Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació en Ávila en 1515, y su nombre te sonará por ser uno de los barrios más famosos de Toledo. Santa Teresa de Jesús era la feminista de su época, una mujer capaz de mover los hilos de la nobleza y la Iglesia a través de su pluma.
Antiguamente, la mayoría de los conventos fueron creados por las propias mujeres y no eran una salida solo espiritual. Era una manera alternativa de tener autonomía, de huir de la vida matrimonial -muy complicada en la época-, tener tranquilidad e incluso protección.
En la ciudad de las tres culturas, Teresa encontró su refugio para escribir y para seguir existiendo como mujer. Mientras el mundo exterior veía una vida de retiro, dentro de las clausuras se gestaba una red de poder, cartas y negociaciones que cambiaría el concepto de lo que era ser monja.
Rebeca Gómez Muñoz es historiadora y miembro del centro de investigación Ibercosmopolis por la Universidad Complutense de Madrid, grupo que actualmente tiene activa una exposición en la Biblioteca de Castilla-La Mancha sobre mujeres en los conventos. Teresa de Jesús es la figura que gira en torno a su tesis, como escritora de cartas y sobre la gestión que hizo con sus relaciones sociales para crear y fundar algunos de sus conventos.
A través de una entrevista, Gómez cuenta cómo, entre rezo y rezo, Teresa de Jesús gestionaba voluntades, desafiaba convenciones y convertía la clausura en el epicentro de una revolución administrativa y espiritual sin precedentes.
Pregunta: ¿Por qué Teresa de Jesús ingresó en un convento?
Respuesta: Cuando murió su madre, ella tenía alrededor de 13 años y por su padre, pasó un tiempo en el convento agustino de Nuestra señora de Gracia en Ávila y ahí la convivencia con una amiga suya le hizo ver ese tipo de vida. Incluso las lecturas que tenían ahí le fueron transformadoras.
A partir de ese momento comenzó a preguntarse si ese era el camino, porque ella no había sido nunca "amiga” de hacerse monja, a pesar de que contara que en la infancia existían esos juegos de hacerse monja.
Todo esto lo cuenta ella misma en su libro más biográfico -Vida-, donde también menciona que reflexionó sobre que la vida en el matrimonio no era fácil para una mujer. Así que fue una elección vital bastante autónoma, porque su padre la sintió al inicio.
También compartida con otras mujeres. Ya lo de la fe más fuerte vendría años adelante. Y sin duda, influyó en que otras parientas lo eligieran o entrara en contacto con ello aunque luego se casaran.
¿Estuvo mucho tiempo Teresa en Toledo?
Ella con la familia nunca habita en Toledo. No hay reminiscencias en sus textos sobre ese origen toledano; siempre es un poquito más hacia Ávila y hacia otros parientes que se van a otras ciudades.
Pero si que consta cuando estuvo como religiosa, asistiendo a doña Luisa de la Cerda en el Palacio de Mesa aproximadamente medio año. Sí que tenemos testimonios, por ejemplo en sus cartas, que siempre pasa por Toledo para ir a otros lados y también vuelve a gestionar las fundaciones y a veces pasa más o menos tiempo, pero a través de varios años.
También otro tema que nos interesa en nuestro proyecto (Ibercosmopolis) es la presencia por escrito. Y sus cartas sí que pasan por Toledo todo el tiempo, para gestionar asuntos, pero también para que sean transmitidas a otros sitios.

