
San Ildefonso de Toledo (607-667), que fue arzobispo de Toledo y era hermano del también arzobispo San Isidoro de Sevilla / El Greco
Esteban y Lucía se convirtieron en padres en el año 608. Se opusieron a la vocación de su hijo hasta perseguirlo, pero sin salirse con la suya. San Ildefonso se refugió en el monasterio de Agali -lo que hoy conocemos como La Peraleda o las inmediaciones del Cigarral del Santo Ángel Custodio-, donde desarrolló parte de su vida. Años más tarde, ya con numerosas obras escritas en honor a la Virgen María, se convirtió en patrono de la ciudad, padre de la iglesia católica y arzobispo toledano.
Cuando Ildefonso era niño e iba a la escuela San Isidoro en Sevilla, seguro que no se imaginaba lo que casi 60 años después iba vivir y lo que se ha considerado como el milagro "más importante" de Toledo. Era tal su devoción por la Virgen que ésta, en el mes de diciembre del año 665, bajó del cielo y lo visitó en la iglesia -en el lugar donde hoy se encontraría la catedral- para regalarle una casulla. María apoyó sus pies sobre una piedra mientras cubría los hombros de San Ildefonso con el manto.
Dos años después, el 23 de enero del año 667 -en pleno dominio visigodo-, San Ildefonso fallece por causas naturales y es sepultado en la Iglesia de Santa Leocadia, templo que recibe el nombre de la que fue considerada la primera patrona del Toledo visigodo.
Pero a mediados del siglo VIII, los musulmanes acechaban la ciudad y ante el miedo generado tras la llegada de estos nuevos conquistadores, los fieles de San Ildefonso decidieron salvar su cuerpo y trasladarlo a Zamora. Allí siguen sus restos menos una de sus extremidades: el dedo pulgar de la mano derecha. Un "robo" en 1674 en la ciudad del Duero, que hoy parece descansar en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo.
¿Leyenda o realidad?
Toledo tiene tantas historias como cuestas y calles estrechas. La ciudad de las tres culturas -o como bien dice el doctor en historia moderna, Felipe Vidales, de las tres religiones- convivió durante ocho siglos con musulmanes, cristianos y judíos. Así que, también existen numerosas leyendas y mitos que acompañan el legado de la ciudad que un día fue Tulaytula, y el patrón de Toledo también cuenta con alguna.
Tal vez lo que hizo una figura única a San Ildefonso no solo fue -según la fe que profese el lector- su episodio con la Virgen mientras cantaba himnos en su honor con sus clérigos en la iglesia. Tal vez, que este estudiante de Filosofía y Humanidades, que abrazó la vida monacal, fundase un monasterio de monjas tras la muerte de sus padres, y escribiera de numerosos temas -Sobre el progreso del desierto espiritual, por ejemplo-; o que, de manera elocuente, exaltara su fe en el parto virginal -"no quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto (...)", escribía en uno de sus textos- también lo hicieron un ser único en la época.
Detrás de San Ildefonso está la historia de su muerte y cómo los propios toledanos depositaron sus restos en Zamora. "Todo esto son leyendas que se crean e inventan para propagar la peregrinación y el culto a determinadas reliquias en ciudades que habían perdido protagonismo", aseguraba la historiadora, María Tausiet, cuando publicó en 2013 El dedo robado. Historia basada en la aparición en la catedral del hueso del pulgar del santo patrón miles de años después.
"A finales del siglo XVI era fundamental que las imágenes de culto tuviesen además una gran antigüedad, casi inmemorial, y que contasen con unas biografías cuajadas de milagros, y apariciones milagrosas", asegura la profesora de la Universidad de Princeton, Cloe Cavero. Alonso Villegas, clérigo de la época, construyó una historia "nueva" para la Virgen del Sagrario. El entonces canónigo, García de Loaysa y Girón, le habló de unos documentos encontrados en la catedral "que revelaban la verdadera historia" de la patrona de Toledo.
Y a Villegas le pareció el hilo perfecto para empezar a desarrollar la historia y remontarse a la época de San Ildefonso y así asegurar que, "la talla de madera recubierta de plata -de la imagen de la Virgen del Sagrario- no era del siglo XIII". Esta era la imagen favorita de San Ildefonso -según Villegas-, y la Virgen, cuando bajó de los cielos a visitarlo, estaba justo enfrente de ella rezando. Desde entonces, la madre de Toledo cogió prestigio hasta convertirse en lo que hoy conocemos: una de las fiestas más importantes de la ciudad.
Y así es como el patrón toledano, que no lo fue siempre desde su muerte -desde el 20 de enero de 1915 hasta hoy- lleva siendo arropado durante siglos con su leyenda. Desde la aparición de la Virgen, hasta el traslado de sus reliquias a Zamora por el miedo a la invasión musulmana; pasando por un robo miles de años después de su dedo pulgar, que parece estar a día de hoy en la catedral. Como la piedra donde se posó María cuando visitó a San Ildefonso, la cual hoy es el centro de la Capilla de la Descensión de la catedral. ¿Cómo conservaron los musulmanes ese símbolo cristiano cuando fue mezquita durante casi cuatro siglos? ¿O es esta otra de las reliquias inventadas a posteriori?










