El conocido refrán 'año nuevo, vida nueva' no cumple con su significado en lo que respecta a la situación del Tajo a su paso por Toledo. Por enésima vez, el mes de enero trae consigo una de las estampas que reflejan el estado de contaminación que sufre el río con la aparición de capas de espuma blanca a su paso por la ciudad.
Este incidente se viene repitiendo de manera puntual en los últimos años durante el invierno, aunque hay imágenes que muestran episodios similares ya en el año 1967, cinco años antes de que se hiciera efectiva la prohibición de baño en el río en la provincia por su contaminación.
No obstante, desde hace algún tiempo no se había registrado ningún acontecimiento similar. Pero el pasado jueves, 1 de enero, las espumas volvieron a aparecer en el cauce del río, siendo visibles en imágenes tomadas en la senda ecológica como las que ilustran este artículo. También se pudieron ver estas capas de espuma en el arroyo de la Degollada, en el Valle.
La Confederación Hidrográfica del Tajo señalaba que la aparición de espumas "en el tramo urbano no responde a un único origen o fuente". "El análisis que hacemos en CHT apunta a distintas fuentes de contaminación pero también físicas como la temperatura o la presencia de azudes", apuntó su presidente, Antonio Yánez, en una visita a Toledo.
¿Por qué se producen estas espumas?
Ante las hipótesis que se manejaban cada vez ocurría este suceso, con el objetivo de ofrecer una explicación científica con mayor detalle, la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss presentó en mayo de 2024 un informe sobre la contaminación del río Tajo a su paso por Toledo y las posibles causas de la generación de espumas.
La investigación se basó en un análisis cualitativo y cuantitativo de los datos registrados en las diferentes redes de control de calidad del agua, de los caudales circulantes y de los vertidos autorizados en el tramo entre la desembocadura del río Jarama en río Tajo y la ciudad de Toledo, recogiendo distintos días de presencia de espuma en esos años.
A pesar de las limitaciones contempladas en cuanto a la calidad de los datos que registró, la Cátedra del Tajo UCLM-Soliss pudo establecer una asociación entre los episodios de espumas y el alto grado de contaminación del río. En concreto, demostró que los días en los que se registró presencia de espuma había, por término medio (y mediano), mayor concentración de amonio y fosfatos en el agua del río Tajo que en el conjunto de la serie histórica.
"Los vertidos analizados son, mayoritariamente, de origen urbano, lo que está asociado a la presencia de tensoactivos, que son los responsables directos de la generación de espumas en situación de turbulencia creada por los azudes de la ciudad, y que han sido inferidos a través de los elevados valores de amonio y fosfatos", señalaba la Cátedra.
En este sentido, aclaraba que las aguas residuales provenientes del río Jarama son la principal causa de la contaminación del río Tajo, aunque precisaba que también existen otras fuentes de contaminación en su camino hacia Toledo que contribuyen a la degradación de la calidad del agua.
Más allá de la aparición puntual de estas espumas, la situación del río sigue estando presente en el debate político tanto por la actuación de las administraciones en la gestión de este recurso hídrico -como con la espera de la aprobación de unas nuevas de reglas de explotación del trasvase Tajo-Segura- como por las derivaciones que continúan aprobándose o las actuaciones que se llevan a cabo desde el Ayuntamiento de Toledo para el control de vertidos y las sanciones que recibe la ciudad por este asunto.












