Ubicado en una esquina junto a la Catedral de Toledo, el Museo del Queso Manchego (MQM) se prepara para celebrar sus 10 años de trayectoria. Lo que comenzó como un proyecto personal de Teresa y su marido Celes, se ha consolidado como un espacio educativo y comercial dedicado a proteger y difundir la cultura del auténtico Queso Manchego, un producto con más de 42 años de historia protegida por su Denominación de Origen (DO).
Se trata de un proyecto que nació del esfuerzo y la unión familiar. La historia del MQM es, ante todo, la de una familia que apostó por Toledo tras trasladarse desde Madrid en 2007 por vínculos personales de sus hijas. Con un pasado emprendedor, aunque en otros sectores, Teresa y Celes -quienes se casaron el mismo año en que se fundó la DO Manchego (1982)- decidieron transformar un antiguo banco abandonado en un lugar de divulgación.
En este inmueble de la calle de Sixto Ramón Parro comenzaron a desarrollar de manera artesanal un espacio que ya es un referente en la divulgación de la cultura gastronómica de Castilla-La Mancha. Teresa diseñó los primeros murales de las salas del museo con cartulinas y fotografías, a la vez que recorrían pueblos de la región en busca de utensilios tradicionales, como mesas de desuerado de Cuenca o tarros de ordeño antiguos, para dotar al local de alma y autenticidad.
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"Somos una piña", afirma Teresa en una entrevista con Toledodiario.es, en la que destaca que sus hijas son también parte fundamental de la gestión diaria de MQM. Un establecimiento que no es solo una tienda o un museo gratuito ya que se presenta también como un espacio de resistencia contra la confusión de lo que es un auténtico queso manchego.
Con más de 300 queserías en la zona, solo unas 70 cuentan con la certificación oficial de la DO. La misión de la familia es educar al visitante para distinguir el auténtico manchego -elaborado exclusivamente con leche de oveja de raza manchega en municipios específicos de Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Albacete- de otros quesos que utilizan el nombre "de forma indebida" o con cierta "picaresca".
El Consejo Regulador ha evaluado y certificado que el MQM está plenamente autorizado para usar la palabra "manchego" por su dedicación exclusiva al producto certificado. Por esta labor, la familia recibió también un reconocimiento institucional especial durante el 40º aniversario de la DO.
Una experiencia sensorial única
Uno de los atractivos del MQM, que cuenta con altas puntuaciones en plataformas como Google y TripAdvisor, reside en sus catas sensoriales en otro espacio diferenciado, cuyos precios oscilan entre los 8 y los 12 euros dependiendo del maridaje elegido.
En ellas, se aprende a diferenciar las curaciones (semicurado, curado y viejo) de este alimento certificado por la placa de caseína, el "DNI" del queso, a la vez que Celes recomienda el maridaje en base a su dilatada experiencia en vinos.
El MQM colabora con cerca de 25 queserías y, según apunta Teresa, priorizan a pequeños productores familiares que mantienen su propia ganadería, reforzando así el ciclo de calidad y tradición, la misma que ellos transmiten en la atención que prestan diariamente a su clientela.
"No queremos ser un establecimiento de comida rápida con turnos de gente; queremos atender a las personas como nos gustaría que nos atendieran a nosotros", explica Teresa, subrayando que el trato humano y la pasión por el producto son los pilares que han convertido a este otro "hijo" en una parada obligatoria para residentes y visitantes de todo el mundo.
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
- Museo del Queso Manchego de Toledo / Imagen: Toledodiario.es
Además de la zona del museo -que muestra oficios en vías de extinción, la historia y la elaboración del queso manchego- y la sala de catas, el MQM cuenta con una tienda especializada donde se puede adquirir no solo queso manchego, sino también una selección de vinos, aceites, azafrán, embutidos de venado y dulces típicos.
Dos hijas y un museo
A su entrada establecen también un control de aforos para asegurar que pueden atender a la gente como desean. La pasión por el producto y la atención familiar garantizan que la gente disfrute la cata y se lleve un buen recuerdo. Como metáfora de su dedicación, Teresa señala que montar el museo fue más largo que un embarazo: "Hemos tenido dos hijas y un museo".
El matrimonio se conoció en Madrid pero Celes tiene también orígenes en Sonseca por parte de la familia de su madre. Su padre trabajó en una quesería. De su lado, el abuelo de Teresa contó con una bodega en el puente de Vallecas. Raíces que, a la postre, les han unido en este oficio que sigue sorprendiéndoles cada día.
"El público que viene muy entregado, con muchas ganas de escucharnos y de aprender. Al final, vienes todos los días sin saber con quién vas a estar. Viene gente de todo el mundo. Es una pasada", traslada sobre la variada e internacional clientela que tienen cada día y que se refleja incluso en una curiosa colección de billetes con la que, a modo de propina, les han obsequiado sus huéspedes.
La familia sigue aprendiendo cada día sobre los avances y curiosidades del queso manchego, alimento al que siguen rindiendo culto y dando a conocer a quienes los visitan, haciéndoles disfrutar con su buen hacer y los buenos productos que se pueden encontrar en el MQM.

















