Con motivo de la Feria del Libro de Toledo 2026, la poeta y dramaturga Alicia Es. Martínez presenta 'Greenwashing' (Editorial Lastura), una propuesta de dramaturgia y poesía combativa nacida en el seno de la iniciativa Planeta Vulnerable. La obra trasciende la mera crítica ecológica para poner la lupa sobre las dinámicas del tecnocapitalismo actual y la urgencia que considera que existe de rehumanizar nuestra sociedad desde la ética y el pensamiento crítico. La autora concibe el texto como un "artefacto usable" orientado a despertar conciencias, reivindicando que "el poema es ética pura, es humanidad en esencia […] se convierte en tabla de salvación, pero también en arma".
En esta conversación, Alicia reflexiona sobre la necesidad de abrazar una cultura del decrecimiento, desafiar las dinámicas del consumo ilimitado y restituir el valor de la vida comunitaria y la educación humanista. Lo hace a través de un análisis que interpela tanto a las responsabilidades institucionales como al papel transformador de la juventud y la ciudadanía organizada, nos invita a cuestionar las lógicas de la sostenibilidad corporativa y a pasar de la mera proclama a la participación política radical. La autora presenta este recital a las 19.30 horas de este jueves, 15 de octubre, en la plaza del Ayuntamiento de Toledo.
Pregunta: 'Greenwashing' denuncia una práctica muy reconocible: utilizar el discurso ecológico para proyectar una imagen de sostenibilidad sin cuestionar necesariamente el modelo económico que genera el problema. ¿Qué te llevó a convertir esta contradicción en materia poética? ¿Crees que hemos llegado a un punto en el que el capitalismo es capaz de absorber incluso las críticas que se hacen contra él?
Respuesta: Greenwashing es un encargo poético. Forma parte de la IV edición de Planeta Vulnerable, una convocatoria a dramaturgas, y ahora también poetas, para que generes material dramático que conciencie sobre el cambio climático, obras que puedan luego representar compañías de teatro, centros educativos, … Durante varios meses recibimos tutorías del experto medioambiental Carlos de Prada y del dramaturgo José Sanchis Sinisterra. Yo fui seleccionada junto a otras dos poetas, Nuria Gómez de la Cal y Olaia Pazos, y todos los textos fueron publicados por Invasoras Ediciones. También los llevamos a escena durante dos años con el montaje poético-teatral TrasTierra, dirigidas por Elvira Heras. Pero, de alguna manera, mis textos me pedían autonomía, poder moverlos independientemente y que fuera un artefacto usable y ahí es cunado hablo con Lidia, de Lastura ediciones, para editar Greenwashing por separado.
En cuanto a tu segunda pregunta, creo que el capitalismo es justo lo que hace, lo mercantiliza todo, todo está en venta, también las ideas, lo verde, la cultura más marginal, los mensajes de revolución, el capitalismo nos vende a nosotros, somos su principal producto. Lo estamos viviendo con las casas de la gente. La perversión del tecnocapitalismo nos ha llevado a una necropolítica donde las personas solo somos un algoritmo, la deshumanización de nuestras sociedades avanza inexorable y hemos de organizarnos en todos los ámbitos para revertir la situación, el decrecimiento es un camino. El camino que expongo en el libro.
"La deshumanización de nuestras sociedades avanza inexorable y hemos de organizarnos en todos los ámbitos para revertir la situación"
Hoy encontramos mensajes verdes en los discursos empresariales, las campañas publicitarias y las instituciones. Pero ¿hasta qué punto podemos hablar de transición ecológica si no cuestionamos el crecimiento económico ilimitado, el consumo y la acumulación? ¿Es posible reformar el sistema o crees que necesitamos imaginar una ruptura más profunda?
Sin duda, ruptura profunda. Pero ruptura es una palabra con connotaciones muy negativas y el relato es importante. Me gusta hablar de regeneración, de rehumanización, de devolvernos a la vida. Y eso pasa, como decía, por un decrecimiento, por conocer hasta dónde ha llegado el tecnocapitalismo para incrementar la productividad y los beneficios de unos cuantos. Hasta ahora, el bienestar en los países occidentales lo ocultaba, pero eso ya no cuela porque ya han desmantelado, en apenas unos años, la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales, todo se ha privatizado, nuestros barrios están en venta, ese bienestar se ha resquebrajado y la gente, los jóvenes -quienes están liderando ya todos los movimientos- ‘esa nueva especie’, de la que hablo al final del libro, han dicho ‘basta’ y se están rebelando a lo largo y ancho del mundo y, además, de manera muy organizada e informada. Han decidido “no chocar contra el árbol”, sino “detener(nos)”, ahora falta ver qué hacemos el resto.
