El Museo de Santa Fe de Toledo vuelve a abrir al público tras la marcha de la Colección Roberto Polo

Lo hará el próximo martes, 23 de junio, con visitas gratuitas a las salas musealizadas, a los restos arqueológicos y a la sacristía, donde también puede contemplarse una selección de obras del escultor toledano Alberto Sánchez

El próximo martes, día 23 de junio, el convento de Santa Fe de Toledo volverá a abrir sus puertas al público, permitiendo la visita a las salas musealizadas y a los espacios que albergan importantes restos arqueológicos, tras la marcha de la colección Roberto Polo.

Ubicado el Paseo del Miradero de Toledo, vuelve a recuperar parte de su esencia como museo. Se trata de un conjunto monumental único que superpone siglos de historia y se asienta sobre los antiguos palacios taifas mandados construir en el siglo XI por el rey Al-Ma'mun. Ahora vuelve a abrir sus puertas al público.

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Concretamente, los visitantes podrán recorrer las salas 1 a 5, así como el patio y el jardín, lo que supone la apertura de toda la planta baja del edificio, con excepción de la iglesia y de las salas de exposición actualmente cerradas.

Con ello, entre los principales atractivos del recorrido destacan los restos del antiguo palacio islámico, que data del siglo XI, la Capilla de Belén, la Capilla Calatrava y la sacristía, donde puede contemplarse una selección de obras del escultor toledano Alberto Sánchez.

Esta última muestra se compone de 22 obras, fechadas entre 1926 y 1962, que, precisamente, fueron depositadas hace 22 años en los almacenes del aledaño Museo de Santa Cruz tras el cierre del Museo de Arte Contemporáneo de Toledo, ubicado en la Casa de las Cadenas.

El horario de apertura será de lunes a sábado de 10.00 a 18.00 horas, y los domingos de 10.00 a 15.00 horas, con entrada gratuita.

Renovación del espacio

Esta apertura permitirá compatibilizar los trabajos de adaptación y renovación del espacio con motivo de la nueva propuesta museística, al tiempo que garantiza a la ciudadanía la posibilidad de seguir disfrutando y conociendo el rico patrimonio histórico y cultural que conserva el convento de Santa Fe.

La historia de este espacio es fascinante: el recinto es un palimpsesto sobre el que superponen huellas de los distintos periodos históricos de la ciudad. De hecho, los fragmentos islámicos se encuentran entrecruzados con la arquitectura medieval de los caballeros de Calatrava, orden militar que inició un extenso periodo de ocupación conventual del recinto, seguido por el breve paso por sus muros de la Orden de la Concepción Francisca.

Según precisa la guía de conventos de Toledo y el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha, el solar se encuentra “estratégicamente situado” en la cima del cerro que domina la vega del río Tajo y fue un lugar clave durante el periodo islámico como parte del recinto conocido como Al-Hizán, la muralla de la ciudad islámica del siglo X que todavía se conserva en parte.

Esta área, si bien se remonta al periodo cordobés, alcanzó su esplendor con los palacios ordenados edificar por el mencionado rey taifa al-Ma’mun durante el siglo XI. Después de la conquista cristiana de 1085, estos palacios fueron fragmentados y se integraron en los llamados ‘Palacios de Galiana’ que fueron ocupados por los primeros reyes cristianos de Toledo.

Los espacios acogieron después a diversas comunidades religiosas y militares que sufragaron nuevas construcciones y “enmascararon” a las primeras edificaciones. Así sucedió a partir de que Alfonso VIII entregara estos solares en 1210 a los caballeros de la Orden de Calatrava que instalaron una hospedería y levantaron la iglesia de Santa Fe que dota de nombre al complejo.

En el año 1494, el convento pasó a manos de las monjas concepcionistas encabezadas por Beatriz de Silva. Pero en 1503, la Orden de las Comendadoras de Santiago pasó a ocupar el recinto por decisión de Isabel la Católica. Esta orden militar permaneció en Santa Fe durante más de cuatro siglos. En 1855 el convento se vio afectado por las desamortizaciones y la comunidad se redujo a tan solo dos monjas.

