Carmen, la capataz que ha conseguido en Toledo que un paso lo lleven solo mujeres: "La Semana Santa también está amurallada"

La malagueña, afincada en la ciudad de las tres culturas, conversa con Toledodiario.es y comparte el procesoque ha vivido hasta conseguir ser la única hermandad en Toledo que lleva una imagen con costaleras y por qué

Ardales, un pueblo malagueño de la comarca de Guadalteba, vio dar los primeros pasos a Carmen Salud Cantos Martín. También forjó sus tradiciones. Y ahora, esta joven de 35 años ha conseguido que el mundo, aparentemente masculino, cofrade toledano haya avanzado.

Esta productora de eventos lleva en la sangre no solo la fe. Carmen ha hecho que Toledo sea su hogar convirtiendo también la Semana Santa en el refugio y cabida de muchas mujeres de la ciudad.

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Desde hace dos años y medio, la malagueña es capataz de la hermandad Jesús Nazareno y su Stma. Madre de los Dolores, que sale por las calles toledanas en el Sábado de Pasión.

Desde hace más de dos  años y medio, ella y más de una veintena de mujeres se convierten en los pies La Dolora en la víspera del Domingo de Ramos, junto con el Nazareno. Carmen comparte con Toledodiario.es el camino que ella y sus mujeres han tenido que recorrer para ser la única hermandad en Toledo que lleva una imagen con costaleras.

Pregunta: ¿Cómo comienza tu vinculación con la Semana Santa de Toledo y con la Virgen de los Dolores?

Respuesta: Empieza por un año que no pude ir a mi pueblo. Se me vino un poquito el mundo encima al verme sin estación de penitencia, sin titulares, sin Semana Santa, sin lo que ya no es sólo fe, sino lo que es mi tradición, mi cultura, mis raíces.

Busco en Toledo una hermandad y encuentro muchísimas trabas, porque muchas hermandades eran solo masculinas, y algunas en las que se tiene que aprobar que tú entres y otra serie de requisitos más que no podía cumplir, claro está.

Encontré uno con el nombre de Nazareno que me recodaba al de mi pueblo, y me pareció que, quizás, podría encajar. Mandé un mail, me contestaron en seguida y me invitaron al momento de vestir a los titulares.

Y La Dolorosa fue una sorpresa pero no se podía procesionar porque no estaba en las condiciones adecuadas. No había nada de la estética habitual a la que yo estaba acostumbrada pero me acogieron como una familia y fue lo que hizo que quisiera quedarme.

Carmen Salud Cantos Martín, capataz de La Dolorosa/ Imagen cedida

¿Cómo nace la iniciativa de que a la Virgen la lleven solo mujeres?

Ese mismo año se celebraron unas nuevas elecciones y el presidente me ofreció entrar dentro de esas juntas directivas. Y digo que sí. Inesperadamente, a finales de ese año también aparece una Dolorosa, de un escultor nuevo, de su primera talla, cuerpo entero. Nos la ofrecen y decimos que sí.

Y ahí es donde empieza el debate de cómo procesionar a la Dolorosa y hacia dónde vamos, porque realmente la hermandad con la refundación tenía un debate abierto de una mejora.

Una vez planteado este debate sobre la mesa, les pregunto y me cuentan que lo tradicional en mi hermandad es el Santo Encuentro, que procesionaban por las calles del barrio el Nazareno y la Dolorosa y se acababan encontrando.

Aquí es donde yo propongo que sean mujeres las que lleven el paso pero no había en la hermandad. Insistí en darnos un tiempo hasta la Semana Santa -esto era en octubre, noviembre-, que ese año era a primeros de abril. Pero la Junta Directiva lo veía complicado.

¿Y cómo lo hicisteis?

Hicimos una campaña bestial donde vino la prensa, la radio, fuimos donde tuvimos que ir para que todo el mundo se enterara de que teníamos una Virgen que iba a ser portada por mujeres y que necesitábamos mujeres.

Ese primer año las mujeres no tenían que ser hermanas, no tenían que ser ni de Toledo, ¡para que te hagas una idea! Simplemente queríamos que la Virgen recuperara una tradición.

Necesitábamos 18 personas que fueron allegadas, amigas de la hermana de no sé quién, “no sé quién que es que carga en su pueblo y lo hace y no le importa venir”. Pusimos un mensaje en Instagram y también vino gente.

Eran mujeres de todas partes, de todos lados de provincia que tenían un fin y que algo les había llamado y les había hecho venir a aquí.

Además eres su capataz…

Yo dije: “Oye, pues si el Nazareno lleva un capataz hombre, pues la Virgen que lleve un capataz mujer”. Fue toda una responsabilidad porque nunca lo había hecho. Llevaba toda la vida viendo a mi padre serlo y he metido el hombro debajo de muchos sitios.

