Ana, Feliciana y Micaela, las hermanas de Toledo que conquistaron el teatro del Siglo de Oro

"Son de extremado parecer: representan, cantan, tocan y bailan, y tienen todas las partes necesarias de graciosidad que hoy se hallan en grado excelente y superior, así de describía a ‘Las Tinientas’,

Ana, Feliciana y Micaela Andrade. Hermanas y actrices. Y emprendedoras. El teatro español del Siglo de Oro las admiró y las disfrutó. Se convirtieron en las intérpretes más famosas de la época. Y eran toledanas.

Sus caminos comenzaron en el Mesón de la Fruta, el actual Teatro de Rojas, -que cumple justo ahora 450 años- y el 4 de abril de 1657 fue la primera vez que se tiene noticias de ellas. “El marqués de Eliche ha traído de Toledo a Madrid para festejar al Rey tres hermanas que llaman las Tinientas, por serlo del teniente cura de la [iglesia de la] Magdalena de aquella ciudad", comunicaba el destacado escritor, dramaturgo y protoperiodista granadino del Siglo de Oro, Jerónimo de Barrionuevo.

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"Son de extremado parecer: representan, cantan, tocan y bailan, y tienen todas las partes necesarias de graciosidad que hoy se hallan en grado excelente y superior. Tiénelas en una casa muy regalada, dándoles cada día para su plato cincuenta reales y un vestido riquísimo el primer día que las viere y oyere el Rey, y para el Corpus otro, y todo cuanto desean y piden por su boca, y de verdad, que según se dice, lo merecen, por ser únicas y generales en todo género de festejo”.

Únicas y generales. Así se describía fuera de Toledo a las que ya eran famosas en la ciudad. "Las Tinientas" -o "Las Toledanas", como también se las conocía- adquirieron tanta fama, que Gaspar de Haro y Guzmán -marqués de Eliche, alcaide de los Reales Sitios con Felipe IV y el mayor promotor del teatro- se las llevó a Madrid.

En la época, el día del Corpus se celebraba de manera muy diferente a lo que ahora se acostumbra. Antes, el teatro era fundamental en esta fiesta, y gracias a eso se conocen el nombre de más actrices toledanas famosas del Siglo de Oro.

Muchas compañías de teatro contrataban actrices específicas, las más famosas, y se quedaba firmado por los empresarios que la contratación de la compañía que fuera se hacía sólo y exclusivamente si iba cierta actriz.

En el año 1651, por ejemplo, el administrador del Mesón de la fruta de Toledo contrató a la agrupación de Sebastián de Prado y acordó que era imprescindible que en la compañía no faltase bajo ningún concepto la actriz Juana de Cisneros.

De esta manera, se firmó el contrato con el empresario pero dejando bien explícito que “en la dicha compañía irá a hacer las dichas treinta representaciones Juana de Cisneros, primera dama de ella”.

La vida de 'Las Tinientas' en Madrid

Ana, Feliciana y Micaela abandonaron Toledo y el Mesón de la Fruta y llegaron a Madrid de la mano del marqués de Eliche, entrando en varias compañías de primera categoría como la de Osorio. En Madrid no sólo maduraron sino que se establecieron económica y familiarmente.

Ana se casó con el empresario Félix Pascual y se mantuvo activa girando por España hasta al menos 1690, representando en distintas compañías obras de Calderón y de Antonio Solís o Agustín Moreto entre otros.

Feliciana falleció más joven hacia 1682, y representó en Valencia y Madrid junto a otras mujeres empresarias del teatro como Fabiana Laura, autora también de algunas obras.

La última hermana, Micaela, también formó parte de la compañía de Osorio y en este caso se dice que fue "célebre música, por cuya habilidad a ella y a sus hermanas las trajo de Toledo el marqués de Eliche para entrar en las fiestas reales".

Tal vez resulte curioso que en la época se encontraran mujeres empresarias en el mundo del teatro. Y que hubiera mujeres tocando instrumentos de música en grandes representaciones, como en las de Calderón de la Barca. Pero sí. Ya existían y eran toledanas.

