Sabrin Yermak, la concejala que soñó de niña con cambiar el mundo: "No me gustaría ser adolescente en el Torrijos de hoy"

La edil socialista, que prometió su cargo el pasado 16 de julio, defiende una oposición centrada en los servicios públicos y el ocio juvenil. Su historia, marcada por una infancia entre Torrijos y Marruecos, explica la manera en la que entiende hoy la política

Sabrin Yermak siempre vuelve. Viaja, trabaja lejos del hogar que la vio crecer y sigue descubriendo mundo sin importarle estar a miles de kilómetros de los suyos. Ella siempre vuelve a Torrijos.

El pasado 16 de julio, tomó posesión como concejala del Ayuntamiento de Torrijos. Lo ha hecho con 30 años, en el último año de una legislatura y con la ilusión y el objetivo que siempre le ha movido desde las entrañas: representar a los vecinos de su pueblo desde la institución donde siempre imaginó que podían cambiarse las cosas.

PUBLICIDAD

Advertisement

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Llega al cargo en un mandato marcado por el pacto entre PP y Vox, pese a que el PSOE fue la candidatura más votada en las últimas elecciones municipales. Desde la oposición asegura que quiere hacer una política cercana, "con los pies en la calle", pendiente de los problemas cotidianos y de quienes sienten que el Ayuntamiento "ha dejado de pensar" en ellos.

Pero entender cómo concibe la política obliga a retroceder unos años atrás. Durante una conversación con ToledoDiario.es, Sabrin recuerda aquella niña que aprendió a mirar el mundo desde su casa.

Sabrin tras prometer el cargo de concejala en Torrijos/ Imagen cedida

"La infancia es el sitio desde el que entiendo quien soy"

La mezcla de olores entre el incienso y la cocina de su madre, la transportan a momentos cotidianos junto a su hermano; a adivinar qué plato tendrían encima de la mesa al volver del colegio. "La infancia nunca ha sido un lugar al que volver con nostalgia, porque es el sitio desde el que entiendo quién soy".

Recuerda los bailes de fin de curso, las tardes en la piscina municipal, las noches jugando en el parque, las fiestas del pueblo y los veranos en Marruecos junto a unos abuelos que siguen presentes en casi todas sus historias.

Nunca habla de dos vidas distintas. Habla de una sola. "Siempre he aprendido de un espacio y del otro. Explicaba a mis amigos qué era el Ramadán y al llegar a casa contaba a mis padres como era una verbena manchega".

Y quizás ahí esté el origen de todo. Mucho antes de afiliarse a un partido, la política ya estaba sentada en la mesa de su casa.

Mientras comían se hablaba de guerras, de pobreza, de desigualdad, de actualidad internacional y de las noticias del día. Sus padres nunca entendieron aquellas conversaciones como algo reservado para los adultos. Querían que sus hijos supieran que el mundo no era igual para todos.

"El típico 'cómete todo, que hay niños que no tienen qué comer' convivía con debates sobre lo que estaba pasando fuera", recuerda.

Aquella educación también dio lugar a pequeños proyectos que hoy sigue recordando con orgullo y que ayudaron a que parte del pueblo se abriera con otras culturas.

"Recuerdo que la gente no sabía qué era el Ramadán y mi madre y unas amigas montaron en la plaza un mercadillo de dulces típicos cuando acabó el mes; o con otras madres de amigos míos españolas del AMPA, se impartían clases de árabe en el cole gratis -a las que iban por ejemplo, amigos míos españoles que nada tenían que ver con Marruecos-. Clases que Vox se empeña ahora en prohibir".

Este tipo de limitaciones, que siempre han tenido buena acogida en Torrijos, es algo que la concejala no termina de entender. "Hay que estar muy desubicado para querer prohibir el quinto idioma más hablado del mundo en un colegio público".

Sabrin en Bruselas, donde trabaja actualmente/ Imagen cedida

El invierno que cambió su manera de entender la política

Si la infancia le enseñó el valor de la convivencia, la adolescencia terminó de convencerla de que la política servía para transformar las cosas. Cursaba tercero de la ESO cuando los recortes en educación llegaron al I.E.S. Alonso de Covarrubias, su instituto.

Se quedaron sin calefacción, desaparecieron las excursiones y muchos alumnos de otros pueblos empezaron a pagar el transporte escolar. "Las injusticias dejaron de ser una noticia para convertirse en algo que vivíamos nosotros".

Y empezó la movilización. Los martes, ella y varias amigas y amigos más, viajaban a Toledo para participar en las manifestaciones contra aquellos recortes. Allí conoció a otros jóvenes que entendían que defender la educación pública también era una forma de hacer política.

Cuando cumplió la edad mínima se afilió a las Juventudes Socialistas. "No fue porque quisiera dedicarme a esto. Fue porque quería hacer cosas por la gente".

Sabrin tras prometer el cargo de concejala en Torrijos/ Imagen cedida

"La infancia es el sitio desde el que entiendo quien soy"

La mezcla de olores entre el incienso y la cocina de su madre, la transportan a momentos cotidianos junto a su hermano; a adivinar qué plato tendrían encima de la mesa al volver del colegio. "La infancia nunca ha sido un lugar al que volver con nostalgia, porque es el sitio desde el que entiendo quién soy".

Recuerda los bailes de fin de curso, las tardes en la piscina municipal, las noches jugando en el parque, las fiestas del pueblo y los veranos en Marruecos junto a unos abuelos que siguen presentes en casi todas sus historias.

Nunca habla de dos vidas distintas. Habla de una sola. "Siempre he aprendido de un espacio y del otro. Explicaba a mis amigos qué era el Ramadán y al llegar a casa contaba a mis padres como era una verbena manchega".

