¿Quién te llevará flores, Timoteo?

Es tan doloroso pensar que una familia ha tenido que esperar casi 90 años para enterrar a sus familiares que resulta casi demencial que esto se haya permitido en una sociedad como la española

Desde hace unas semanas, los restos de Agustín y Timoteo descansan, por fin, en el cementerio de la pequeña localidad de Mesegar de Tajo. Me gusta pensar en que los acompaña también ese paisaje tan bello como poco reconocido de la Castilla de las riberas del Tajo. El cielo amplio que ha acogido a las dos víctimas de la represión franquista junto a los campos todavía verdes hasta que se vuelvan amarillos con el calor estival, acurrucados por el murmullo lejano del río.

Es tan doloroso pensar que una familia ha tenido que esperar casi 90 años para enterrar a sus familiares que resulta casi demencial que esto se haya permitido en una sociedad como la española. La violencia arrasó con todo: incluso con la memoria, rescatada con la punta de los dedos por personas tan excepcionales como el investigador Francisco González, quien en su papel de David moderno se enfrentó al Goliat del olvido y le ganó.

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Fue Francisco quien tuvo que enterrar a Timoteo, un joven que fue colgado cuando apenas contaba con 17 años de edad. Miremos a nuestro alrededor: ¿qué hace la chavalada de 17 años? Todo se le arrebató a Timoteo. Su memoria. Su legado. Una vida truncada antes de empezar realmente. Ya no había familia quien buscase su cuerpo. El tiempo, esa arma implacable.

¿Quién llevará ahora flores a Timoteo Higuera Ocaña? La recuperación de la memoria y la dignificación de la vida de estas personas no es solo una tarea familiar. Mesegar de Tajo lo ha dejado claro: el cierre de estas heridas históricas es un cometido que nos afecta a todos.

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