Toledo conserva importantes vestigios de su pasado romano, pero todavía hay incógnitas sobre cómo se configuró la ciudad y qué espacios estuvieron ocupados en cada etapa histórica. Las excavaciones arqueológicas realizadas en enclaves como el entorno del Cristo de la Luz, el claustro de la Catedral y la Mezquita de Tornerías han permitido documentar distintas fases de ocupación, aunque en los espacios estudiados no se han encontrado evidencias romanas que permitan acreditar su presencia durante ese periodo.
Esta ausencia es una de las claves de la revisión del urbanismo histórico de Toledo que plantea el arqueólogo Arturo Ruiz Taboada, quien defendió el pasado miércoles, durante una conferencia en el salón de actos de Santa Fe, la necesidad de reinterpretar la evolución de la ciudad a partir de los datos arqueológicos y no únicamente de las hipótesis heredadas de la historiografía.
El investigador, que ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional al estudio arqueológico de Toledo, considera que todavía quedan importantes lagunas sobre la organización de la ciudad antigua, pese a la abundancia de estudios y publicaciones existentes.
"Pretendo ir más allá de lo de siempre", explicó durante su intervención, en la que reivindicó el análisis estratigráfico -el estudio de los distintos niveles de ocupación del suelo- como una herramienta fundamental para comprender cómo se transformó la ciudad a lo largo de los siglos.
Su propuesta parte de una idea: la presencia romana en Toledo está ampliamente documentada, pero eso no significa que todos los espacios del actual casco histórico estuvieran ocupados durante esa época. La orografía, las pendientes y las profundas vaguadas del terreno habrían condicionado el crecimiento urbano y la ubicación de los edificios.

Tres enclaves para revisar la historia de Toledo
Ruiz Taboada centró buena parte de su exposición en tres espacios que permiten comparar las distintas fases de ocupación de la ciudad: el Cristo de la Luz, el claustro de la Catedral y la Mezquita de Tornerías.
En el primero, las excavaciones permitieron documentar una secuencia arqueológica que incluye restos de distintas épocas, pero no evidencias romanas ni visigodas en el área estudiada. La ausencia de estos vestigios resulta especialmente significativa por la relación del enclave con uno de los accesos históricos de Toledo.
El arqueólogo destacó que la falta de restos también aporta información para reconstruir el pasado. En su opinión, las características del terreno ayudan a explicar por qué algunos espacios pudieron quedar al margen de la ocupación urbana durante determinados periodos.
Una situación similar se observa en el claustro de la Catedral. Las excavaciones realizadas en este ámbito han permitido documentar diferentes fases históricas, incluida una ocupación visigoda, pero no han proporcionado evidencias suficientes para acreditar una presencia romana en la secuencia arqueológica estudiada.
Ruiz Taboada relacionó este resultado con la topografía del enclave, situado en una vaguada con importantes desniveles. La diferencia de cotas respecto a las zonas más elevadas del casco histórico habría dificultado la construcción y condicionado su incorporación al tejido urbano antiguo.
Estos ejemplos llevan al investigador a cuestionar las interpretaciones que extienden de manera generalizada la ocupación romana a todo el espacio de la ciudad histórica. La clave, sostiene, está en analizar cada enclave a partir de las evidencias materiales conservadas y de su contexto estratigráfico.
Tornerías, una pieza clave para entender el Toledo visigodo
La Mezquita de Tornerías fue uno de los principales focos de la conferencia. Las investigaciones desarrolladas en el edificio han permitido identificar una compleja secuencia arqueológica que abarca distintas etapas históricas y que ofrece nuevas claves sobre la evolución de este sector del casco histórico.
"Fue un lujo" poder trabajar sobre un edificio de estas características, señaló Ruiz Taboada al referirse a las condiciones de la intervención y a la posibilidad de estudiar directamente sus estructuras desde una perspectiva arqueológica.