Y quizás ahí esté el origen de todo. Mucho antes de afiliarse a un partido, la política ya estaba sentada en la mesa de su casa.

Mientras comían se hablaba de guerras, de pobreza, de desigualdad, de actualidad internacional y de las noticias del día. Sus padres nunca entendieron aquellas conversaciones como algo reservado para los adultos. Querían que sus hijos supieran que el mundo no era igual para todos.

"El típico 'cómete todo, que hay niños que no tienen qué comer' convivía con debates sobre lo que estaba pasando fuera", recuerda.

Aquella educación también dio lugar a pequeños proyectos que hoy sigue recordando con orgullo y que ayudaron a que parte del pueblo se abriera con otras culturas.

"Recuerdo que la gente no sabía qué era el Ramadán y mi madre y unas amigas montaron en la plaza un mercadillo de dulces típicos cuando acabó el mes; o con otras madres de amigos míos españolas del AMPA, se impartían clases de árabe en el cole gratis -a las que iban por ejemplo, amigos míos españoles que nada tenían que ver con Marruecos-. Clases que Vox se empeña ahora en prohibir".

Este tipo de limitaciones, que siempre han tenido buena acogida en Torrijos, es algo que la concejala no termina de entender. "Hay que estar muy desubicado para querer prohibir el quinto idioma más hablado del mundo en un colegio público".

Sabrin en Bruselas, donde trabaja actualmente/ Imagen cedida

El invierno que cambió su manera de entender la política

Si la infancia le enseñó el valor de la convivencia, la adolescencia terminó de convencerla de que la política servía para transformar las cosas. Cursaba tercero de la ESO cuando los recortes en educación llegaron al I.E.S. Alonso de Covarrubias, su instituto.

Se quedaron sin calefacción, desaparecieron las excursiones y muchos alumnos de otros pueblos empezaron a pagar el transporte escolar. "Las injusticias dejaron de ser una noticia para convertirse en algo que vivíamos nosotros".

Y empezó la movilización. Los martes, ella y varias amigas y amigos más, viajaban a Toledo para participar en las manifestaciones contra aquellos recortes. Allí conoció a otros jóvenes que entendían que defender la educación pública también era una forma de hacer política.

Cuando cumplió la edad mínima se afilió a las Juventudes Socialistas. "No fue porque quisiera dedicarme a esto. Fue porque quería hacer cosas por la gente".

“Siempre diré que soy el resultado de la educación púbica, bilingüe y de calidad, de profesores torrijeños o que trabajaron en Torrijos que me enseñaron durante años a tener una vocación. Me marché fuera de Castilla-La Mancha porque no estaba la carrera que quería estudiar. Y ahora, no solo está aquí, sino que la primera matrícula es gratis, y es gracias a la educación pública”, explica Sabrin destacando la importancia que ha tenido en su trayectoria la educación pública.

"No me gustaría ser adolescente en el Torrijos de hoy"

Después de años formando parte de las listas socialistas, Sabrin Yermak ocupa hoy un asiento en el pleno municipal. Y cuando habla de la situación de Torrijos, vuelve continuamente a aquella adolescente que fue.

"Lo que me pasa ahora es que pienso en el pueblo y no me gustaría ser una adolescente en el Torrijos actual". La concejala hace un balance por las diferentes medidas que ha llevado a cabo la coalición entre PP y Vox durante tres años.

Considera que el cierre del Centro Joven ha dejado "sin un espacio gratuito" de encuentro a muchos adolescentes durante el invierno. También lamenta que la piscina municipal se haya abierto -el pasado sábado 25 de julio- a mitad de verano por la "falta de planificación" de unas obras, el "aumento" del precio de actividades municipales o que parte del ocio de las fiestas haya pasado a ser de pago.

"El ocio no puede depender solo de quien pueda pagarlo. No puede depender únicamente de la actividad de los bares, aunque nos encante ir. Tiene que existir una alternativa pública", reclama la socialista. "Cuando pienso en la piscina, en el Centro Joven o en las actividades municipales, pienso en lo importantes que fueron para nosotros. Y la educación pública me dio oportunidades que probablemente no habría tenido de otra manera".

No quiere ser la excepción

¿Te sientes un referente? Cuando a Sabrin se le hace esta pregunta asegura que ella no quiere ser la excepción. "Soy socialdemócrata, gracias a Dios", bromea.

El islam forma parte de su identidad, pero rechaza que esa sea la primera etiqueta con la que se la defina. Le preocupa, eso sí, que las niñas musulmanas crezcan hoy escuchando discursos que antes no eran tan habituales. "Cuando era pequeña no vivía ese clima".

Su aspiración es sencilla. Que llegue un momento en el que nadie se sorprenda porque una concejala tenga un apellido distinto o unos padres que un día emigraron buscando un futuro mejor.

La niña que todavía sigue ahí

Sabrin Yermak siempre vuelve. Vuelve al mercadillo de los sábados. Al Carnaval. A las fiestas de septiembre de la Sementera. A los veranos en Marruecos. A las calles donde creció. Porque cuanto más tiempo pasa fuera, más entiende todo lo que le dio su pueblo.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría que la recordaran dentro de unos años no habla de grandes proyectos. Ni siquiera menciona la política. "Que la gente recuerde que siempre podían hablar conmigo".

- ¿Qué le dirías hoy a aquella niña que soñaba con cambiar el mundo?

- "No tengas miedo. Va a ser una pasada".

Sabrin no solo se ha convertido en la concejala de su pueblo. Sabrin es esa política que crece sin perder de vista a la niña que un día hizo la maleta convencida de que un mundo mejor era posible.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Scroll al inicio