Escuchar el murmullo de una multitud, sentir el ajetreo en las calles o ver el destello de cientos de teléfonos móviles capturando un instante es algo habitual para muchas personas. Otras, en cambio, llevan años esperando tener la posibilidad de poder vivir momentos así.
Es el caso de algunos de los diecisiete internos del centro penitenciario de Ocaña I que este Martes Santo participaron en la procesión de la Cofradía de la Santa Caridad, en el Casco Histórico de Toledo. Una salida de prisión que les permitió "conectar con la vida social real" y que les supuso "un soplo de aire fresco".
Todos ellos fueron protagonistas de un acto que trasciende lo puramente religioso para convertirse en un símbolo de esperanza y compromiso social, que rompe con "el día de la marmota" que supone la vida entre muros y que estimula la reinserción social que promulga la Constitución Española.
"Es una cosa nueva para mí, agradable, sorprendente y que me alegra mucho", señala Roberto, mientras que para José Luis se trata de una cita "muy bonita y significativa". Ambos -cuyo nombre es ficticio-, junto a otros internos, compartieron con Toledodiario.es impresiones y expectativas sobre esta experiencia y, también, de su día a día en prisión.
En su salida de Ocaña, durante la tarde, pudieron visitar la Catedral, merendar en un bar del Casco Histórico y prepararse para el desfile religioso. Pasadas las nueve y media de la noche, salieron de la iglesia de las Santas Justa y Rufina junto a los más de doscientos hermanos que forman parte de la que es la cofradía más antigua del mundo -celebra este año su 940 aniversario-.
Sensaciones de libertad tras los muros
Para los participantes, la jornada fue una montaña de emociones. Roberto lleva casi 12 años en prisión y aunque no se considera creyente, destaca cómo formar parte de esta iniciativa le permite reconciliarse con una sociedad que ahora ve con otros ojos: "Antes era muy antisocial, pero ahora me gusta ver cómo la sociedad disfruta con estas cosas".
Por su parte, José Luis y Javier, ambos con un profundo sentimiento religioso, resaltan el valor cultural y espiritual de la procesión. Para ellos, es un día "inolvidable" que les permite conectar con sus raíces y con la "vida social". Destacan la "energía" del momento, especialmente tras haber portado previamente a la Virgen de la Merced en el propio centro penitenciario.
Uno de los testimonios más conmovedores es de Alex, un interno de 70 años que vive el acto con una "emoción brutal". Para él, la fe y estas salidas son el motor que le ha salvado de momentos de profunda desesperación. "Ojalá que en todas las cofradías hiciesen esto", asevera, anticipando su intención de integrarse en la de la Santa Caridad una vez salga de prisión.
También tuvo palabras de agradecimiento para la directora y la subdirectora de Ocaña I, "doña Zoraida y doña Andrea", "dos personas que de verdad han cambiado completamente lo que es el centro penitenciario. Les han motivado -a los internos-, le ha dado nueva energía y un nuevo impulso -al centro-", subraya.
"Disfrutamos muchísimo e intentamos pasarlo lo mejor posible", exponen por su parte David y Florencio, que reconocían tener "un pelín de nervios" pese a ser el segundo año que participan en esta procesión, una actividad con la que también generan entre ellos un sentimiento de "compañerismo".

Una apuesta por la dignidad y la inclusión real
La iniciativa de que los internos participen en la procesión -y que comenzó el pasado año- tiene su raíz en una visión humanista y evangélica. Fernando Redondo, mayordomo de Finados de la Santa Caridad y uno de los artífices de la propuesta, señala que un pasaje de Mateo recoge "...estuve en la cárcel, y vinisteis a verme...". "No dice qué delito, solo que Jesús estuvo en la cárcel. Entonces, en cada uno de ellos, en cada interno del centro penitenciario, para nosotros está Jesús", explica momentos antes de la salida de la procesión.
Para la hermandad, esta colaboración no es solo un acto de fe, sino de "inclusión real" y "solidaridad", donde los internos no son juzgados por sus delitos, sino acogidos como "hermanos". "Supone más para nosotros que para ellos, porque nos dan una enseñanza de vida, de caídas, de seguir luchando a pesar de todo... y luego, también, es un aprendizaje ante la sociedad".
Esta Cofradía, explica, no entiende la caridad como discurso, sino como "verdad encarnada". "Habla de una hermandad que sabe que la misericordia solo es creíble cuando se acerca al dolor, cuando se atreve a tocar las heridas y cuando pone rostro a quienes demasiadas veces quedan apartados".
La procesión
Tres de los internos vistieron con el hábito negro propio de la Santa Caridad, con la cabeza cubierta y guantes verdes, y se situaron delante de la imagen del Cristo de la Misericordia y Soledad de los Pobres que portaron entre el resto de internos, rotando entre ellos mismos de ocho en ocho.
Una multitud se congregó a su salida de la parroquia mozárabe y en la parte inicial del recorrido, hasta la plaza de Zocodover. Allí se unió también a la procesión, coincidiendo con el primero de los responsos que hacen a lo largo del recorrido -en lugares donde ajusticiaron a personas de cuyos cadáveres se hacía cargo la Cofradía-, el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves.
Al ritmo de un tambor desafinado -el único instrumento que acompaña esta procesión- se dirigieron hasta la calle Santa Fe para continuar su bajada por Cervantes, donde el cortejo comienza a hacerse más íntimo y silencioso hasta que, unas horas cuatro horas después, regresan de su periplo por el Casco Histórico a la misma parroquia mozárabe.
El trabajo invisible tras la reinserción
Desde el punto de vista técnico, esta salida concertada es también resultado de un esfuerzo coordinado del personal del centro. Jara, psicóloga de Ocaña I, explica que estas actividades son vitales para romper el "día de la marmota" que supone la vida en prisión. "Para ellos es otro planeta; estar fuera es impresionante", señala.
"Alguno, a nivel de sus creencias, está muy emocionado, pero aparte está saliendo gente que llevaba mucho tiempo sin salir a la calle. Entonces, yo creo que también están muy impresionados de conectar con el aire, de poder ver la calle, la gente", agrega.
De su lado, Nati Maíllo, funcionaria de vigilancia interior, enfatiza que el centro Ocaña I se distingue por un trato "familiar y humano". "Es una preparación para la vida en libertad. Les damos la herramienta para demostrar que podemos confiar en ellos", explica, subrayando el impulso de estas políticas de apertura por parte de la Dirección.
En este sentido, señala que además de esta procesión, los internos participan en carreras solidarias -como hicieron hace unos días en la sexta edición de 'Brilla por ellos'-, visitas a institutos para concienciar a adolescentes sobre los peligros de las drogas o, como también harán próximamente, al Museo del Prado en otro iniciativa con la colaboración de la Santa Caridad. Estas iniciativas buscan que el interno se sienta "parte de la sociedad" y que la sociedad, a su vez, pierda el miedo y comprenda que la reinserción es posible.
Al caer la medianoche, los diecisiete internos regresan al centro no solo con el recuerdo de la procesión, sino con la confianza renovada de que hay un futuro esperándoles más allá de los muros. Como resume Alex: "Muchos están equivocados en la vida, pero tienen la necesidad de luchar".





















