"Que las cosas sean de una manera no significa que no se puedan cambiar". La frase aparece casi al final de una conversación de más de una hora con Hugo y Héctor, los dos jóvenes toledanos que forman Nivel 11, pero podría servir también como declaración de intenciones de un proyecto musical que ha encontrado en el rap una forma de hablar de aquello que les preocupa.
Entre esas preocupaciones hay una especialmente presente y de rabiosa actualidad: la vivienda. Hugo y Héctor tienen 22 años, son de Toledo y se conocen desde el instituto. Hugo estudia quinto de Arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Toledo y Héctor Interpretación en la Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), en Madrid.
Se acercaron al rap durante la cuarentena, cuando tenían 16 años, casi como un experimento entre amigos. Héctor ya rapeaba y propuso hacer un tema juntos. Hugo comenzó encargándose de la producción y, poco a poco, acabó escribiendo también sus propias letras.
Desde entonces han pasado por años de aprendizaje hasta convertir aquello que comenzó como una afición en un proyecto musical que, especialmente en los últimos dos años, ha empezado a adquirir una identidad propia. Y esa identidad está muy vinculada a la manera en la que ambos miran su entorno.
"La vivienda no es un yogur"
Uno de los temas que mejor resume esa mirada es 'Las casas no son yogures', una canción que nace de una reflexión sobre la vivienda como derecho y sobre la forma en la que se ha convertido en un bien sometido a las dinámicas del mercado. El propio título procede de una frase que Hugo escuchó durante una mesa redonda a Sebastià Jornet, urbanista y profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya.
"La vivienda no debería entenderse como un producto de consumo con fecha de caducidad. Y no es ni va a ser nunca un producto que se rija por la ley de la oferta y la demanda por una razón geográfica y temporal. En primer lugar, porque no es cuestión del número de casas, sino de cómo esté planificada la ciudad", explica Hugo.
Para Nivel 11, dónde se construye es tan importante como cuánto se construye. Una vivienda alejada de los centros de trabajo, de los servicios o del transporte público puede no resolver los problemas de acceso a la vivienda y generar, al mismo tiempo, nuevas dificultades de movilidad y dependencia del vehículo privado.
"La ciudad se hace a lo largo de un proceso muy largo en el tiempo", apunta Hugo. Planificación, gestión, urbanización y construcción forman parte de un proceso en el que intervienen diferentes agentes y que puede prolongarse durante años. Por eso considera que el debate sobre vivienda debe incorporar también el debate sobre el modelo de ciudad.

La vivienda también es identidad
Para estos dos jóvenes toledanos hablar de tener una casa no es únicamente hablar de poder pagar un alquiler o de disponer de un lugar donde dormir. También es hablar del barrio, de los vínculos y de la identidad.
"El barrio donde creces, donde desarrollas tus vínculos, de repente verlo echado a perder o que no se hace nada creo que no solo te afecta, sino que también te lleva a una idea de pasotismo", reflexiona Héctor.
Su planteamiento conecta directamente con el concepto que inspira el título de uno de sus trabajos, 'Habitar el nombre', una idea que parte de una reflexión de la filósofa Marina Garcés sobre la relación entre la identidad de cada persona y el entorno que la rodea.
"No puedes conocerte a ti mismo sin ser consciente de todo lo demás. El hecho de pasear por calles, salir los viernes con tus amigos por el barrio, por el parque, es hacer un espacio hostil o que pueda llegar a ser hostil, hogar o tu casa. Es hacer que sea un espacio tuyo", explican.
Toledo también forma parte de la canción
La mirada de Nivel 11 se detiene inevitablemente en Toledo. Hugo considera que la ciudad arrastra problemas relacionados con la integración de sus barrios y con un modelo de crecimiento que ha generado grandes distancias entre algunos de ellos.
"En Toledo, en general, como ciudad, tenemos un problema de integración de los barrios", afirma. El problema, explica, está relacionado también con la baja densidad de determinados ámbitos y con la dificultad para mantener servicios como el transporte público cuando los barrios están demasiado separados.
Para él, el debate sobre el futuro de Toledo debería partir de otra pregunta: qué ciudad necesitan realmente sus habitantes. No se trata únicamente de seguir creciendo.
"Antes de pensar en que la ciudad vaya a crecer, hay que plantear cuáles son las necesidades que tenemos", sostiene. Y esas necesidades también pasan por la movilidad, el acceso a los servicios, la gestión del agua y la forma en la que se ocupa el territorio.
"Parece que de repente llegan los problemas, llegan las riadas y nos lo encontramos todo por sorpresa, pero la realidad es que el territorio se conoce desde hace siglos".
La dificultad de ser artista en Toledo
El proyecto de Nivel 11 crece, además, desde una ciudad en la que, según cuentan, todavía existen dificultades para que los artistas jóvenes puedan desarrollar sus proyectos. La escena de las batallas de rap ha crecido en los últimos años, pero ellos consideran que faltan espacios estables para los conciertos.
"No hay muchos espacios para bolos, ni para dar conciertos. Además, la mayoría de las actuaciones suelen concentrarse en eventos con varios artistas, donde cada uno dispone de pocos minutos. Y alquilar una sala por cuenta propia puede resultar complicado por los precios", explican.
Precisamente por eso quieren dedicar una de sus próximas canciones a la cultura en Toledo. Será una mezcla de rap, reggae y ska y para construirla quieren hablar con personas que hayan vivido la evolución de la escena cultural de la ciudad.
"No queremos que sea una crítica porque sí", aseveran. Quieren escuchar a músicos, artistas y personas vinculadas al sector para entender qué ha cambiado y qué podría mejorar.
Nivel 11 y el futuro
Hugo y Héctor no saben dónde estará Nivel 11 dentro de cinco años. Su proyecto, cuentan, ha avanzado siempre sobre la marcha. Ahora mismo la prioridad es terminar sus estudios, aunque no descartan que, si la música continúa creciendo, puedan llegar las salas, alguna gira o incluso algún festival. "Por hablar de sueños...", imaginan entre risas.
Mientras tanto, preparan nuevas canciones y siguen construyendo su proyecto sin desprenderse de aquello que lo ha definido desde el principio: hablar de lo que conocen. Y ahí vuelve a aparecer la vivienda.
Porque para dos jóvenes de 22 años que estudian, crean, viven y se mueven entre Toledo y Madrid, hablar de vivienda no es hablar de una cuestión abstracta. Es hablar del lugar en el que quieren poder quedarse, de los barrios que quieren conservar, de las ciudades que quieren transformar y de la posibilidad de construir un futuro sin tener que marcharse de ellas.
"Que las cosas sean de una manera no significa que no se puedan cambiar", reivindican. Y quizá ahí esté también la esencia de Nivel 11: utilizar el rap no solo para describir la ciudad que tienen, sino para preguntarse qué ciudad quieren habitar.

