Presentas la obra como un "drama por el decrecimiento en diez acciones y un canto colectivo". ¿Cómo evitar que el decrecimiento se convierta en un discurso moral dirigido a la ciudadanía mientras quienes más recursos consumen mantienen sus privilegios?
Y ¿por qué no un discurso ético? ¿Por qué tenemos tanto miedo a recuperar la ética? Fíjate que es lo primero que hace el capitalismo: fuera la ética de los centros educativos, de los medios de comunicación, de las formas de hacer políticas. Hay que dejarse de moralinas y comenzar a hablar desde una ética profunda. Por otro lado, la ciudadanía ha de hacer propio el discurso, y si hablas con las vecinas en la frutería, en los bares, en las fiestas -yo lo hago a menudo- te aseguro que la mayoría ha dicho ‘basta’, y funcionan desde una ética profunda. El problema es despertar. Pasar de las palabras a la acción, participar radicalmente en la vida pública y política. Lo estamos haciendo. Y quienes no, acabarán haciéndolo porque la situación es ya insostenible para todas.
"El problema es despertar. Pasar de las palabras a la acción, participar radicalmente en la vida pública y política"
Con frecuencia, la respuesta institucional a la crisis climática se traduce en recomendaciones sobre nuestros hábitos individuales: reciclar, ahorrar energía, comprar de forma responsable. Sin embargo, las decisiones industriales, económicas y políticas tienen un impacto enorme. ¿Crees que la insistencia en la responsabilidad individual puede acabar ocultando las responsabilidades estructurales?
Esto es antiguo. Cada ciudadana tiene que saber cuál es su responsabilidad. Yo apelo al boicot. No compro plátanos envasados ni fruta cortada, trato de reutilizar, coser, remendar lo roto, comprar usado, mi energía es de la cooperativa Som energia (por cierto, mucho más barato, que no te engañen)… Las grandes industrias no tienen responsabilidad, pensar que sí es ingenuo, así que la ciudadanía debe organizarse para desmontar ese sistema codicioso e irresponsable. Los políticos no están a la altura de lo que el cambio climático les exige: renaturalizar ciudades, por ejemplo; una producción sostenible de electricidad (no llenarlo todo de placas ahogando al campo); una gestión de los bosques radical; prohibición absoluta de magrocranjas, centros de datos, en fin,… Hay que exigir a los políticos, desde la ciudadanía organizada, ese tipo de políticas valientes que pasan por desmontar el sistema tecnocapitalista, no hay otra manera.
La poesía tiene capacidad para conmover, incomodar y abrir imaginarios, pero la crisis ecológica también exige cambios materiales, económicos y políticos. ¿Qué puede hacer un poema que no pueda hacer un informe científico, una investigación periodística o una movilización social?
Justo tú los has dicho. Pero, además, el poema es ética pura, es humanidad en esencia. Y más en tiempos de la IA. La poesía se convierte en tabla de salvación, pero también en arma. Y ellos lo saben. La poesía congrega, rehace lo humano comunitario que somos, es hoguera y es canto colectivo.
Tu trayectoria vincula poesía y artes escénicas, y 'Greenwashing' adopta la forma de un drama poético. Me interesa la dimensión pública de esa elección: ¿quién es el destinatario de esta obra? ¿Hablas a quienes ya comparten una sensibilidad ecologista o intentas llegar también a quienes desconfían de ese discurso?
No, sobre todo, busca hablar a quienes no han tomado aún las decisiones, ser crudo con ellos y a los jóvenes, la sangre nueva que llega y camina, una nueva especie que ya está tomando las calles. Apela a la conciencia humana y comunitaria. Mi sueño sería que 'Greenwahing' se convirtiera en texto obligatorio en escuelas e institutos, que lo representaran los niños, niñas y jóvenes para sus padres. Cuando he hecho talleres con 'Greenwahing' en colegios ha habido niñas que me han preguntado luego: Y ahora, ¿qué hacemos con todo esto? Actuar, siempre, recuperar la ciudadanía política que somos, informarnos, siempre, desde múltiples fuentes. Fueron los niños y niñas de este país los que consiguieron que sus padres dejaran de fumar, ¿eso lo sabes? No fue la prohibición de fumar en bares, fue la concienciación en la escuela y sus consecuencias en las familias. Ahí lo cambiamos todo. La educación radical y real de ciudadanas, no una mera enseñanza de competencias que ha convertido a nuestras hijas en mano de obra barata. Tenemos que volver a esa educación humanista y ética, las profesoras y los jóvenes lo están pidiendo a gritos y en las calles.
"Fueron los niños y niñas de este país los que consiguieron que sus padres dejaran de fumar... fue la concienciación en la escuela y sus consecuencias en las familias"
















