cinco víctimas y a los damnificados por la catástrofe.

Dos familias y una tarde de siega

Tres de los fallecidos por la riada eran hermanos de la familia Paniagua Lozano. Mariano, de 19 años, permanecía aquella tarde en casa porque una cojera le impedía participar en las labores de siega del trigo o de recogida de la uva en las que se afanaba buena parte de la población a esas horas. Con él estaban Teresa, de 16 años -a quien López-Rey también ha dedicado una carta-, y Severiano, de apenas cinco o seis.

Cuando el agua comenzó a entrar con violencia en la vivienda, su madre intentó ponerlos a salvo sobre un poyo. La fuerza de la corriente provocó, sin embargo, el derrumbe de la parte alta de la casa. Los tres hermanos quedaron sepultados bajo los escombros.

La segunda familia afectada fue la de los García Rojas Fernández. La madre y la pequeña Elisa lograron ponerse a salvo en la planta superior. Sin embargo, Feliciana, de 16 años, y Lucía, de 11 o 12, permanecían abajo, según la memoria conservada por los vecinos. La entrada repentina del agua derribó uno de los tabiques exteriores y arrastró a las dos hermanas.

Sus cuerpos tardaron casi dos semanas en aparecer. La corriente las había llevado hasta el Tajo. Uno fue localizado por el guarda de una finca cerca de la desembocadura del arroyo y el otro apareció en el término de Burujón, donde fue encontrado por un vecino.

Para muchas de las familias afectadas, hablar de lo ocurrido resultaba demasiado doloroso. Las madres que vieron cómo el agua destrozaba sus casas y se llevaba a sus hijos optaron en muchos casos por no hablar nunca más de aquella tarde. Sus recuerdos quedaron así encerrados durante generaciones. Ahora, casi un siglo después, la investigación histórica y el testimonio oral permite recuperar algunas de estas historias.

Algunos de esas fuentes orales narran en el cortometraje que aquella tarde apenas llovía en Polán y que el agua vino de la zona de Noez. "Una mujer me comentó que venían a caballo desde este pueblo avisando, pero no sabemos si mera fantasía", señala López-Rey sobre alguna de las declaraciones qua han recogido.

Entre 500.000 y un millón de pesetas

Otro de los datos que ha recabado es el coste económico que supuso para Polán -que entonces tendría unos 2.500 habitantes-. La valoración realizada entonces situó los daños en torno a las 500.000 pesetas, aunque algunos periódicos nacionales elevaron la cifra hasta el millón.

El presupuesto del Ayuntamiento para 1927 ascendía a unas 50.000 pesetas. Los desperfectos provocados por la riada equivalían, por tanto, a entre diez y veinte veces el presupuesto anual del municipio.

Ante la situación, el Ayuntamiento creó una comisión de auxilio encargada de buscar ayuda. Sus integrantes se desplazaron a Toledo y posteriormente a Madrid para solicitar apoyo a distintas instituciones, entre ellas el Gobierno Civil, la Diputación, el Arzobispado y los ministerios de Fomento y Gobernación. El propio ministro de la Gobernación llegó a enviar un telegrama al alcalde para interesarse por la situación.

La respuesta económica, sin embargo, fue limitada. Las ayudas oficiales apenas alcanzaron unas 17.000 pesetas.

La reconstrucción dependió en buena medida de los propios vecinos, explica López-Rey. Se organizaron para retirar escombros y reparar las viviendas, mientras algunas de las familias con mayores recursos acogieron temporalmente en sus casas a quienes se habían quedado sin hogar.

La tragedia tuvo además una importante repercusión mediática. El periódico toledano 'El Castellano' publicó cuatro fotografías de los daños, algunas de las cuales llegaron a la portada del diario ABC. La noticia compartió espacio en la prensa nacional con otro suceso ocurrido ese mismo día: un accidente ferroviario en la línea Barcelona-Tarragona que causó alrededor de treinta muertos y más de un centenar de heridos.

Imagen de el periódico 'El Castellano' que recogía la trágica riada de Polán en 1926

Una boda entre hermanos o una virgen, entre las supersticiones

La memoria de la riada también ha conservado relatos en los que se mezclan religión, superstición y explicaciones más prácticas, según ha desvelado López-Rey en la rueda de prensa que han ofrecido en la Diputación con Jorge de Paz; la alcaldesa de Polán, Julia Sanz, y el vicepresidente de la Diputación y presidente del Consorcio Provincial de Extinción de Incendios y Salvamento (CPEIS), Juan Carlos Sánchez.

Uno de ellos cuenta que una vivienda situada junto al arroyo se habría salvado de las aguas gracias a que en su interior se encontraba una pequeña imagen de la virgen que recorría las casas del pueblo. Otros testimonios, sin embargo, ofrecen una explicación mucho más sencilla: la vivienda estaba construida unos escalones por encima del cauce y tenía además otros peldaños de acceso, una diferencia de altura suficiente para impedir que el agua entrara.

También sobrevivió la historia de dos hermanos que celebraron una boda doble pocos días antes de la inundación, alrededor del 18 o 20 de agosto. Algunos vecinos mayores ya habían advertido entonces de la supuesta mala suerte que acompañaba a este tipo de celebraciones. Cuando la riada causó importantes daños en las viviendas de ambas parejas, aquella coincidencia acabó incorporándose al imaginario popular.

Otras siete víctimas mortales en la provincia alcanzadas por rayos

La tormenta de este 30 de agosto de 1926 también tuvo consecuencias mortales en otros puntos de la provincia de Toledo. Siete personas, supuestamente agricultores, murieron alcanzados por rayos mientras se encontraban a la intemperie. El episodio dejó así un balance de doce fallecidos en toda la provincia, donde se vieron afectadas una docena de localidades.

Fue la mayor tragedia de este tipo desde la riada de Villacañas en 1893 y hasta las danas registradas en los años 2021 y 2023 -esta última también con cuatro víctimas en la provincia de Toledo-, ha recordado el meteorólogo.

La distancia entre la prevención o la preparación para afrontar una emergencia así entre aquella época y la actual resulta evidente. En 1926 no existían planes de actuación, sistemas de alerta temprana ni medios profesionales para responder a una inundación repentina.

En este sentido, Juan Carlos Sánchez ha destacado que, un siglo después, la provincia cuenta con bomberos profesionales del Consorcio Provincial de Extinción de Incendios y Salvamento, equipos de Protección Civil o sistemas de alerta y seguimiento meteorológico que permiten anticiparse a fenómenos extremos y coordinar la respuesta de las distintas administraciones.

Pero el riesgo no ha desaparecido. Los episodios de lluvias torrenciales y las danas que han afectado a la provincia de Toledo en los últimos años recuerdan que fenómenos como el de 1926 siguen formando parte de los riesgos naturales a los que se enfrentan los municipios.

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