Crónica teatral desde el Teatro de Rojas
El Teatro de Rojas ha coronado el ciclo Teatro y Danza en familia con un zasca teatral tan divertido como profundo: la representación de Bichitos, el espectáculo de Spasmo Teatro que llevó hasta el último asiento carcajadas, asombro y una enseñanza vital sobre nuestro planeta. Esta obra no fue simplemente una función más: fue una fiesta escénica que convirtió lo diminuto en épico y que elevó el teatro familiar a nuevas cotas de imaginación y fuerza expresiva.
Desde que el telón se alzó, el público, niños, niñas, madres, padres, abuelos, abuelas, quedó atrapado en un universo donde cada gesto, silencio y explosión cómica tenía un propósito. Bichitos no es un montaje convencional: es un documental teatral encarnado en escena, un viaje al corazón del micromundo de los invertebrados que nos rodean.
La compañía Spasmo Teatro, bajo la dirección de Ángel Calvente, desplegó con maestría un lenguaje escénico basado en el humor gestual y la expresividad pura, sin necesidad de palabras para crear situaciones que hicieron reír a carcajadas y reflexionar en voz alta.
Cinco intérpretes (Isaac Tapia, Vicente Martín, Álvaro Sánchez, José Gabriel Sánchez y la voz en off de José María del Río) ofrecieron performances vibrantes, llenas de ritmo, colorido y una presencia física que convirtió a la escena en una obra viva, palpitante, capaz de hacer que cada miembro de la audiencia se sintiera protagonista del relato.
Lo que hace verdaderamente brillante a Bichitos es su capacidad para enseñar sin sermonear. En un formato fresco y cómico, el espectáculo invita a mirar el mundo desde abajo, desde las hormigas, los escarabajos, los pequeños habitantes que suelen pasar desapercibidos, para recordarnos que hay más clases de “bichitos” en el mundo que de cualquier otro ser viviente, y que su papel en los ecosistemas es esencial.
La obra instala un mensaje ecológico potente sin caer en didactismos que aburren. Al contrario: se ríe mientras sensibiliza, se emociona mientras educa, y se aprende mientras se disfruta de uno de los lenguajes más puros del teatro: el del cuerpo, la imagen, el ritmo y la sorpresa constante.
El humor gestual es el alma de Bichitos. Es un arte que rompe barreras de edad, idioma y expectativas, haciendo que cada gesto, cada caída, cada cambio de ritmo en escena active la risa, la complicidad y la reflexión. Este tipo de teatro exige precisión, valentía y un compromiso total con el cuerpo y el instante, y Spasmo Teatro lo ejecuta con una energía desbordante que contagió a toda la sala.
La compañía, con más de dos décadas de trayectoria, ha construido un estilo inconfundible donde la narración no se apoya en el texto, sino en la dinámica de las acciones, la expresividad física y la creatividad sin límites. El público toledano pudo comprobar que este teatro gestual no es un recurso, es una fuerza escénica que arrolla con su intensidad y su capacidad de sorpresa.
La resonancia de Bichitos en el Teatro de Rojas fue apabullante. Carcajadas en cada escena, miradas asombradas en cada gesto y ovaciones que retumbaron al caer el telón: así respondió una audiencia que no solo se rió, sino que se llevó consigo una mirada nueva sobre el mundo que nos rodea.
Niños y niñas salieron comentando, imitando insectos, preguntando por los ecosistemas, mientras los adultos sonreían por dentro: Bichitos había logrado ese milagro escénico que pocos espectáculos consiguen, conectar profundamente con la imaginación y la conciencia de quien lo ve.
Este espectáculo es más que entretenimiento: es un acto de amor por la vida y por el teatro familiar como espacio de encuentro, aprendizaje y celebración. Spasmo Teatro ha llevado a escena algo que reverbera después de salir de la sala: el reconocimiento de nuestra interdependencia con cada ser vivo, por diminuto que sea.
La técnica depurada, la puesta en escena vibrante y el pulso narrativo hacen de Bichitos una obra que no solo divierte, sino que inspira, cuestiona y transforma. En un tiempo donde la conciencia medioambiental es urgente, esta obra familiar funciona como un espejo teatral que nos devuelve la pregunta más esencial: ¿cómo miramos el mundo?
Bichitos se despide del escenario, pero no se va. Se queda latiendo en las preguntas de los niños, en las conversaciones de camino a casa, en las miradas que ahora se detienen un poco más en el suelo, en una hoja, en un insecto diminuto que antes pasaba desapercibido. Porque el verdadero triunfo de esta obra no está solo en los aplausos finales, sino en la semilla que deja plantada: la de una infancia que aprende a observar, a respetar y a comprender el mundo desde la curiosidad y el asombro.
Con esta función, el Teatro de Rojas cierra su ciclo de Teatro y Danza en familia, pero abre una puerta. Una puerta hacia nuevas historias, nuevos lenguajes escénicos y nuevas formas de acompañar a los más pequeños en ese aprendizaje esencial que solo el teatro sabe ofrecer: mirar la realidad con otros ojos. O, mejor dicho, con los ojos de la infancia, esos que no juzgan, que preguntan, que se maravillan y que todavía creen que todo puede cambiar.
El telón baja, sí, pero queda la espera. La próxima temporada ya asoma, cargada de promesas, de encuentros futuros y de nuevas aventuras escénicas que seguirán construyendo comunidad, pensamiento y emoción compartida. Porque el teatro, cuando camina de la mano de la infancia, no solo forma espectadores: forma ciudadanos más conscientes, más sensibles y más humanos.
Y mientras llega ese nuevo comienzo, Bichitos nos recuerda algo esencial: que quizá el mundo no necesita ser más grande, sino mirado más de cerca. Que tal vez el cambio empiece ahí, en aprender a vivir, a comprender y a cuidar desde lo pequeño. Desde el teatro. Desde los niños. Desde ese lugar donde todo está todavía por imaginar.












