Persianas alineadas y colchones en el suelo para estudiar: Marisol vuelve al lugar donde se hizo enfermera

Fue alumna de la sexta promoción de la Escuela de Enfermeras de la Seguridad Social de Toledo entre 1974 y 1977. Esta semana ha vuelto a pisar el edificio por primera vez desde entonces, justo cuando la Diputación prepara su transformación en una residencia universitaria

Hay edificios que cambian de uso. Y hay edificios que, para algunas personas, nunca dejan de ser lo que fueron.

Para María Soledad Rodríguez, la antigua Escuela de Enfermería de Toledo sigue siendo, casi cincuenta años después, el lugar donde pasó de tener 17 años a convertirse en enfermera. Este miércoles ha vuelto a cruzar sus puertas por primera vez desde 1977. Lo ha hecho mientras la Diputación de Toledo prepara una nueva vida para el inmueble: convertirlo en una residencia universitaria con alrededor de 400 plazas para estudiantes.

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"¡Uf!", es lo primero que le sale cuando le preguntan qué ha sentido al regresar. "La piel…". No encuentra una palabra concreta para resumir lo que supone volver a un lugar que marcó una etapa tan temprana de su vida.

Rodríguez llegó allí con 17 años y salió tres años después, con 20. Entre 1974 y 1977 cursó sus estudios de Enfermería, entonces vinculados a la Universidad Complutense de Madrid, como integrante de la sexta promoción de la Escuela de Enfermeras de la Seguridad Social de Toledo.

"Yo entré con 17 años y salí con 20", recuerda. Y no era solamente estudiar. Para muchas de aquellas jóvenes suponía también abandonar por primera vez el entorno familiar y adentrarse en una forma de vida completamente distinta.

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"Era salir de tu casa y estar en un internado y era completamente distinto", explica. Ella había estudiado en Carmelitas y algunas de sus compañeras también llegaron desde allí. Aquella escuela fue, por tanto, mucho más que el lugar donde aprendieron una profesión: fue también el escenario de una parte decisiva de su juventud.

Las persianas tenían que estar todas a la misma altura

La memoria de Marisol está llena de pequeños detalles. Algunos pueden parecer insignificantes hoy, pero son precisamente los que mejor conservan la vida cotidiana de aquel lugar. Uno de ellos tiene que ver con las persianas.

La residencia tenía entonces unas normas estrictas. Antes de ir a cenar, las alumnas tenían que abandonar la llamada "zona noble", situada en la primera planta, dejando todas las persianas exactamente al mismo nivel.

"Os parecerá una tontería", cuenta, pero recuerda perfectamente aquella imagen del edificio: todas las persianas alineadas. La costumbre se quedó con ella para siempre. Tanto que todavía hoy, cuando tiene una doble persiana en el salón de su casa, procura que ambas estén al mismo nivel.

"Mi marido dice: '¿Estás loca?'. No, tienen que estar al mismo nivel", cuenta entre risas.

Las habitaciones, eso sí, eran individuales. Aunque la individualidad tenía sus límites cuando llegaba la noche y las estudiantes tenían ganas de seguir juntas. A las once sonaba el timbre y tocaba regresar a las habitaciones. Pero aquello no impedía que algunas se desplazaran discretamente de una habitación a otra.

Recuerda especialmente a Conchi, la monitora de planta, una mujer ya mayor que, según Marisol, era sorda. Cuando sonaba el timbre, las alumnas se quedaban "pegaditas" para que no las descubriera mientras ella bajaba hasta el lavadero para comprobar que no se habían dejado una plancha encendida o un grifo abierto. "Bueno, a lo mejor creíamos que no se enteraba y era benevolente y nos dejaba", recuerda.

Colchones en una habitación para estudiar juntas

Pero si hay una escena que resume aquellos años es la de los exámenes. Los profesores llegaban desde Madrid para examinar a las alumnas. La noche anterior, ellas se organizaban para estudiar juntas. Quitaban los colchones de las habitaciones y los llevaban a una sola estancia.

"Fíjate qué os voy a contar", introduce antes de recordar aquella escena. Colchones por el suelo, todas juntas, repasando antes de los exámenes y tratando de rebajar los nervios. También había tiempo para el compañerismo y para esa complicidad propia de quienes comparten una etapa tan intensa de la vida. "Y a estar juntas también", recuerda.

Han pasado casi cinco décadas, pero aquellas amistades no se quedaron en los pasillos de la escuela. Marisol cuenta que las integrantes de aquella promoción celebraron juntas los 25 años y que ahora preparan un nuevo reencuentro: en 2027 cumplirán 50 años desde que terminaron sus estudios.

Del título de ATS al de graduada en Enfermería

Su trayectoria profesional y académica también ha acompañado los cambios que ha vivido la propia profesión. Marisol conserva su título de ATS y posteriormente obtuvo el de graduada en Enfermería tras realizar el curso de adaptación al grado, una formación que la obligaba a desplazarse a Madrid todos los miércoles, desde las cuatro hasta las nueve de la tarde.

Ese recorrido le permite mirar ahora hacia atrás con una perspectiva especialmente amplia: desde aquella joven que llegó a una residencia con 17 años hasta la profesional que décadas después regresa a un edificio que está a punto de comenzar otra etapa. Porque la antigua Escuela de Enfermería está a punto de volver a tener estudiantes.

Visita a la antigua Escuela de Enfermería de Toledo / Imagen: Óscar Huertas

La Diputación de Toledo, propietaria del inmueble tras adquirirlo por algo más de dos millones de euros, prevé reservar una partida en 2027 para redactar el proyecto técnico de la futura residencia universitaria, que contará con alrededor de 400 plazas. La institución provincial sitúa su puesta en funcionamiento en un horizonte aproximado de año y medio a dos años una vez redactado el proyecto y ejecutadas las obras.

El edificio, que llevaba prácticamente abandonado desde los años 80 -aunque una de sus plantas fue utilizada posteriormente por Proyecto Hombre-, afronta así una transformación que devolverá a Palomarejos una parte de aquella vida estudiantil que un día tuvo.

Y quizá para Marisol haya algo especialmente simbólico en ello. Ella entró allí siendo una adolescente y salió convertida en enfermera. Casi 50 años después, vuelve a recorrer aquellos mismos espacios mientras se prepara para que otras generaciones de estudiantes vuelvan a vivirlos.

En 2027, además, regresará con sus antiguas compañeras para celebrar aquel medio siglo desde que terminaron la carrera. Será entonces cuando, probablemente, vuelvan a aparecer muchas de aquellas historias. Y quizá también alguien compruebe que las persianas siguen quedando todas a la misma altura.

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