Patrimonio de la Humanidad, patrimonio común, patrimonio vendido al mejor postor

Idea fuerza (como diría la IA): Esto no va de que te leas el artículo, esto va de que vayas hoy a la presentación de la Unión Popular de Inquilinos en Santa Bárbara (en la avenida de Santa Bárbara, 31, bis), y mañana en el casco histórico (Urbana, 6, calle del Barco, 2 -en ese centro cultural inexistente que es Cisneros). Esto va de reaccionar

Si regresamos a las palabras, cuando un bien es declarado patrimonio de la humanidad automáticamente se convierte en un bien que una mayoría legitimada considera digno de ser protegido, salvaguardado y de gestión pública para garantizar que las generaciones presentes y futuras puedan aprender de él, disfrutar con él o dialogar con él y avanzar en la civilización que somos. Todo muy bonito. Sobre el papel se sostiene genial. Hablamos de bosques, de fiestas, de monumentos o de ciudades y parajes enteros.

Pero ¿qué ocurre cuando la administración elegida por la ciudadanía falla en esa salvaguarda, cuando los guardianes de los bosques los queman, esquilman y explotan convirtiéndose en extractivistas de nuestra cultura? ¿Qué ocurre cuando los políticos se creen con el derecho de ‘imaginar’ solitos qué hacer con todo ese patrimonio de la humanidad?¿Qué pasa cuando ese patrimonio está parcelado en edificios, monumentos, o plazas y la administración no vigila que los propietarios de esas parcelas -viviendas o trozos de tierra- los cuiden y protejan para las generaciones presentes y futuras, sino que se convierten en cómplices, cuando no en protagonistas, de un expolio que ya era denunciado en el siglo XIX por nuestros periodistas? Aparte de frotarse las manos, ellos y sus amigos

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Pues pasa que aquello que es de todos, patrimonio de la humanidad o comunes, sucumbe ante la rapiña despiadada y codiciosa de los que se llaman a sí mismos toledanos de pro. Por ir aterrizando la cosa y que entendamos de qué narices estamos hablando. Pasa que una gestión de los comunes (el patrimonio) que debería ser decidida entre todas las vecinas, es mercancía vendible: te alquilo la casa, la calle, a la policía, y la catedral para tu congresito, tu boda o tu videíto. ¿Quieres un hotel? Espera que te recalifico la ciudad y echamos a los vecinos a la periferia, y así disfrutan gratis del puidefú ¡WTF!

Ya lo decía bien alto la canción ‘Tendrá que ser así’, de Rhodes y Chello, somos patrimonio de la humanidad. Hoy en día, nuestros jóvenes músicos, nadie en realidad, podría imaginar una letra como la de esa canción porque ya nadie puede venirse a vivir aquí, a no ser que sea millonario ¿no lloráis?

Las viviendas del casco histórico de Toledo no las vende un ente imaginario, las venden personas, a veces las mismas personas a las que se les llena la boca defendiendo la magna historia de la ciudad imperial, o sus herederos. Y las venden a fondos buitres, empresarios sin escrúpulos, españoles, coreanos o franceses dispuestos a poseer la tierra en la que tan bien se les da hacer negocios de memoria histórica. Tienen nombres y apellidos y todos los conocemos. Y lo permiten las autoridades, los políticos -a veces coincide que son los mismos, no te vayas a engañar- ¿Y la oposición? Ni está ni se le espera: no hables demasiado alto, que luego nos tocará a nosotros.

Las venden y tiran de sus casas a las vecinas de toda la vida, gentes que se ven obligadas a vivir en la calle, a dormir en el albergue de Cáritas hasta que un amigo les dé cobijo y si hay suerte consigan una habitación. Un cocinero en Toledo cobra 1.200€ al mes, si tiene que dedicar el 30% de su salario a una casa, necesita una vivienda de 360 euros, una vivienda, no solo un techo. Vivienda de vivir, y vivir no es morir. Las personas no somos cerdos de vuestra granja extractivista. ¿O sí?

Los apartamentos turísticos no los gestionan entes imaginarios, los acumulan y gestionan personas que viven en nuestra ciudad, muchos de ellos vecinos dispuestísimos a ayudarte en tu mudanza. Las viviendas de lujo, cuchitriles en los que solo se puede vivir de paso, solo pueden ser alquiladas o compradas por gente muy concreta, de mucha pasta, vamos: ya sabéis entonces lo que quieren para nuestras ciudades. Los pobres (y cada vez somos más) al guetto, a la granja. Todo muy perverso, sí. Y luego hay caseros maravillosos, que no te suben el alquiler, que te escuchan y te entienden y que tratan de que te quedes en la vivienda, a veces luchando contra su propia familia: no seas tonto, hombre, vende ahora, haz el negocio de tu vida. Elegir entre un modelo u otro es una cuestión de moralidad. Humana o cristiana, llámala como quieras. Elige tú.

Aquí se juntan varias casuísticas, el derecho a la vivienda para poder desarrollarnos como personas, solas o en comunidad -sea esa comunidad una pareja, familia, un grupo de amigas o un ser no humano- y el derecho a gestionar nuestros comunes, en este caso nuestra ciudad, patrimonio de la humanidad o no. Ambos derechos están siendo atropellados por todas las administraciones y por todos los políticos porque cuando toca es que ni la oposición está. No señores, no puede prosperar un hotel que ha impedido que 200 personas tengan casa en Toledo y ha expulsado en silencio a bastantes vecinas; no podemos comulgar con quien ha echado ya a tres familias y pretende echar a tres más: una pareja de jubilados, uno de ellos enfermo que no cobran entre ambos ni 1200 euros, una persona enferma y una mujer jubilada ¿dónde van a ir? No podemos ni debemos permanecer calladas ni al margen, es nuestra ciudad, son nuestros vecinos y futuros vecinos, es el futuro de nuestros hijos lo que está en juego.

Esta semana es la semana de la lucha por la vivienda, en Toledo, la movilización brilla por su ausencia, nos pinchan y es que no sangramos. Hay un grupo de jóvenes recorriendo los barrios para presentar la Unión Popular de Inquilinos, queriendo ayudar y vivir aquí -sí, esos mismos jóvenes que dices que no se mueven, madre mía- y ¿qué hacemos? Miramos para otro lado, porque ¡ay, nosotras tenemos techo!… por ahora. Y queda muy bien tener un carnet de vecino, privilegios de vivir aquí. Igual mañana tu casero te sube el alquiler, te tira o tu madre decide vender la casa en la que crees vivir cómodamente, o trocearla, sin que te afecte que tu ciudad caiga a tus pies, dios no lo quiera, hija. En fin, que sí, que no vamos a discutir, total, ¿para qué, verdad? Este no es el sitio.

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