Espacio museístico del Convento de Santa Fe / Portal de Cultura de Castilla-La Mancha

La orden de las Comendadoras de Santiago vendieron el convento al Banco de España en 1935 con el objeto de levantar un nuevo edificio, pero intervino Bellas Artes y evitó su demolición y propició la instalación de las ursulinas en el recinto. Poco después el conjunto sufrió las consecuencias de la Guerra Civil, especialmente duras por estar cerca del Alcázar. En 1943 las ursulinas de la Sagrada Familia de Loreto adquirieron el convento y lo habilitaron como centro de enseñanza.

El Convento de Santa Fe, después de las tribulaciones sufridas durante el siglo XX, resultó abandonado en 1973 hasta que el Estado se convirtió en propietario del inmueble a partir de 1979. En 2001 se delimitó el área afectada por protección que incluye también el contiguo hospital de Santa Cruz, hoy también museo.

Entre 2000 y 2003 se llevó a cabo la restauración del conjunto como ampliación del Museo de Santa Cruz. Tres años más tarde se acometió su restauración integral para su puesta en valor, con un importante programa de actuaciones arqueológicas.

El 'viaje' de seis años de la Colección Roberto Polo

En la actualidad, la iglesia está desacralizada y junto a otros espacios anexos forma parte de un conjunto que ha albergado durante seis años obras de la Colección Roberto Polo.

Bajo la denominación oficial ‘La Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha’, el espacio se inauguró en marzo de 2019 con el objetivo de ser un revulsivo. La iniciativa tomó forma tras el acuerdo del coleccionista cubano y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y también recaló en Cuenca un año después.

El objetivo fue exhibir una parte de su importante colección privada, “considerada una de las más relevantes de Europa”, en palabras del Gobierno regional, aunque en Toledo no ha terminado de funcionar y no ha estado exenta de polémica. En septiembre de 2025, el Ejecutivo daba por finiquitado el acuerdo y el pasado mes de abril comenzaron sus obras de desmontaje. El pasado mes de mayo ya no había rastro de la colección en el museo.

Roberto Polo en el nuevo Centro de Arte Contemporáneo de Toledo / Fidel Manjavacas

La colección de Roberto Polo llegó a reunir más de 7.000 piezas que abarcaban disciplinas como la pintura, la escultura, la fotografía y el diseño, de las cuales alrededor de 500 obras han formado parte de la exposición permanente.

Entre sus fondos destacaban artistas de primer nivel como Wassily Kandinsky, Paul Klee, Edgar Degas o Pablo Picasso, entre otros grandes nombres del arte. En su conjunto, ofrecía un recorrido que abarcaba desde las vanguardias históricas del siglo XX hasta las manifestaciones más representativas del arte contemporáneo.

Durante los seis años que han permanecido las colecciones en los dos espacios de Toledo y Cuenca, han atraído un total de 171.365 visitantes. Los datos disponibles para 2025, actualizados hasta agosto, dejan cifras aproximadas de 20.000 visitantes en Toledo y de 5.800 Cuenca.

Poco después de su marcha del Convento de Santa Fe de Toledo, la polémica siguió: una auditoría de la Cámara de Cuentas a la Fundación Roberto Polo, que se creó ad hoc para la gestión de la colección, desveló que en 2022 tenía “déficit acumulado” y resaltaba la “incapacidad económica” para sostener los museos con fondos propios.

Una situación "casi insostenible"

Aunque estos informes se aprueban siempre con mucho retraso (hablamos de cuatro años después), el informe del organismo de cuentas desveló una situación casi insostenible de esta iniciativa.

La Fundación Colección Roberto Polo (FCRPOLO) fue constituida en 2018 con el fin de gestionar y conservar los bienes de dicha colección, y en el año de la auditoría presentaba una situación marcada por la mejora de sus indicadores de solvencia. Pero hubo un “déficit acumulado” y “deficiencias en la formalización de activos y controles internos”.

Ahora, tras este 'viaje' de seis años, el Convento de Santa Fe quiere recuperar su esencia, la de sus propios espacios y vestigios de hace más de 15 siglos, un reflejo de la historia del arte arquitectónico, que también el crisol de civilizaciones y religiones tan propias y representativas de Toledo.

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