Carta abierta al Ayuntamiento de Toledo y al Gobierno de Castilla-La Mancha sobre el calor en las aulas

"Permítanme expresar con toda claridad algo que compartimos muchas familias: nos resulta indiferente a quién corresponda exactamente el porcentaje mayor o menor de responsabilidad. No porque la cuestión jurídica carezca de importancia, sino porque el bienestar de los menores debería situarse por encima de cualquier debate competencial"

A la atención del Ayuntamiento de Toledo y de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha:

Les escribo como padre de un niño de Educación Primaria, como trabajador autónomo y como ciudadano que cree profundamente en el valor de la educación pública y en la responsabilidad de las instituciones democráticas.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Advertisement

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

No les escribo para participar en una disputa política. No les escribo para señalar culpables. Tampoco les escribo para determinar quién tiene más competencias, quién financia qué porcentaje de una actuación o quién puede exhibir mejores argumentos jurídicos sobre la titularidad de los edificios escolares.

Les escribo porque nuestros hijos tienen calor.

Un calor excesivo, persistente y, en muchos casos, incompatible con unas condiciones razonables de aprendizaje. Un calor que también sufren los docentes y el resto de profesionales que trabajan cada día en los centros educativos. Un calor que ya no puede considerarse una circunstancia excepcional, sino una realidad recurrente derivada de un clima cada vez más extremo.

Durante las últimas semanas muchas familias de numerosos colegios públicos de Toledo nos hemos concentrado para reclamar medidas urgentes. Hemos dado testimonios, padres y madres, describiendo aulas por encima de los 30 grados, patios con sombras insuficientes y niños que regresan a casa agotados después de una jornada escolar desarrollada en condiciones impropias del siglo XXI. También hemos escuchado a los docentes explicar que resulta prácticamente imposible mantener la atención, la concentración y el rendimiento académico cuando las temperaturas convierten las aulas en auténticos hornos.

Sin embargo, lo que más preocupa no es únicamente el problema físico. Preocupa, y mucho, la sensación de que las administraciones están atrapadas en una discusión permanente sobre quién debe actuar primero.

El Ayuntamiento señala a la Junta.

La Junta señala al Ayuntamiento.

Y mientras tanto, los niños siguen sudando.

Permítanme expresar con toda claridad algo que compartimos muchas familias: nos resulta indiferente a quién corresponda exactamente el porcentaje mayor o menor de responsabilidad. No porque la cuestión jurídica carezca de importancia, sino porque el bienestar de los menores debería situarse por encima de cualquier debate competencial.

Cuando un niño pequeño o no tan pequeño de ocho, nueve o diez años pasa horas intentando aprender matemáticas, lengua o ciencias en un aula con temperaturas impropias para el estudio, la discusión política deja de tener sentido.

Cuando un docente tiene que impartir clase a quince, veinte o veinticinco alumnos agotados por el calor, tampoco importa demasiado quién tenga razón en una rueda de prensa.

Lo único que importa es que el problema se resuelva.

Y se resuelva de verdad.

No mediante anuncios parciales.

No mediante proyectos piloto.

No mediante comunicados en los que una administración acusa a la otra.

No mediante promesas que siempre parecen situarse en el próximo curso, en la próxima convocatoria o en la próxima legislatura.

Se resuelve ejecutando actuaciones concretas.

Los ciudadanos estamos cansados de observar cómo problemas evidentes se transforman en munición política. La climatización de los centros educativos no debería ser un argumento electoral. Debería ser una política pública básica.

Porque la educación no es un gasto.

Es una inversión.

Y garantizar unas condiciones térmicas adecuadas no es un lujo.

Es una obligación.

Numerosos estudios científicos han demostrado que las altas temperaturas afectan negativamente a la capacidad de concentración, al rendimiento cognitivo, a la memoria y al aprendizaje. También incrementan el riesgo de deshidratación, fatiga y estrés térmico. Incluso organizaciones pediátricas han advertido de que el calor excesivo perjudica directamente el proceso educativo.

Por tanto, no estamos hablando simplemente de comodidad.

Estamos hablando de calidad educativa.

Estamos hablando de salud pública.

Estamos hablando de igualdad de oportunidades.