En el subsuelo se han documentado evidencias de ocupación carpetana y visigoda, además de las fases posteriores vinculadas a la evolución del inmueble. Sin embargo, al igual que sucede en el claustro de la Catedral, el análisis presentado por el arqueólogo no identifica restos romanos en la secuencia estudiada.
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo ha sido la revisión de la interpretación de determinadas estructuras que durante años se habían relacionado con la arquitectura romana. Según explicó Ruiz Taboada, algunos elementos se habían atribuido a una posible construcción de esa época, incluso vinculada a una infraestructura hidráulica.
El estudio de las técnicas constructivas, los materiales y la configuración de los arcos llevó al equipo a replantear esa interpretación. Entre los elementos analizados figuran un arco de herradura, una estructura circular que el investigador interpreta como parte de un ábside y otros componentes arquitectónicos que apuntan a la existencia de un edificio monumental de planta basilical.
A partir de estas evidencias, Ruiz Taboada plantea que el inmueble conserva una importante fase constructiva visigoda. La reconstrucción de su configuración original y de sus posibles funciones, no obstante, requiere distinguir entre las distintas etapas y transformaciones que experimentó el edificio.
El arqueólogo subrayó que su interpretación se basa en datos arqueológicos contrastables y que debe entenderse como una hipótesis científica abierta a nuevas investigaciones.
La expansión urbana hacia las vaguadas
Más allá de los edificios estudiados, Ruiz Taboada expuso una hipótesis sobre la transformación del urbanismo toledano a partir del siglo VII: la progresiva ocupación de las vaguadas, espacios que hasta entonces habrían presentado importantes dificultades para la construcción.
El investigador relaciona este proceso con la necesidad de encontrar nuevas superficies edificables en una ciudad condicionada por su particular relieve. La ocupación de las zonas más elevadas y las limitaciones físicas del cerro habrían favorecido la expansión hacia sectores menos accesibles.
En este contexto, la construcción de edificios monumentales como el que propone identificar en Tornerías habría contribuido a modificar la organización de esos espacios durante la etapa visigoda.
La hipótesis abre nuevas preguntas sobre la configuración de la ciudad en ese periodo, la ubicación de sus principales edificios y la relación entre los espacios religiosos y el resto del tejido urbano.
Ruiz Taboada también señaló que todavía quedan áreas por investigar para comprender la relación entre el casco histórico y otros enclaves de Toledo, como la Vega Baja.
Durante la conferencia, el arqueólogo planteó asimismo la posibilidad de que exista un teatro romano aún por descubrir en el entorno situado frente a Tornerías. Se trata de una hipótesis de investigación que deberá contrastarse con futuras evidencias arqueológicas.

Los restos que faltan también cuentan
La intervención concluyó con una reivindicación del papel de la arqueología en la reconstrucción de la historia de Toledo. Para Ruiz Taboada, las fuentes documentales y los estudios históricos son imprescindibles, pero no siempre bastan para explicar cómo se organizó materialmente la ciudad.
El análisis estratigráfico permite identificar las distintas fases de ocupación, establecer relaciones entre los restos y revisar atribuciones cronológicas anteriores. También ayuda a comprender por qué determinados espacios se incorporaron al tejido urbano en unas épocas y no en otras.
La investigación del Cristo de la Luz, el claustro de la Catedral y la Mezquita de Tornerías muestra, según la interpretación del arqueólogo, que la evolución de Toledo fue desigual y estuvo condicionada por las características del terreno.
Pese a la abundancia de vestigios romanos conservados en la ciudad, siguen abiertas preguntas sobre la extensión de su urbanismo, la ocupación de las zonas más escarpadas y las transformaciones que se produjeron durante la etapa visigoda.
La propuesta de Ruiz Taboada pasa por seguir investigando, revisar las interpretaciones existentes y contrastar las hipótesis con los restos materiales. Porque, en arqueología, lo que todavía no se ha encontrado también puede ayudar a explicar cómo se construyó la ciudad que conocemos hoy.



















