Isabel García Castro (Toledo, 1997) es una de esas músicas que llevan el nombre de Toledo por bandera en los escenarios internacionales. Violonchelista de formación y actualmente afincada en Heidelberg (Alemania), forma parte de Spark-Die klassische Band, un grupo que está rompiendo esquemas en el panorama musical europeo al fusionar la música clásica con géneros como el pop, el rock o la vanguardia.
Con motivo de sus conciertos de este fin de semana en Madrid (en el Auditorio Nacional el sábado 24 de octubre) y en su tierra natal (en el Teatro de Rojas el domingo 25), conversamos con ella sobre sus raíces, el vértigo del éxito internacional o la filosofía de una banda tan singular.
De la Escuela Municipal de Toledo a los escenarios internacionales
Pregunta: Empecemos por el principio, echando la vista atrás. Tu historia con la música arranca muy de pequeña aquí en Toledo, ¿cómo recuerdas esos primeros pasos?
Respuesta: Mis padres no eran músicos, pero mis amigas y yo nos apuntamos a la Escuela Municipal de Música Diego Ortiz después del colegio. Empecé con las clases de música y movimiento. A la hora de elegir instrumento fue un poco curioso porque yo no sabía cuál escoger. Fue mi padre el que tuvo que hacer cola en la escuela para coger horario e instrumento. Como él tampoco tenía ni idea y vio que había muchas plazas libres de violonchelo porque la profesora era nueva, los profesores le animaron: "¡Apunta a tu hija a violonchelo!". Volvió a casa y me dijo: "Pues te he apuntado a violonchelo, vamos a ver qué es eso". ¡Ninguno de los dos sabía muy bien lo que era!
¿Y cómo fue esa infancia compaginando las primeras clases con un instrumento tan exigente?
Al principio me costó un poco adaptarme a la rutina de estudiar sola en casa siendo tan pequeña; se me hacía un poco bola. Me encantaba ir a clase, tocar con otros compañeros y hacer música, pero el momento de estudiar en casa requería mucha disciplina. Al final, con el paso de los años, te vas adaptando, maduras la idea de querer dedicarte a esto profesionalmente y todo resulta más fácil.
Tras tu paso por la Diego Ortiz y el Conservatorio Jacinto Guerrero de Toledo, tu carrera despegó hacia Suiza y Alemania. ¿Cómo se vive ese salto geográfico y personal?
Sí, después estuve en Lugano y luego en Lucerna (Suiza), y más tarde me vine a Heidelberg, en Alemania, tras ganar una plaza como asistente de solista en una orquesta. Vivir en Alemania y aprender un idioma nuevo desde cero mientras estudias el instrumento, buscas trabajo y te haces a otra cultura se hace duro al principio. Hablo alemán todos los días, pero sigo cometiendo errores. Es un esfuerzo grande, pero merece la pena por todo lo que disfrutas en el camino.
Spark: una banda clásica que rompe moldes
¿Cómo definirías el concepto de Spark y qué papel juega tu violonchelo en una formación tan atípica?
Es un grupo muy especial y único. Los fundadores son flautistas de flauta dulce. El instrumento se suele asociar a la música barroca o medieval, pero ellos lo llevan a un terreno muy moderno. Lo combinan con un piano, mi violonchelo y, a veces, violín o viola. Es una mezcla explosiva de clásica, pop, jazz, rock y música contemporánea. Lo más bonito es que no hay un repertorio preestablecido antiguo para esta formación: ¡los arreglos y las obras los creamos y adaptamos nosotros mismos desde dentro!
Justo de eso habla vuestro último programa, Bohemian Spirit, que podremos escuchar este fin de semana. ¿Qué se va a encontrar el público en vuestros conciertos en Madrid y Toledo?
Bohemian Spirit está inspirado en las culturas de la bohemia, con guiños a la música centroeuropea, piezas de la ópera Carmen de Bizet, suites de Lieder poco conocidas y un concepto muy libre y bohemio del arte. Queremos que la gente descubra que la música clásica no es algo estático ni aburrido, sino una experiencia viva que te atrapa desde el primer compás.
"Queremos que la gente descubra que la música clásica no es algo estático ni aburrido, sino una experiencia viva que te atrapa desde el primer compás"

¿Creéis que esta frescura es la clave para conectar con las nuevas generaciones y los públicos más jóvenes?
¡Totalmente! El gran problema de la música clásica actual es que, si no te enseñan a escucharla desde pequeño o no te suena, te puede costar más conectar. En Spark buscamos exactamente eso: que alguien que venga a vernos descubra melodías nuevas, disfrute de ritmos enérgicos que recuerdan al rock o al pop, y a la vez se quede prendado de la belleza de un compositor clásico.
El reencuentro con Toledo y el Teatro de Rojas
Este fin de semana actuáis en Madrid y hacéis parada en Toledo, concretamente en el Teatro de Rojas. ¿Qué emociones te recorren al volver a casa con un proyecto de este calibre?
¡Uf, muchísimas emociones y también bastantes nervios! Cada vez que toca volver paso por fases de ilusión desbordante y de pensar: "Oye, ¿y si luego no va bien?". Es una responsabilidad enorme porque juegas en casa frente a tu gente, tu familia y los amigos de toda la vida. Además, recuerdo que la última vez que toqué en el Teatro de Rojas fue precisamente en el concierto de fin de grado de mi etapa en el conservatorio. Volver ahora con Spark es un sueño cumplido.

Para terminar, ¿qué consejo le darías a todos esos jóvenes estudiantes de música de Toledo que te puedan ver hoy como un referente?
Que confíen plenamente en lo que hacen y que no tengan prisa por encajar en moldes prestablecidos. Yo nunca habría imaginado acabar tocando en un grupo con dos flautas dulces, un piano y un violonchelo por toda Europa. Hay que estudiar con disciplina, pero sobre todo mantener la mente abierta, no cerrarse a ningún estilo (ya sea clásico, improvisación o modernidad) y disfrutar haciendo música desde la pasión.














