¿Cuántas veces has compartido una viñeta de El Roto para señalar a otro? ¿Cuántas te has reconocido en ella? Toledo recibe 301 obras de Andrés Rábago y nosotros podemos recibir algo incómodo: esta sospecha sobre nuestra inocencia. Nos encanta la sátira cuando el miserable, el necio o el cómplice vive enfrente. Entonces celebramos la lucidez del artista. Si el dibujo alcanza nuestras costumbres, empezamos a pedir matices. Consumimos crítica con la condición de quedar a salvo. Así se domestica una obra: basta con convertirla en un arsenal contra los demás. La donación al museo de Santa Fe exige mirar el trazo, los cuerpos, el vacío. Detenerse donde la pantalla nos enseña a pasar de largo. Y admitir que quizá no estamos siempre entre las víctimas que creemos defender. Quizá pagamos, votamos, callamos o compramos de una manera que sostiene aquello que denunciamos. El Roto ha entregado sus dibujos. Falta saber si nosotros entregaremos alguna certeza. ¿O solo hemos venido a buscar culpables?
El cómplice eres tú
Nos encanta la sátira cuando el miserable, el necio o el cómplice vive enfrente. Entonces celebramos la lucidez del artista. Si el dibujo alcanza nuestras costumbres, empezamos a pedir matices






