Miles de personas beben 'agua de la virgen' en botijo en el 800 aniversario de la Catedral de Toledo

Beber empinando estas vasijas de barro se ha convertido en un homenaje a la patrona de la ciudad y una seña de identidad toledana

Un año más, miles de toledanos y visitantes han cumplido con la tradición de beber el 'agua de la virgen' el 15 de agosto, con motivo de la festividad de la Virgen del Sagrario. Este año ha coincidido con la celebración de una relevante efeméride: el 800 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Catedral de Toledo.

​Desde las 7 de la mañana se han ido rellenando los característicos botijos con agua del aljibe del Claustro de la Catedral, espacio que acoge este evento. ​Beber empinando estas vasijas de barro se ha convertido en un homenaje a la patrona de la ciudad y una seña de identidad toledana. Cada año suelen repartirse en torno a 10.000 litros de agua.

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"Es la tradición de este día y solemos venir siempre que podemos", relata una vecina toledana tras refrescarse con uno de los botijos que disponen en este día. El deseo que pide, afirma, es "salud para todo el año".

Otro de los asistentes a la cita cuenta a ToledoDiario.es que es la primera vez que participa en el evento. "Es interesante, no esperaba que hubiera tanta gente. Es una pasada, muy bien ambiente, con el botijo te refrescas a la vez que te hidratas".

Juan Manuel, uno de los visitantes que se ha acercado también esta mañana a la Catedral, subraya que es un evento "muy bonito" en, a su parecer, "la ciudad más bonita de España". Eso sí, señala que el agua, aunque está "buena", "no está tan fresquita como un botijo en Castilla".

Por su parte, Emilio, que suele bajar cada año desde Argés, indica que acude todos los años a la cita con familiares y amigos. "Con que el año que podamos bajar otra vez está bien", apunta sobre el deseo que pediría al beber del botijo.

Mitos y leyendas sobre su origen

El médico Juan de Mata Moraleda y Esteban, empleado municipal el Ayuntamiento de Toledo a finales del siglo XIX y miembro de varias academias españolas y extranjeras, relata en uno de sus trabajos -La Virgen del Sagrario de Toledo y su Basílica (1891)- que un año de fiesta, debido al habitual calor de esta época veraniega, “un niño noble estuvo a poco de perecer en los brazos de su madre”. “Le rociaron con el agua de las cisternas del claustro y volvió en sí. Desde aquella fecha, el agua se distribuye gratis al pueblo en dicha festividad y tomó el nombre de 'agua de la virgen'”, agregaba en dicho texto.

Esta historia la desarrolla también Juan Luis Alonso, académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (Rabacht), en el blog Leyendas de Toledo. En un artículo describe que tras terminar una tarde de celebración en el claustro, “la multitud comenzó a desfilar fuera de la catedral, incrementando de forma notable la sensación de calor asfixiante”.

El hijo de uno de los asistentes sufrió “un repentino desvanecimiento por tales calores y apreturas, creyendo todos los que le vieron que había muerto”. Sin embargo, tras arrojarle el agua de los pozos, “recobró el aspecto habitual de forma inmediata”, añade sobre dicha leyenda.

De la misma manera, Alonso recoge otro episodio referido al origen de esta tradición y que apunta a la finalización de las obras de la Capilla de la Virgen del Sagrario en el siglo XVII, cuando se realizaron ocho días de fiestas en acción de gracias. También debido al intenso calor, “numerosos fieles abandonaban la catedral para refugiarse en lugares más frescos –si cabe-”, por lo que “las autoridades eclesiásticas de la época ordenaron la construcción de tarimas para distribuir jarras rebosantes de aguas cristalinas provenientes de los pozos”.

No son las únicas memorias que se conservan sobre esta práctica. Otra leyenda, más conocida popularmente, cuenta cómo la imagen de la Virgen del Sagrario habría sido lanzada al pozo del claustro para “salvarla de la invasión musulmana”. La imagen se rescató y las aguas en las que estuvo fueron protagonistas de milagros como los que se conocen, así como también para tratar “curaciones” de quienes las consumen.

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