Pero…”Si aprende la cuadrilla aprendo yo, y aprendemos a la vez”. Y ahí fue como asumí ese rol de capataz un poco ofrecido, un poco aceptado y un poco también, pues, por verme reflejada en mi padre, en mi familia; en querer hacer de Toledo esa familia que yo tenía lejos.

¿Cuántas mujeres forman la cuadrilla? ¿Cómo os preparáis? ¿Desde cuándo empezáis a ensayar y cuántas horas dedicáis de preparación?
El primer año la cuadrilla la formaban 18 mujeres. Luego pasamos a ser 20. Y este año se realizan unas andas nuevas y se plantea que necesitamos que haya por lo menos 26 portadoras.A la llamada inicial acudieron 40, luego nos quedamos 38 mujeres y finalmente hemos sido 31.

Hemos ensayado durante tres meses todos los domingos, bastantes horas. Y han entregado no solo su tiempo de fin de semana y de su familia. Sino que han dedicado tiempo en casa, tiempo para poner un mercadillo, tiempo para hacer un concurso de torrijas…

Se han involucrado muchísimo ellas, y además han involucrado a otras mujeres familiares suyas que no pueden llevar a la Virgen pero que necesitaban aportar algo más a la hermandad.

Costaleras llevando el paso de La Dolorosa durante el Sábado de Pasión/ Imagen cedida

Hace poco saltaba una polémica en el municipio valenciano de Sagunto por la exclusión de las mujeres en esta tradición. Pero no es el único. En muchos lugares aún sigue siendo un ámbito de veto hacia la mujer. ¿Sientes que habéis tenido que demostrar más?

Realmente, sí que creo que las mujeres en Toledo en general, sí que han tenido que dar un paso adelante para asumir el rol de cargadoras. De hecho, a mí me pasan muchos ensayos. Tengo siete voces por encima de la mía, ellas tienen otras órdenes y hay veces que sí que te tienes que imponer un poquito, lo hagas mejor o peor, simplemente porque sí que se siente que es diferente.

Al final, tenemos unos escenarios personales muy diferentes a los de los chicos, pero yo me siento muy orgullosa de cada una de las personas que tengo en la cuadrilla. Este año he tenido hermanas, cuñadas, hijas que han traído sus madres, compañeras de trabajo, gente que ha venido sola a esta cuadrilla de mujeres y se ha hecho su hueco…

Al principio sí que la gente nos miraba como diciendo “son todas mujeres y la capataz también lo es”. En muchos sitios ya existen las cuadrillas mixtas. Llamamos la atención en Toledo porque hay hermandades exclusivamente masculinas o hermandades a las que tienes que entrar con casi cinco ascendentes por encima tuya de un tipo concreto de culto o similares.

Porque a la mujer le ha costado mucho entrar en el mundo cofrade, pero lo ha hecho por la puerta grande y creo que a día de hoy estamos casi en igualdad en muchísimas hermandades fuera de Toledo y que son ellas las que sacan adelante en muchísimos casos muchas hermandades.

¿Cómo percibes actualmente la Semana Santa de Toledo y qué cambios crees que serían necesarios para mejorarla?

La verdad es que la Semana Santa de Toledo la sigo viendo exactamente como la ciudad: amurallada y con puertas para entrar y salir donde hay que “pagar un peaje”. Ojalá se abriera un poquito más y que en esas puertas se deje pasar, se deje entrar y se deje hacer.

Porque creo que mejoraría muchísimo su Semana Santa. De hecho, hay grandes ejemplos de hermandades de Toledo que ahora mismo destacan por el número de hermanos, por la afluencia.

Y son hermandades que han dejado entrar y han dejado hacer. Donde todo es mixto y donde se valora el talento que cada uno de los hermanos aporta en la hermandad.

¿Qué significa para ti ser capataz de la Virgen de los Dolores?

Para mi ser capataz de la Virgen no es ser capataz de la Virgen. Yo voy delante pero podría ir en cualquier punto de las andas donde me tocara. Es una forma de sentirme útil, de rezar, de llevar mi fe y mi oración de otra forma, no de la forma que nos tienen impuesta.

Tengo la suerte de tener una cuadrilla maravillosa, que me ha demostrado que no solo somos los pies de la Virgen sino que, en los momentos más difíciles me está apoyando, ha reído conmigo y también ha llorado. Y eso tiene un valor incalculable. Ojalá la gente pudiera sentir lo que sienten mis portadoras cuando llevan a la Virgen.

Y me gustaría que todas las mujeres de Toledo, que no tiene porqué ser hermana de mi cofradía, si le apetece portar que venga, que pregunte y que se anime a venir a los ensayos.

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