Mujeres empresarias en el teatro del Siglo de Oro

Hubo mujeres que se salían de los modelos establecidos y se resistían a ser obedientes, poco estudiosas o supeditadas a sus maridos. También existía otra realidad.

María Bezón, conocida como 'La Bezona', era artista y empresaria y no la única de su tiempo. Este es otro ejemplo de mujeres de finales del siglo XVII que se desmarcaba de lo establecido. La historiadora y profesora universitaria madrileña, Carmen Sanz Ayán, cuenta este y otros muchos casos de mujeres empresarias de la época a través de su libro Cruzando la raya estrecha de la aguja y la almohadilla.

La mayoría se encontraban en el sector del comercio, el teatro y los libros. "Resulta más fácil detectar la presencia de mujeres en el negocio teatral -por el importante papel que desempeñaban en esas estructuras empresariales-. Algo parecido ocurre con las libreras que dejan testimonio del trabajo que desarrollaron tanto en las portadas de los libros como, a veces, en las dedicatorias. Por eso es más fácil encontrar sus huellas en esos ámbitos", explica Sanz.

¿Quién era el marqués de Eliche?

Una de las figuras clave en la vida de las protagonistas de estas líneas -'Las Tinientas' o 'Las Toledanas'- fue Gaspar de Haro y Guzmán, conde-duque de Olivares, marqués del Carpio, marqués de Eliche.

Como se ha escrito en párrafos anteriores a este, era considerado el mayor promotor del teatro, pionero de las primeras óperas en España y dando forma a los orígenes de lo que luego sería la zarzuela.

Pero también destacaba por ser un vividor, libertino, feo; heredero de un linaje de poderosos políticos y uno de los personajes más locos de aquellos años. Si los historiadores de ahora confían en lo que se escribía de él entonces, contarán que atraía a las mujeres no por su aspecto sino por su poder político, talante, presencia y labia.

Eliche inventó una nueva etapa en el teatro cortesano, concebido ya como un espectáculo total en el que se integran todas las artes; un tipo de teatro que hará una fuerte competencia a los corrales públicos y que en la segunda mitad del siglo entran en una crisis imparable hasta su desaparición en el siglo XVIII.

Retrato de Gaspar de Haro, VII marqués del Carpio, hacia 1660. Grabado de Arnold van Westerhout, Biblioteca Nacional de España

Llevó el teatro barroco a su máxima expresión, y para eso contó con los mejores: trajo de Italia a escenógrafos como Baccio del Bianco, contó con textos directos de quien en esos años era el mayor dramaturgo, Calderón de la Barca (que terminaría décadas después retirado en Toledo y siendo Capellán de una capilla de la Catedral, junto al teatro en el que se representaban sus obras: la Capilla de los Reyes Nuevos).

Y también con las mejores actrices: 'Las Tinientas' o 'Las Toledanas', entre otras. Ellas formaron parte de ese contexto promovido por Eliche en el que el teatro Barroco español tocaba techo y abría nuevos caminos que luego serían las zarzuelas y las óperas.

El marqués también fue acusado de querer matar al rey en una conjura falsa contra él. Precisamente para quitarle ese puesto de alcaide con el que divertía al rey y a la corte promoviendo obras de teatro en el Casón del Buen Retiro, en Aranjuez y en los palacios del rey.

Uno de los cronistas más famosos de aquellos tiempos -también mencionado anteriormente-, Jerónimo de Barrionuevo, lo definía como “un gran inventor de tramoyas y de dar gusto al rey” porque Eliche se dedicó en cuerpo y alma a desarrollar y engrandecer el teatro.

Y su dinero le costó y también sus enemigos. En 1662 varios nobles conjuraron contra él acusándole de querer asesinar al rey y a su familia provocando un incendio, y esto acabó con su carrera cortesana, obligándole a marchar a la guerra, a ser capturado durante años y finalmente a ser enviado como embajador a Roma y Virrey en Nápoles, donde murió en 1687, alejado completamente de la corte y caído en desgracia.

Lugar de enterramiento del marqués de Eliche en la iglesia del Carmine, en Nápoles/Imagen cedida

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