Porque conviene recordar que muchas familias pueden compensar parcialmente estas situaciones en sus hogares mediante aire acondicionado, mejores condiciones de vivienda o actividades alternativas. Otras muchas no pueden hacerlo.

Por ello, la escuela debe ser precisamente el lugar donde todos los niños dispongan de unas condiciones dignas independientemente de su situación económica.

Resulta especialmente frustrante comprobar que este problema lleva años siendo conocido.

Las olas de calor no aparecieron ayer.

Los informes científicos no comenzaron a publicarse la semana pasada.

El cambio climático no es una sorpresa de junio de 2026.

Llevamos años escuchando advertencias sobre el incremento progresivo de las temperaturas y sobre la necesidad de adaptar infraestructuras públicas diseñadas para una realidad climática diferente.

Y, sin embargo, seguimos llegando al final de cada curso con el mismo debate.

Seguimos hablando de aulas sobrecalentadas.

Seguimos hablando de patios sin sombra.

Seguimos hablando de ventiladores improvisados.

Seguimos hablando de protocolos insuficientes.

Seguimos hablando de medidas temporales para un problema permanente.

Por eso les pido que abandonen la lógica de la confrontación y adopten la lógica de la cooperación.

Los ciudadanos no necesitamos saber quién gana una discusión institucional.

Necesitamos saber cuándo se ejecutarán las obras.

Necesitamos conocer calendarios concretos.

Necesitamos compromisos verificables.

Necesitamos transparencia.

Necesitamos indicadores públicos que permitan evaluar los avances realizados centro por centro.

Y necesitamos que esos compromisos sobrevivan a los cambios de gobierno.

Porque el bienestar de los niños no puede depender del color político de una administración.

Como autónomo, estoy acostumbrado a una realidad muy simple: cuando surge un problema, el cliente no acepta excusas. Lo único que valora es la solución.

La política debería aprender algo de esa lógica.

A las familias no nos sirve escuchar que la competencia corresponde a otra administración.

No nos sirve saber quién firmó el último convenio.

No nos sirve conocer el detalle de cada partida presupuestaria.

Lo que nos sirve es que nuestros hijos puedan estudiar en condiciones adecuadas.

Y si para lograrlo es necesario firmar acuerdos extraordinarios entre administraciones, háganlo.

Si es necesario modificar prioridades presupuestarias, háganlo.

Si es necesario crear un plan plurianual con financiación garantizada, háganlo.

Pero háganlo.

Porque cada verano perdido es un verano más en el que miles de alumnos y docentes continúan soportando una situación perfectamente conocida y perfectamente evitable.

No les pido imposibles.

Soy consciente de que climatizar todos los centros educativos requiere inversión, planificación y tiempo.

Soy consciente de que existen limitaciones técnicas y presupuestarias.

Pero también soy consciente de que las administraciones públicas son capaces de ejecutar proyectos complejos cuando existe voluntad política suficiente.

La cuestión, por tanto, no es si puede hacerse.

La cuestión es si realmente se considera una prioridad.

Y aquí es donde deseo ser especialmente claro.

Ni el Ayuntamiento de Toledo ganará mi voto culpando a la Junta.

Ni la Junta ganará mi voto culpando al Ayuntamiento.

Las excusas no generan confianza.

La propaganda no genera confianza.

Los reproches institucionales no generan confianza.

Las soluciones sí.

Las obras ejecutadas sí.

Los colegios adaptados sí.

Los patios con sombra sí.

Las aulas climatizadas sí.

Los protocolos claros sí.

La colaboración efectiva sí.

Eso es lo que genera confianza.

Eso es lo que dignifica la política.

Eso es lo que esperan las familias.

Y eso es, en definitiva, lo que merecen nuestros hijos.

Les pido que recuerden algo fundamental: los niños que hoy soportan temperaturas extremas en las aulas no son estadísticas, ni expedientes administrativos, ni argumentos de debate parlamentario.

Son personas.

Son alumnos.

Son el futuro de nuestra ciudad y de nuestra región.

Y merecen mucho más que una pelea sobre competencias.

Merecen soluciones.

 

Atentamente,

Un padre de alumno de Educación Primaria, autónomo y ciudadano de Toledo.

PUBLICIDAD

Scroll al inicio