¿Qué hay de la Teresa judeoconversa, heredera de una familia que fue judía toledana: los Cepeda?
A día de hoy está comprobado ese origen judeoconverso gracias a investigaciones pioneras de Teófanes Egido. Es un tema conflictivo o polémico por claras razones. También es verdad que fue una cuestión que se había maquillado, disimulado, incluso desde tiempos en que los familiares utilizaban documentación para probar condición de “cristianos viejos”.
Teresa no se detiene en su origen cuando escribe sobre sí misma, no da datos sobre esos orígenes. Siempre lo hará más sobre su familia más próxima o sobre ciertos parientes en Ávila, pero nunca escribió nada sobre esos orígenes judíos de su familia toledana.
El padre de Teresa inició un pleito familiar con sus hermanos para ser reconocidos como hidalgos, es decir, para obtener ciertos privilegios como no pagar ciertos impuestos, tener un prestigio social y a pesar del riesgo de la identificación como judeoconversos.
Y no les fue mal porque mantuvieron ciertos privilegios en Ávila y consiguieron establecerse de forma acomodada con relaciones sociales en esa ciudad. Así que sin minimizar el impacto de esta condición judeoconversa, también vemos que hay un campo de acción que permitió a ella y a sus familiares sortearlo, contar con herramientas para tener un campo de acción propio, con intereses propios y no de forma traumática.
¿Por qué la Inquisición de Córdoba, que no sabía que Teresa era judeoconversa, se fija en ella? ¿Cuál es el problema? El miedo: ¿Por qué temen a Santa Teresa? ¿O por qué sospechan de Santa Teresa y en qué año?
Teresa fue investigada por el Tribunal de la Inquisición de Córdoba entre 1574 y 1575, aparece como monja carmelita en Ávila, muy religiosa y con un libro de revelaciones
más profundo que el de Santa Catalina de Siena. Es sospechosa de heterodoxa, en unos momentos en los que Europa se estaba partiendo por la mitad entre protestantes y católicos.
Aunque sus orígenes eran judíos, no fue investigada por sospechas de judaísmo sino de iluminismo, en un contexto en el que también se vigilaba a las beatas. Es una época de control de la experiencia religiosa y por eso vigilan a Teresa, por temor a rozar lo herético por el peso en la experiencia.
Finalmente también le fue bien, gracias en pare a los círculos sociales y religiosos con los que estaba relacionada Teresa y que tenía que ver con religiosos (y damas nobles) en
Malagón, en Toledo, en Andalucía, etcétera.
Su propuesta fue compartida por más personas y muestra de ello son las relaciones que gestó en Toledo. Es doña Luisa de la Cerda, la dama noble con la que se hospeda en la Casa de Mesa (hoy en la Plaza de San Román), la que le avisa que el inquisidor mayor, el arzobispo de Toledo, Gaspar de Quiroga, estaba de su lado. Teresa recibió múltiples calumnias en su vida, pero frente a ellas estas, también iba habiendo otras buenas alianzas que aprobaban y favorecían esa religiosidad promovida por ella.
Fue ahí cuando saltó la expresión que aún conocemos de que Teresa una era monja “inquieta y andariega”, que fue como llamarla desobediente. Precisamente Teresa insistía en cuidar su posición en una Iglesia jerarquizada. Por eso se volvió una experta también en dinero y en todo tipo de gestiones, en cómo autogestionar su patrimonio, sus fundaciones, cómo tomar el control absoluto de su proyecto más allá de la jerarquía de hombres que dirigían la Orden.

¿Santa Teresa fue una de las promotoras de una mayor y mejor formación que muchas de las monjas de su círculo?
Si podemos encontrar a Teresa como una promotora de la lectura, de la escritura y precisamente de sus cartas. Y es que realmente hay una intención de hacer una comunicación organizada y no solo ella como la fundadora y la religiosa que gobierna esta nueva orden de monjas, sino también haciendo que las demás religiosas, las prioras, las que están en frente de cada una de las casas de los conventos estén comunicadas entre unas y otras a través de las cartas.
Es fundamental que lean y escriban, en un tiempo en el que precisamente se vigilaba que las mujeres pudieran hacerlo. Teresa impulsa todo eso. Y es que no solo ella tuvo en algunas religiosas a secretarias, sino que también le ayudaban en cosas más prácticas. Por ejemplo, en preparar el papel con el que escribía. Alrededor de Teresa el mundo de la
escritura es algo fundamental.
Los textos nos hacen ver cómo ellas estaban relacionadas con otras personas y por ejemplo, consta de un memorial de hermandad que conservan en el convento de jerónimas de San Pablo, mostrando otras relaciones sociales en la ciudad.
También muestra se de ella la defensa de la cárcel que vivió Fray Juan de la Cruz aquí también en Toledo. Todo esto nos hace ver que para Teresa y para otras mujeres, que vivían en conventos, la escritura era una forma de vivir la religiosidad, pero también de estar en el mundo.

¿Hay mucha huella de Teresa en Toledo?
Toledo es una ciudad muy teresiana, tanto por los espacios en los que ella estuvo como Casa de Mesa, que sería un espacio neurálgico que permite ver cómo podía ir andando a diferentes iglesias como las Capuchinas, como Santo Tomé, como con los Jesuitas (colaboradores suyos).
Y también hace reflexionar cómo estaba solo a unos minutos de la parroquia de Santa Leocadia y de las casas que su familia paterna fue teniendo (en la actual Calle Tendillas) y que siguieron habitando a pesar de haber tenido que emigrar a Ávila.
Entonces, al final también nos hace ver y nos enseña cómo a pesar de estos procesos tan graves, la vida continuó y Teresa y las diferentes generaciones de su familia volvieron a Toledo y siguieron adelante, no sin ser estratégicos.







